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LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LAS EMPRESAS* Autor: Dr. Emetrio Gómez Capítulo I: El
marco general 1 Las buenas noticias. Sin duda, el aspecto más importante, el referente último, de cualquier marco general dentro del cual pretendamos analizar la Responsabilidad Social de la Empresa capitalista en el mundo actual, tiene que ser la Caída del Muro de Berlín y el subsecuente desmoronamiento del Comunismo. Es decir, la derrota aplastante de ésta visión utópica de la sociedad, del Ser Humano, de la política y de la ética, a manos del Capitalismo; el triunfo radical de la democracia, el Estado de Derecho, la sociedad libre, la Economía de Mercado, la libertad individual, la iniciativa privada y la autonomía de la conciencia; todo el conjunto de complejos elementos que a lo largo de 3.000 años, desde la fundación de Jerusalén -y pasando por la gloriosa Atenas del Siglo V a.C.- permitieron construir la Civilización Occidental. 1.1 No hay alternativas para la Economía de Mercado. Con el desmoronamiento del Comunismo, con la derrota pacífica pero estruendosa de la Unión Soviética y del resto de los países socialistas, dos cosas quedaban perfectamente claras, dos caras de la misma moneda: la radical inviabilidad de la utopía ilusa que Marx, Lenin, Stalin, Mao y Fidel Castro intentaron imponerle a la Humanidad; y, en contrapartida, la ratificación contundente de la Economía de Mercado, la Democracia, el Estado de Derecho y la Ética de la libertad individual, como el único sistema que -dadas las profundas limitaciones del Ser Humano- puede intentar superar dichas limitaciones. La inviabilidad del Comunismo y la no existencia de alternativas izquierdistas ante él -a pesar de todos los esfuerzos teóricos y prácticos que entre 1848 y 1989 se hicieron- ratificaba plenamente la vigencia del Capitalismo. Circunstancia esta que obliga a pensar forzosamente en la Responsabilidad Social de las Empresas (RSE). Porque si queremos mejorar la sociedad que tenemos no nos queda otro camino que humanizar el Capitalismo y, en ese caso, ellas pasan a jugar un papel decisivo. Pero, paradójicamente, la prueba más contundente de ambas cosas -de la inviabilidad de la utopía comunista y de la ratificación del Capitalismo como única salida- no es tanto el desmoronamiento de la Unión Soviética, sino el sostenimiento del otro gigante del totalitarismo marxista, la China Comunista; la misma China de la sangrienta y criminal revolución cultural de Mao. Hace 25 años, cuando en Moscú se iniciaba la Perestroika, es decir, el desmontaje del totalitarismo soviético, en China se reforzaba y consolidaba el poder del Estado. Consolidación ésta que se puso de manifiesto en la inaudita masacre de la Plaza de Tianamén. Pero -sorpresas te da la vida- el reforzamiento del Estado ¡no se estaba produciendo ya para impulsar al Comunismo! Con la muerte de Mao y la derrota de la “Banda de los Cuatro” -sus seguidores más fanáticos, entre ellos su esposa-, China comunista inicia un sorpresivo giro hacia el Capitalismo, hacia la Economía de Mercado. Un proceso que en estos 25 años no ha tendido sino a profundizarse. Tanto la inviabilidad del Comunismo como la otra cara de la moneda, la ratificación del Capitalismo como única salida, recibieron desde Pekín el visto bueno final. Pero si alguna reconfirmación adicional faltase, en pleno corazón de la Civilización Occidental, en el indudable lugar de origen del mercado, en Inglaterra; y en un pequeño país del Tercer Mundo, Chile; dos hechos profundamente similares reforzaron ese proceso de ratificación del Capitalismo como única salida. En Inglaterra, después de Margaret Tatcher, símbolo universal del Neoliberalismo mas extremo, un Gobierno laborista mantuvo y reforzó lo esencial de la Economía de Mercado que el Capitalismo “salvaje” de la Tatcher había instaurado. Un poco más tarde, en Chile, la historia se repitió en condiciones extrañamente similares: a la caída de Pinochet -la máxima expresión del Neoliberalismo en el Tercer Mundo-, un Gobierno demócratacristiano, en coalición con los socialistas, comprometidos todos con la defensa de las reivindicaciones sociales de los mas pobres, mantuvo, igual que los laboristas en Inglaterra, lo esencial del modelo de Economía de Mercado. 1.2 ¿Era de verdad el “Fin de la Historia”? Poco después de la caída del Muro de Berlín, Francis Fukuyama (a la sazón funcionario del Pentágono), escribió un ensayo que lo catapultó a la fama. Dicho ensayo, convertido después en libro, se llamó El fin de la historia; y en el coexistían una gran verdad y una gran mentira. La gran verdad era que el desmoronamiento o desmantelamiento del Comunismo, al poner en evidencia que este modelo de sociedad había sido mas bien una aberración, permitiría retomar el curso del desarrollo incontenible del Capitalismo, su conversión en el sistema económico dominante en todo el planeta; un proceso que en los países de la esfera soviética tan solo se había interrumpido por 72 años, entre 1917 y 1989. Desmantelado el Comunismo y sin que hubiese aparecido ninguna propuesta de sociedad alternativa a la Economía de Mercado, no parecía haber obstáculo alguno a la implantación de ésta a nivel mundial. La gran mentira era, obviamente, que el Capitalismo hubiese llegado a su fase terminal; y, mucho menos, más absurdo todavía, que él fuese la etapa final de la historia de la Humanidad. Pero detengámonos un rato en el planteamiento de El fin de la Historia, porque de él podemos extraer algunos otros elementos esenciales para enmarcar la Responsabilidad Social de las Empresas (RSE). La idea central de dicho ensayo no es originalmente de Fukuyama, tal como él mismo lo señala, sino de Hegel, importantísimo filósofo alemán de principios del siglo XIX. Según éste, para esos años posteriores a la Revolución Francesa, la Civilización Occidental y, más concretamente, la cultura europea, habría logrado generar un modelo de sociedad que podía considerarse acabado, inmejorable. Un modelo cuya superación parecía, o al menos le parecía a él, a Hegel, imposible. El gran filósofo germano no tenía en 1807 -cuando publica su obra cumbre La Fenomenología del Espíritu- ninguna posibilidad de imaginar o anticipar el auge que llegaría a tener la utopía socialista. La misma que exactamente 40 años más tarde emergería con el Manifiesto Comunista de Marx. ¡Utopía que pretendía -ella sí- ser la etapa final, la culminación de la historia de la Humanidad! Cuando Fukuyama escribe su ensayo en 1990, está suponiendo ingenuamente que Hegel habría tenido razón, sólo que con unos 180 años de retraso: en 1807 la sociedad capitalista habría llegado ya a su forma plenamente desarrollada, a su versión acabada o final, ¡pero faltaba superar la aberración comunista! En 1989, en cambio, aplastada la Unión Soviética, no quedaba sino implantar el Capitalismo en la totalidad del planeta. Tarea esta que sería completada por el proceso de globalización ya en curso. Ahora bien, independientemente de cuan ilusa, irreal o desproporcionada, pueda resultar esta idea del fin de la historia -en Hegel o en Fukuyama-, ella es un magnifico pretexto para desarrollar un esquema que nos parece esencial a los fines de comprender la idea de la RSE y su relación con el resurgimiento del Comunismo en América Latina. Y ese esquema que nos parece esencial atañe a las nociones básicas, a los componentes esenciales, del modelo de sociedad que ciertamente para principios del siglo XIX, la Civilización Occidental había ya logrado plasmar. Un conjunto de nociones y componentes -y un modelo de sociedad, en su versión incipiente- sobre el cual es necesario reflexionar mucho, si se quiere abordar con propiedad la mencionada y crucial confrontación entre la RSE y el auge creciente del totalitarismo neocumunista en el Tercer Mundo. 1.3 El modelo de Sociedad Libre, Democrática y de Mercado. Versión Siglo XVIII. Cualquier esfuerzo por encontrarle salidas a la sociedad capitalista actual -salidas que no parecen muy ostensibles, ni van a ser fáciles- deberá arrancar, como ya dijimos, del modelo que dicha sociedad asumió y desarrolló en los siglos que van del XVI al XVIII. Dicho modelo se resume en cuatro componentes que, bien articulados, permitieron constituir, y construir, una noción o propuesta de sociedad -ética, espiritual, tecnológica, económica, política y jurídicamente- muy superior a todas las que la Humanidad, en cualquier parte del mundo, hubiese podido desarrollar hasta ese momento. ¡Y hasta el sol de hoy! Esos cuatros componentes fueron: 1) en la esfera de lo económico, el Mercado; 2) en la esfera de lo político, la Democracia; 3) en la de lo jurídico, los Derechos Civiles y Políticos del Ciudadano; y 4) lo mas importante, lo realmente importante, en la esfera de la moral, la Igualdad y la Libertad; la libertad en general, pero mas concretamente la libertad individual, la responsabilidad individual y, fundando todo ello la Autonomía de la Conciencia. Cuatro esferas todas ellas profundamente imbricadas, fundidas más bien entre sí hasta constituir un todo orgánico, ¡una sociedad libre y democrática! 1.3.1 El Mercado. En el plano de la economía, la propiedad privada, la competencia, el afán de incrementar las ganancias y el libre intercambio de bienes y servicios eran capaces de garantizar, de servirle de piso, a las fortalezas esenciales de dicho modelo de sociedad. La competencia y el férreo afán de maximizar la tasa de la ganancia, eran el motor propulsor encargado de estimular poderosamente el desarrollo tecnológico, la productividad y la reducción de los costos. El libre acceso a competir en los mercados, era capaz también de imponer que los precios de venta se mantuvieran cercanos o adosados a los costos de producción, ¡garantizando así un mínimo de equidad en la distribución de la riqueza! Pero -lo más importante- todo ese proceso centrado en el libre acceso a los mercados, la competencia y el desarrollo tecnológico, convertían al Capitalismo en una maquinaria capaz de generar riqueza en forma masiva e incontenible ¡La Humanidad disponía por primera vez de un Modelo Económico capaz de afrontar con éxito la superación de la pobreza! O, al menos, capaz de generar una masa de bienes y servicios lo suficientemente grande como para intentarlo. Posibilidad esta que Adam Smith resumió magistralmente señalando que el “obrero mas pobre de Glasgow vivía mejor que el príncipe mas rico del centro de África”. El libre intercambio, tanto de bienes finales como de factores productivos -de mercancías y de fuerza de trabajo-, garantizaba por su parte que la igualdad y la equidad entre los seres humanos fuesen las máximas posibles, ¡¡dados los profundos niveles de desigualdad que tanto la naturaleza como la sociedad imponían entre los hombres!! Cuando un ser humano intercambia libremente cualquier bien que posee -sea dinero a cambio de un bien o su fuerza de trabajo a cambio de dinero- podemos legítimamente suponer que, aun cuando los valores de cambio de ambas mercancías son automáticamente equivalentes, el valor de uso que él recibe será por definición superior, o al menos igual, al valor de uso que entrega. Porque si no fuese así, no tendría para él ningún sentido o motivación el intercambio. Argumento o razonamiento este que vale exactamente igual para el otro intercambiante. Y que es la poderosa plataforma última que le sirve de fundamento ético a la Economía de Mercado: siempre que dos seres humanos intercambien bienes o fuerza de trabajo de manera rigurosamente libre, es evidente que ambos ganan en el intercambio; es obvio que lo que cada uno de ellos cede o entrega tendrá para él una valoración (de uso) inferior a la valoración que él hace de aquello que recibe o desea obtener. Gracias a lo cual el mercado se convierte en un proceso masivo de ese tipo de relaciones humanas que en los últimos tiempos han sido adecuadamente recogidas por la expresión “ganar-ganar”. Sobre estos dos elementos -la competencia, el afán de maximizar las ganancias y el poderoso estímulo que ello le genera al desarrollo tecnológico, por un lado; y el libre intercambio de bienes, servicios, factores de producción y, muy en particular, fuerza de trabajo, por el otro- sobre estos dos elementos, decíamos, se constituye la incuestionada e inigualable capacidad del Capitalismo para incrementar la riqueza y, en consecuencia, para hacerle frente a la pobreza. Ante la profunda crisis que hoy vive dicho modelo, frente a la necesidad imperiosa de introducirle cambios profundos -cambios en su núcleo esencial que permitan impulsar la RSE, única forma de hacerle frente al Neocomunismo en el Tercer Mundo-; frente a esta necesidad de repensar al Capitalismo, es imprescindible tener una absoluta claridad acerca del forzoso mantenimiento y más bien reforzamiento de dichos dos elementos. Porque son ellos los que, en ultima instancia, definen la nítida superioridad de la Economía de Mercado sobre cualquier otro modelo de sociedad. Porque fue eso, exactamente, lo que permitió derrotar de manera incontrovertible al Comunismo. 1.3.2 La Democracia. El segundo de los 4 componentes básicos que en el siglo XVIII formuló la Civilización Occidental, fue la Democracia: la posibilidad de constituir el Estado y el poder político, no a partir de un sector social particular, no a partir de una élite militar, teocrática, religiosa, oligárquica o plutocrática, sino a partir de la totalidad de la sociedad. El salto que se dio Occidente al sustituir por la Democracia a todas las otras formas de constitución del Estado que hasta el Siglo XVII habían existido, fue formidable. Y más formidable aún es la diferencia con todas las formas de sociedad que hasta ese momento -y aún hoy- se conocen y se practican fuera de Occidente. La defensa firme y férrea de nuestra Civilización, que ya en el terreno de la Economía de Mercado estaría justificada, en el terreno de la política y la democracia se torna entusiasta. Porque el modelo democrático es, antes que nada, la Igualdad entre los seres humanos, un valor moral que -junto con la Libertad- está en las bases constitutivas más profundas del Capitalismo. Pero en el siglo XVIII, la Democracia es en Europa lo que -con toda razón- el marxismo y en general la izquierda, bautizaron con el remoquete de “Democracia Burguesa”; un régimen en el cual sólo tenían presencia política, ¡sólo votaban! sólo eran “iguales”, los propietarios, los burgueses. Tratábase del voto sensitario. Un sistema lamentable que perduró en Europa hasta bien entrado el siglo XIX y aún en el XX. Un rezago bochornoso que se entiende mejor conociendo su antítesis: la descripción que de la Democracia en América hace Alexis de Tocqueville a principios del siglo XIX. El entusiasmo desbordado de este pensador francés al contemplar lo que estaba ocurriendo en los Estados Unidos, permite suponer la extrema lentitud con la que la libertad y la igualdad se desarrollaron en Europa. En otras palabras, en los siglos XVIII y XIX la democracia -fuera de Norteamérica- fue apenas ¡la idea de la Democracia! La convicción de la necesidad de impulsarla. Y así ocurrió precisamente. En los dos siglos que han transcurrido desde la Revolución Francesa, la Civilización Occidental no ha hecho sino profundizar la noción y la concreción de la Democracia. La incorporación de los no propietarios, de los analfabetas, las mujeres, las minorías de todo tipo, la minimización de la segregación racial y multitud de otros procesos; todo ello -aunado a la complementación de los derechos civiles y políticos con los derechos sociales, humanos y ecológicos- ha hecho de la Democracia un pilar cada vez más vital para la construcción de una sociedad espiritualmente superior. Lamentable, o afortunadamente, en ese terreno de la ampliación de la Democracia es mucho lo que falta por hacer. Específicamente en el Tercer Mundo -pero también en el Primero-, en cuanto a la incorporación real de las inmensas masas de pobres, desposeídos y excluidos, no sólo a la vida democrática, sino también a la sociedad, a la vida moral. ¡¡A la superación de la animalidad!! Una necesidad y una realidad con la cual entra en contacto directo y de la cual dependerá en el futuro la posibilidad de impulsar la RSE y, por supuesto, la posibilidad de enfrentar al Neocomunismo. 1.3.3 El Derecho. El tercer componente constitutivo del proyecto de sociedad libre del siglo XVIII, el que atañe a la esfera de lo jurídico, fueron los derechos civiles y políticos del ciudadano. La defensa o protección de los seres humanos, frente al poder omnipotente que sobre ellos -y a todo lo largo de la historia de la Humanidad- había detentado y ejercido el Estado. La limitación de dicho poder para abrirle espacio a los derechos del hombre -es decir, ¡para abrirle espacio a la libertad individual!- es tal vez el mas poderoso de estos 4 componentes que le han permitido a la Civilización Occidental postular un modelo de sociedad radicalmente distinto -y radicalmente superior- a todo lo que el propio Occidente o cualquier otra Civilización, hubiesen logrado desarrollar. El Derecho Romano había sido, por supuesto, uno de los constituyentes esenciales de nuestra cultura. Pero en la Roma Imperial las nociones de individuo y de libertad individual -simplemente- no existían todavía. Como no existía tampoco la noción de conciencia de sí mismo. Y mucho menos, obviamente, la posibilidad de que el individuo pudiese reivindicar sus derechos frente al Estado; de que los poderes ilimitados de éste pudiesen ser restringidos para abrirle espacio a los derechos de aquél. Al final de un proceso de 6 u 8 mil años, es decir, a todo lo largo de la historia de Occidente, en la cual el dominio del Estado sobre el Ser Humano fue absoluto, en esas condiciones, la Declaración Universal de los Derechos del Ciudadano le abrió el camino a una sociedad realmente superior. Pero en el plano jurídico se repite la historia de la esfera de lo político. En el siglo XVIII -y, sobre todo, en Europa- la reivindicación del individuo frente al Estado, no podía ser sino una idea, un proyecto maravilloso. Faltaban todavía 100 años para que en la propia patria de la Revolución Francesa se diera el caso Dreyfus que marcó un hito en la confrontación del individuo con el Estado. 1.3.4 La Ética. El fundamento trascendente de los 3 componentes anteriores, el piso sobre el cual se constituyen el intercambio libre de bienes y servicios, la democracia y el derecho es, sin duda, la Autonomía de la Conciencia Individual, la posibilidad de que el Ser Humano se constituya moralmente a partir de sí mismo. O a partir de fundamentos espirituales trascendentes que operen a través de su conciencia individual. Todo lo cual constituye, la esfera de la ética o la moral. A lo largo de aquellos 6 u 8 mil años de historia -y mucho antes- hasta entroncar con sus orígenes más primitivos, el Ser Humano se había constituido a partir de muy diversas instancias o esferas: el cosmos, la naturaleza, la religión, la mitología, el sol y cuanta cosa apareciese en el firmamento, las mareas, la magia, el Estado, la sociedad, la razón, Dios, la polis -la primacía de la ciudad sobre el individuo en la Grecia Clásica-, etc. En todos esos casos el individuo se constituía a partir de esferas o instancias exteriores a él. ¡¡En el siglo XVIII, por primera vez se intenta constituirlo a partir de sí mismo, a partir de su conciencia!! de la posibilidad que tenemos de encontrar en nuestro propio espíritu, en nuestra subjetividad, el fundamento para nuestras acciones. 1.4.- Conclusión: Sobre estas 4 patas la Civilización Occidental logró construir un modelo de sociedad que no era “el fin de la historia”, la fase definitiva de la evolución de la Humanidad, pero que sí era muy superior a cualquier otra alternativa que hasta el siglo XVIII -y hasta hoy- el hombre haya podido ensayar, o imaginarse siquiera. Para avalarlo, allí está el fracaso estruendoso del Comunismo y de todas sus variantes -el socialismo, el cooperativismo socialista, el estatismo, el colectivismo, las comunas, los koljoces y sovjoces, el anarquismo y, en el futuro, el neocomunismo. La conclusión básica que hoy podemos extraer, y la pregunta esencial que debemos hacernos, sobre todo, a los fines de abordar el problema de la Responsabilidad Social de la Empresa, es si para enfrentar los inmensos retos que tenemos por delante -la superación de la pobreza, la sobrepoblación, la restringida calidad de vida y de trabajo de quienes producen, la contaminación, la destrucción ecológica y la secuela inevitable de todo ello, el relanzamiento del Comunismo en el Tercer Mundo- si para enfrentar estos inmensos problemas, bastará con hacerle reformas al modelo capitalista de sociedad; reformas que de todas maneras se han venido haciendo en estos intensos 200 años que nos separan del siglo XVIII; o si será necesaria, por el contrario, una modificación sustancial, una cirugía mayor, una transformación de los fundamentos mismos del Modelo. Nosotros pensamos que se trata de lo primero… y de lo segundo. Para poder desarrollar la RSE, hay que introducir reformas en la concepción básica de la Economía de Mercado o de la Sociedad Capitalista. No se trata de sustituirla por una distinta, entre otras cosas porque esas alternativas no existen. Simplemente de lo único de lo que disponemos es de “lo que hay”. Pero es forzoso introducirle al Capitalismo reformas profundas que atañen al restringido papel que hasta ahora ha jugado la ética en la constitución de dicha sociedad. 2 Las malas noticias. 2.1 No le pidas al panadero ni al cervecero... La mala noticia fundamental para el Capitalismo, no tiene mucho que ver con él, aunque brota de sus propias entrañas. Porque atañe al Ser Humano en general, emana de lo más profundo del Espíritu: es el egoísmo radical del hombre; la miseria humana, la porquería que nos socava el alma. La primacía incuestionable de los intereses sobre los valores morales. El peso que la Animalidad ejerce sobre el Espíritu. Una limitación que no es exclusiva del Capitalismo, sino que ha afectado y afectará con la misma fuerza a cualquier modelo de sociedad que pretenda sustituirlo. ¡Incluido el Comunismo! Es la necesidad de mejorar un poco al hombre viejo, en lugar soñar utópicamente con el “hombre nuevo”. Una ilusión a la que sólo se puede acceder desde el Totalitarismo… y cuando no se ha entendido nada. La ciencia económica se fundó precisamente sobre el piso -y bajo el peso- sólido del egoísmo. No por casualidad se la llamó en sus inicios, la “ciencia lúgubre”; the dismail science, en su idioma inglés original. Una disciplina centrada, no sobre los sentimientos éticos más nobles, sino sobre las necesidades materiales -las emociones y las pasiones- más apremiantes. Disyuntiva esta que Adam Smith, fundador de dicha ciencia, logró plasmar en un pensamiento poderoso y ya clásico: “No le pidas al panadero ni al cervecero que produzcan pan y cerveza para satisfacer las necesidades de la sociedad, pídeles que produzcan para incrementar su ganancia y su propia riqueza”. Detrás del egoísmo y de la defensa acérrima de los intereses personales y el bienestar familiar, está por supuesto la categoría esencial de la economía: la escasez. El uso racional de los recursos escasos. Un proceso que es capaz de imponerse de manera contundente a cualquier valoración ética o moral que pretendamos insertar en el proceso económico o inculcar en la conciencia de los empresarios… de los trabajadores, los inversionistas y los ahorristas. ¡De todos los seres humanos! Cualquier esfuerzo por promocionar o desarrollar la RSE, debe empezar por reconocer la profunda restricción que a dichos fines comportan la racionalidad económica, el afán incontrolable de maximizar la tasa de la ganancia y el egoísmo animal. 2.2 La inevitable presencia del Tercer Mundo. Pero frente a las dificultades que siempre provinieron de la escasez, el egoísmo y la “naturaleza humana”, la amenaza fundamental que hoy se cierne sobre el Capitalismo, emerge del Tercer Mundo, de las profundas y persistentes dificultades para impulsar o promover en las sociedades mas atrasadas del planeta, la Economía de Mercado, la Democracia, el Estado de Derecho y, lo mas difícil, la Autonomía de la Conciencia Individual, la promoción de la igualdad, la libertad individual y la responsabilidad igualmente individual. Emerge, en síntesis, de la remota posibilidad de poder prescindir del paternalismo estatal, el clientelismo político y el populismo, incrustados en el fondo de la cultura tercermundista. Algunas señales esperanzadoras, provenientes todas del Sureste Asiático… y de Chile, ha habido, pero el balance global dista mucho de ser satisfactorio. China Comunista, como ya señalamos, e India, parecieran decididamente orientadas hacia el Capitalismo; logro éste nada despreciable, dada la inmensa masa de población que esos países aportan. Los “Tigres Asiáticos”, Corea, Taiwán, Singapur y otros, fueron en su momento un gran ejemplo para el mundo; y siempre estará allí el caso de Chile para dar fe de que en América Latina puede desarrollarse la Economía de Mercado. Pero el grueso del subcontinente latinoamericano, el grueso del mundo árabe, superpuesto con el islámico, buena parte del antiguo mundo socialista -incluida Rusia- y la masa crítica fundamental del doloroso continente africano, es decir, el peso masivo del Tercer Mundo, incluidas China e India, ofrecen resistencias demasiado poderosas al desarrollo capitalista. Esta resistencia tenaz que los países mas atrasados ofrecen al Capitalismo, la Democracia y el Estado de Derecho, tiene explicaciones muy complejas que aquí no podemos abordar, pero de las cuales queremos mencionar brevemente una: las estructuras o conformaciones éticas y religiosas dentro de las que dichas sociedades se han desarrollado, volcadas todas ellas -las conformaciones éticas- al paternalismo, el populismo y el proteccionismo. Opuestas todas ellas al milagro que la Civilización Occidental produjo en la Europa del siglo XVIII, y que ya hemos mencionado: la Autonomía de la Conciencia Moral del Individuo. La posibilidad de que éste logre en alguna medida fundarse en su propio espíritu -no en el Partido, ni en el Estado, la religión o el caudillo-, por mucho que se integre en una sociedad y, más aún, en una ética y una visión cultural compartidas con millones de seres humanos. Decimos que se trata de un milagro, porque esta idea de una ética centrada en el individuo, en la posibilidad de que el hombre se autoevalúe moralmente a partir de sí mismo, es -como hemos señalado- el fundamento imprescindible para que una sociedad logre desarrollar la Democracia, el Mercado y el Estado de Derecho. Los esfuerzos por impulsar la RSE y el Capitalismo en el Tercer Mundo y las posibilidades de hacerle frente al relanzamiento del Comunismo en la primitividad profunda del Subdesarrollo, pasan en buena medida por el cultivo de valores y concepciones éticas orientadas a estimular la Autonomía de la Conciencia Individual. 2.3 El fracaso del Neoliberalismo. Una expresión concreta y aplastante de estas dificultades y desventuras del Capitalismo en el Tercer Mundo, fueron los abundantes ensayos que en los 80 y 90 se hicieron en América Latina para impulsar la implantación de economías de mercado a través de programas de Ajuste Macroeconómico. El fracaso radical de estos programas ha convertido a nuestros países en pasto fácil para la prédica Neocomunista y, en todo caso, en volcanes cuya erupción no va a ser fácil controlar. Desde el estallido de la deuda externa de México en 1982, hasta el desplome de su economía en 1994, con el “Tequilazo” y el surgimiento de la guerrilla zapatista; pasando por el fracaso de los sucesivos planes “australes”, brasileros o argentinos, empeñados en sustituir unas monedas por otras; desde la dictadura de Fujimori en Perú, propulsora del neoliberalismo a punta de corrupción; hasta la defenestración de un presidente ecuatoriano, cantante de cabaret y showman; pasando por los fallidos y sangrientos golpes de Estado en Venezuela, que llevaron posteriormente a la Presidencia a Hugo Chávez, hoy abanderado indiscutible del Neocomunismo continental; e incluida la más dramática de todas estas tragedias nacionales, la argentina, con su deslumbrante Caja de Conversión y su fracaso estruendoso; todas ellas -y muchas más- son expresiones dolorosas de un subcontinente que no logró encontrar una salida hacia el Capitalismo. ¡Ni siquiera hacia la Modernidad y el siglo XVIII! Porque ni aun México, que pareciera haber escapado de esta maldición, está exento de una recaída izquierdista o socialista en cualquier momento. Esta demostración contundente de primitividad y realismo mágico que Latinoamérica ha dado en los últimos 20 ó 25 años, le ha abierto amplias posibilidades al izquierdismo, desde el más tradicional hasta proyectos claramente totalitarios y neocomunistas. Procesos regionales estos que fácilmente pueden ser engranados -y están siendo engranados- con la izquierda mundial o con lo que queda de ella. Con movimientos terroristas y fundamentalistas que adversan a la Civilización Occidental en todo el mundo. Una perspectiva demasiado adversa que se agrava, si a todo lo dicho le sumamos las dificultades propias que ha generado la política internacional de los Estados Unidos, no sólo en Irak sino en muchas otras partes del Mundo. 2.4 Pobreza, sobrepoblación y contaminación. Pero mas allá de todas las mencionadas, la dificultad fundamental que confrontan el Capitalismo, la democracia y la sociedad libre, hoy, es la cuasi imposibilidad de enfrentar y resolver esos tres, de entre los muchísimos problemas que agobian a la Humanidad: la pobreza creciente en los países del Tercer Mundo y en algunas regiones del Primero; la sobrepoblación acelerada; y la contaminación, esto es, la destrucción compulsiva de las condiciones ecológicas que hacen vivible al planeta. La gran pregunta que hoy tiene que hacerse la Humanidad y más aun las Megacorporaciones transnacionales privadas, es ¿hasta qué punto la sociedad capitalista actual puede hacerle frente, o está en condiciones de hacerle frente, a estos problemas? No va a ser fácil que las naciones democráticas logren su objetivo, que logren ganar esta guerra. Entre otras cosas, porque no existe un acuerdo que cohesione a las diversas élites del mundo occidental acerca de cómo lograrlo, no existe claridad acerca de la naturaleza del problema y, mucho menos, acerca de cómo solucionarlo, esto es, acerca de como concretar una propuesta creíble de sociedad. No un simple Proyecto de País, sino una Propuesta de Sociedad. Porque hay dos grandes concepciones enfrentadas al respecto: 1) Los que piensan -como tradicionalmente han pensado los defensores e ideólogos del Capitalismo, muchos de los cuales se olvidan de la ética y ponen todo el énfasis en la teoría económica- que la pobreza sólo se puede enfrentar produciendo masivamente bienes y servicios, estimulando la inversión, el empleo, el desarrollo tecnológico, la competencia, las reglas claras que generen confianza, las instituciones que garanticen la iniciativa y la propiedad privadas, etc. etc. En otras palabras, y como veremos en el capítulo IV, los que piensan que la única responsabilidad social de la empresa es generar riqueza, empleo y oportunidades. Y, 2) los que pensamos que en las condiciones actuales del Capitalismo en el Tercer Mundo, es -por supuesto- imprescindible y forzoso generar riqueza y empleo como condición sinequanon para enfrentar la pobreza, la contaminación y la sobrepoblación, ¡pero que ello no basta! Que está bien lejos de bastar. Porque subyace a todo este proceso un timing que es inexorable: el tiempo que se requeriría para enfrentar esos problemas por la vía del puro crecimiento de la economía no existe. Simplemente, no disponemos de ese tiempo. Las presiones sociales y el auge del Neocomunismo pueden llegar a ser inmanejables. Por ello, como complemento al crecimiento natural de la economía, la riqueza y el empleo, se impone la necesidad de darle un fuerte impulso a la Responsabilidad Social de la Empresa, a la posibilidad y a la necesidad en la que está la gran corporación transnacional de asumir abiertamente la búsqueda de soluciones específicamente éticas a la profunda crisis que hoy vive el Capitalismo. 2.5 Conclusión. Todos estos problemas que confronta la Economía de Mercado se concretan y se plasman en las profundas dificultades y en la considerable intranquilidad que hoy genera el proceso de Globalización, la inexorable conversión de las economías nacionales y de los Bloques Regionales en una sola economía mundial. Un proceso que es indetenible, pero que puede realizarse con traumas muy dañinos o con una dosis más manejable de ellos. Disyuntiva esta que dependerá -en nuestra opinión- de hasta qué punto logre el sistema capitalista asimilar algunas reformas esenciales en su núcleo conceptual básico. * Esta ponencia fue culminada en Caracas el 14 de marzo de 2005, para ser dictada expresamente en la 1ª Reunión del Grupo por la Responsabilidad Social Corporativa en Cuba, en Madrid, durante la jornada del 5 de abril de 2005.
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