Marzo 3 , 2010
CONIC. Marzo 2010.
Este marzo se cumplen 7 años de los sucesos conocidos como la Primavera Negra. Entre los días 18 y 20 de este mes, pero del ya lejano años 2003, el régimen cubano procedió al arresto de 75 personas vinculadas a actividades políticas, sindicales e intelectuales en pro de la democracia.
Las desproporcionadas condenas y el trato cruel, inhumano y degradante recibido en el largo período de encarcelamiento ha desembocado en afectaciones a la salud (en el plano físico o psicológico) tanto para los reos como para sus familiares, en no pocas ocasiones, también tratados de manera humillante por las autoridades penitenciarias.
El gobierno no da ninguna señal de respetar las reglas internacionales en cuanto al tratamiento a reclusos. Se mantienen las agresiones físicas y verbales por parte de los carceleros y la posibilidad de ser atacados por reos comunes de alta peligrosidad, muchas veces azuzados contra los prisioneros de conciencia, para escarmentarlos.
En esta larga lista de presos de la Causa de los 75 (aún quedan 54 tras las rejas), se encuentran 5 sindicalistas que presentan diversas enfermedades, causadas por la mala alimentación, los altos niveles de humedad, el stress y otros elementos comunes del sistema penitenciario de la dictadura.
La salud de los 5 sindicalistas pudiera erosionarse aún más, a causa de la indiferencia del gobierno ante los reclamos, tanto de los reos como de sus familiares, para que se cumpla con lo establecido en los pactos internacionales en materia penitenciaria de los cuales el gobierno cubano es signatario.
No existe el menor indicador de voluntad por parte del régimen en acceder a algo que debería, a estas alturas, estar resuelto.
De acuerdo a la realidad, habría que pensar en una actitud condicionada por el odio y la maldad en sus versiones más truculentas, contra las personas que en este caso se atrevieron a pedir la libertad sindical y otros derechos inherentes al sector obrero.
Sin dudas, para el gobierno de partido único siguen siendo “contrarrevolucionarios” que hay que aniquilar lentamente tras los muros de las cárceles, donde cumplen las condenas dictadas por un tribunal que pasó por alto el cumplimiento de las debidas garantías procesales.
De dilatarse la liberación incondicional de estos 5 sindicalistas y otros luchadores por la democratización de país, estarían aumentando los riesgos de adquirir nuevas enfermedades o el agravamiento de las que padecen.
Son decenas los motivos para ser pesimista. La situación hacia el interior de las cárceles en Cuba tiende a degradarse mucho más. Esto debería ser el acicate para darle mayor volumen a las alarmas. Los principales objetivos para el exterminio tienen nombre. Todos son presos políticos o de conciencia.