EL ASTILLERO DE CURAZAO Y LOS TRABAJADORES CUBANOS *

Autora: Clara Olivia Ocampo de Álvares de La Campa

El semanario El Periódico, publicado en español en Curazao, Antillas Holandesas, ha denunciado en diversas ocasiones la explotación de emigrantes en ese territorio caribeño del Reino de los Países Bajos. Por ello, periodistas de esta publicación fueron invitados a entrenamientos y seminarios efectuados en Curazao por la Organización Internacional para la Migración (OIM). La OIM ha detectado que en las Antillas Holandesas hay trata y explotación de emigrantes y con el objetivo de concienciar sobre este fenómeno organizó estos seminarios y entrenamientos. Posteriormente se constituyó un grupo de trabajo para combatir y prevenir la trata de personas. Este grupo está compuesto por entidades gubernamentales de las Antillas Holandesas y organizaciones no gubernamentales, entre los que se encuentran representantes de El Periódico.

El 10 de enero del presente año, a raíz de unos artículos sobre la trata de personas que fueron publicados en El Periódico de Curazao, tomaron contacto con la redacción del citado semanario tres cubanos que trabajaban en el Astillero de Curazao. Nos explicaron que la definición explicada en los artículos (en estos artículos se explicaba que estamos ante la trata de personas cuando hay traslado de personas de un lugar a otro con el fin de explotarlas, pues las hacen trabajar muchas horas en condiciones de inseguridad, se les paga poco o nada, se les retiene la documentación, las condiciones que les prometen en el lugar de origen no son las mismas que posteriormente encuentran, se les mantiene trabajando utilizando algún medio de coerción y amenazas, etc.) se relacionaba con lo que viven los cubanos que trabajan en el astillero de Curazao, y que ellos se sentían victimas de la Trata de personas. Sus nombres son Alberto Justo Rodríguez Licea (nacido el 25 de junio de 1965), Operario en Conservación de Buques, quien había abandonado su puesto de trabajo a finales de diciembre de 2004; Luis Alberto Casanova Toledo (nacido el 12 de diciembre de 1978), Montador de Sistemas Navales, y Fernando Alonso Hernández (nacido el 9 de noviembre de 1965), Soldador y Pailero Naval. Estos dos últimos habían dejado sus puestos de trabajo el viernes 7 de enero de 2005.

Los tres cubanos planteaban que habían decidido abandonar sus puestos de trabajo y buscar otro lugar donde se les respetarán sus derechos como trabajadores y seres humanos porque las condiciones de trabajo en el Astillero de Curazao eran agotadoras y estresantes. Se sentían engañados por las autoridades cubanas, pues antes de partir para las Antillas Holandesas, en Cuba, firmaron un contrato con la Empresa Nacional de Astillero de Cuba (ENA, con su oficina principal situada en la Carretera del Naval #9. Casa Blanca, La Habana, Cuba) que luego no fue respetado por los que dirigen a los cubanos en Curazao que son representantes de la ENA, propiedad del gobierno cubano. Citaron que el contrato especificaba que trabajarían seis (6) días y descansarían uno (1). Pero en Curazao los hacían trabajar de diez (10) a 15 (quince) días seguidos sin descanso. Igualmente sucede respecto a las horas de trabajo, según ellos el contrato estipula que no trabajarían más de 12 (doce) horas diarias, entre otras cosas porque ese tipo de trabajo es peligroso. Sin embargo, los hacían trabajar catorce (14) y quince (15) horas diarias, uno de los turnos más comunes era desde las tres (3) de la tarde hasta las siete (7) de la mañana. Las horas extras y los días festivos no eran pagados, incumpliendo así el contrato y las mismas leyes laborales de las Antillas Holandesas. Se quejaron de que en los días de navidad y fin de año del 2004, las únicas personas que trabajaron fueron los cubanos. Por su trabajo recibían 12 dólares diarios, ellos saben que a un trabajador local se le paga mucho más por esto.

Denunciaron que en el Astillero de Curazao todos los obreros trabajan en condiciones donde se pone en riesgo su seguridad física. Pero que el caso de los cubanos es más grave aún, pues son obligados a trabajar en espacios pequeños donde hay agua elevando su nivel y poco oxigeno. Dicen que cuando hay trabajo muy peligroso por hacer lo dejan para el fin de semana, cuando no hay trabajadores locales, para que el trabajo sea efectuado por los cubanos. Ejemplificaron narrando que en cierta ocasión uno de los jefes cubanos quería que utilizaran luces de 220 voltios en unos andamios desde donde se iba a limpiar el exterior de un barco con chorros de agua a presión, poniendo en riesgo de ser electrocutado a la persona que trabajaba en el andamio, quien pudo librarse del peligro después de una fuerte discusión donde fue amenazado de ser deportado hacia Cuba si no hacía lo que le ordenaban. También denunciaron que a los cubanos se les limita su libertad de movimiento, sus pasaportes son retenidos por Rosana Grau, la jefa de personal de los cubanos y señalada por ellos como agente de la Seguridad del Estado cubana. Esta persona les prohíbe reunirse con personas no afines con el gobierno cubano y los obliga a vigilarse unos a otros. Según ellos, Rosana Grau les decía que si había intento de "deserción", ella llamaría a los agentes de emigración de Curazao y los reportaría como ilegales, pues los permisos que tienen para permanecer en la isla son válidos mientras trabajen en el astillero para el gobierno de Cuba, de no seguir trabajando allí, estos permisos se invalidarían y serían deportados hacia Cuba donde se les juzgaría por "desertores" e irían directamente a la cárcel. Los obreros cubanos están allí con una misión del gobierno de Cuba, que consiste con su trabajo en pagar una deuda del gobierno cubano al gobierno de Curazao. Dijeron que la mencionada funcionaria humilla constantemente a los cubanos que trabajan en el Astillero de Curazao, que los amenaza con la deportación a Cuba y la cárcel allá si no obedecen y hacen todo lo que se les ordena. Clasificaron el trato de esta señora como de verdadero martirio psicológico. También alegaron que no pueden enfermarse, pues les dice que están fingiendo para no trabajar, que deben ellos mismo proporcionarse medicinas, pues no les pagan seguro médico.

Estos trabajadores manifestaron que temían por su vida, pues a través de llamadas telefónicas recibidas de compañeros suyos que permanecían en el astillero en esos momentos supieron que Grau había dicho que eran buscados por agentes de la seguridad cubana y por las autoridades locales tanto de la policía como de emigración. Habían pensado ir a la oficina de labor de las Antillas Holandesas a denunciar lo que sucede en el astillero, pero esas llamadas les hizo desistir, pues no se sabe hasta qué punto el gobierno de Curazao está de acuerdo con el gobierno cubano para mantener a estos trabajadores en esas condiciones. Declararon sentirse esclavos en pleno siglo XXI, sin libertad ni derecho que les asistiera.

Alberto Justo Rodríguez Licea, por su parte, narró que aproximadamente a las tres de la madrugada del 5 de junio de 2002, había tenido un accidente de trabajo, junto con un trabajador curazoleño. Ambos estaban realizando trabajos de sandblast para el barco industrial Future. Se encontraban en un andamio conocido como el avión, sostenido por una grúa. Uno de los cables que sujetaba el andamio de la grúa se rompió y como consecuencia los trabajadores cayeron desde unos veinte metros de altura. Ambos sufrieron diversas heridas y fracturas. Como resultado de ello, estos dos trabajadores estuvieron largos meses sin poder asistir a actividades laborales. Rodríguez Licea fue enviado a Cuba para su recuperación, al inicio le dijeron que se le daría una indemnización. Pero denuncia que nunca recibió tal indemnización y además en Cuba su caso fue tratado como enfermedad y no como accidente de trabajo, y por eso recibió menos salario del que le correspondía. Cuando regresó a Curazao a trabajar, se enteró que el curazoleño que había tenido el accidente con él había sido indemnizado. El no sabe si es que en el Astillero de Curazao, los trabajadores no curazoleños no tienen seguros contra accidentes de trabajo o si el dinero que debía haber recibido fue destinado a disminuir la deuda de Cuba con el gobierno de Curazao, o si fue a parar a algún otro lugar o bolsillo. Este accidente fue reseñado por la prensa local, los días 5 y 6 de junio de 2002.

Ese mismo día 10 de enero de 2005 que los cubanos nos plantearon sus denuncias, había reunión del grupo de trabajo para combatir la trata de personas en las Antillas Holandesas. Presenté el asunto de las denuncias recibidas y el silencio de las autoridades gubernamentales presentes en la reunión me mostró que el tema no era bien recibido allí. Milouska Racamy, coordinadora del grupo y empleada del Ministerio de Justicia de las Antillas Holandesas me sugirió que llevara el caso al Departamento de Asuntos Laborales. Debemos tener en cuenta que el Astillero de Curazao es propiedad del Gobierno Insular de Curazao, aunque entra en una categoría que le confiere cierta independencia.

Posteriormente, supimos que los tres trabajadores cubanos se habían ido de Curazao. En una llamada telefónica recibida me dijeron que pensaban cruzar la frontera de varios países centroamericanos para tratar de llegar a los Estados Unidos, donde buscarían amparo bajo la Ley de Ajuste Cubano. Me pareció una locura tan osado plan. Les sugerí que se pusieran en contacto con la Organización Internacional para la Migración. De esta organización fueron remitidos a la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR) donde están procesando su caso.

Durante la semana posterior a la huída de estos trabajadores, mi esposo, José María Álvarez de la Campa -quien es periodista de El Periódico y también ha investigado conmigo sobre este tema- y yo, recibimos llamadas de diferentes personas, principalmente cubanos, que nos informaron que habían recibido llamadas de otros cubanos preguntando por estos tres trabajadores, qué si los habían visto, que si los veían que les devolvieran la llamada diciendo donde estaban, pues ellos eran amigos y estaban preocupados. Sin embargo, por correo electrónico les pregunté a los trabajadores si conocían a estas personas y me dijeron que no. No es una casualidad que quienes realizaron las llamadas son personas de las que otros cubanos sospechamos que son agentes de la seguridad cubana.

En la noche del miércoles 12 de enero de 2005, unos amigos nos avisaron que en un puesto de vigilancia de la entrada de un reparto les habían enseñado unas fotocopias donde aparecían dos cubanos (Luís Alberto Casanova Toledo y Fernando Alonso Hernández, los que habían dejado sus puestos de trabajo el viernes 7 de enero del 2005) y les habían dicho que esas fotos habían sido entregadas por trabajadores de una compañía de vigilancia privada venezolana que tiene filial en Curazao, que se llama Servicio Panamericano de Vigilancia. Los vigilantes nocturnos del reparto aseguraron que el personal del Servicio Panamericano de Vigilancia les había pedido que si veían a las personas que aparecían en la foto que llamaran a unos teléfonos que estaban en el reverso de las fotocopias, pues eran presos peligrosos escapados de la cárcel. Luego supimos que las mismas fotocopias habían sido distribuidas por toda la isla, y extraoficialmente un trabajador de Servicio Panamericano de Vigilancia (que no quiere ser identificado por temor a perder su trabajo) nos dijo que Rosana Grau le había dicho a uno de los gerentes de esta compañía que quería a esos cubanos vivos o muertos. Como nos pareció alarmante que una compañía privada de vigilancia realizara esta búsqueda, traté de presentar una denuncia ante la funcionaria policial Cassandra Martha. Ella tomó nota de lo que declaré, pero me dijo que no podía aceptar mis declaraciones como denuncia, pues primero tenía que investigar si eso era un delito. Al cabo de los días me comunicó que aparentemente lo que hizo el Servicio Panamericano de Vigilancia al distribuir las fotocopias no era un delito. El números de la oficina de la señora Cassandra Martha es (5999) 461 1222. Un periodista del diario Amigoe llamó a la compañía de vigilancia y preguntó como era posible que ellos estuvieran haciendo un trabajo que le correspondía a la policía, eso de buscar a las personas, dijeron que lo hacían porque ellos le daban el servicio de vigilancia al astillero y allí estaban preocupados de que le hubiera sucedido algo a estas personas, el periodista insistió, pero eso le corresponde a la policía y ellos dijeron, pregúntele a la directiva del astillero. Del astillero nunca han respondido a las llamadas de los periodistas, ni han dado su versión. Los números de Servicio Panamericano de Vigilancia son: (005999) 869 6599 / (005999) 869 5976/ (005999) 869 6382 / (005999) 888 8484. El astillero de Curazao es conocido en esta isla como DryDok o simplemente DOK, pero su nombre oficial es Curaçao Dokmaatschappij. El número de la central del astillero es (005999) 733 0000.

El jueves 13 de enero de 2005 se publicó la denuncia de estos trabajadores en el semanario El Periódico. Posteriormente, el sábado 15 el diario Amigoe comentó la denuncia publicada en El Periódico y el hecho que Servicio Panamericano de Vigilancia distribuyera fotografías de los denunciantes por la isla. El martes 18 de enero los diarios Amigoe y Extra publicaron la única declaración que hasta ahora ha hecho la directiva del astillero: que no va a dar declaraciones a la prensa y que el gobierno realizaría una investigación. El día 19 de enero el diario El Vigilante publicó un artículo diciendo que siete cubanos habían sido sacados de Curazao en un vuelo de Air Jamaica rumbo a La Habana. El Vigilante dice en papiamento que habían tomado el vuelo "bou di guia", literalmente esto significa bajo guía, lo que significa que eran acompañados. Estuvimos preguntando en el aeropuerto sobre esto y varias personas nos dijeron que los cubanos habían sido trasladados de una manera extraña, que junto a los siete que tenían permiso para trabajar en el astillero viajaban otros que habían llegado hacía sólo dos días a la isla, que aquello parecía un traslado de presos. Posteriormente, un cubano residente en Curazao nos contactó y nos dijo que un amigo suyo cubano que trabajaba en el astillero de Curazao lo había llamado sorpresivamente y le había dicho que lo llamaba para despedirse que habían llegado a Curazao agentes de la Seguridad del Estado Cubana a llevarse para Cuba a la cuadrilla donde trabajan los tres que habían "desertado", pues ellos eran considerados culpables por no denunciar que los otros se iban. Por medio de correo electrónico, los tres que habían abandonado sus puestos de trabajo nos escribieron que habían recibido un mensaje de familiares donde le decían que todos los que trabajaban con ellos habían perdido su trabajo tanto en Curazao como en Cuba. Además nos informaron que unos equipos electrónicos que habían comprado reuniendo de su salario y que habían enviado por cargo, habían sido decomisados por el gobierno cubano y le habían dicho a la familia que no los entregaban porque quienes los habían enviado eran unos desertores y que para familiares de desertores no había nada. También dijeron que sus familiares más cercanos estaban siendo acosados por agentes de la seguridad cubana.

Desde que las denuncias de los trabajadores se hicieron públicas la redacción de El Periódico ha tratado de tomar contacto con el Departamento de Asuntos Laborales en Curazao, pero nunca hemos podido hablar con ellos, no contestan los teléfonos o nos dejan esperando en línea. Lo que otros medios han publicado es que esta oficina ha dicho que no puede hacer nada al respecto porque no tiene suficiente personal para investigar. Hay que tener en cuenta que todos los trabajadores que hay en el astillero tienen sus permisos para trabajar en Curazao, según la ley de las Antillas Holandesas estos permisos tienen que contar con la aprobación del Departamento de Asuntos Laborales.

La prensa en Curazao ha seguido comentando sobre las denuncias de abuso laboral en el astillero. En Holanda el periodista Erik van Oudheusden del diario holandés Algemeen Dagblad, el 12 de marzo en la página 27 publicó el artículo "Slavernij in een nieuw jasje, Cubanen werken staatsschuld weg op de Antillen". Esto tuvo mucha repercusión en la prensa de Curazao. El martes 15 de marzo, el diario "Ultimo Noticia" puso como titular del día "Esklavo moderno na DOK", "Vigilante" por su parte "Dokmaatschappij ta koperá ku Cuba den sklavitut moderno" y "Amigoe" se refirió "Onderzoek Cubanen bij Dok Blijft uit".

La redacción de El Periódico trató de tomar contacto por segunda vez con Rosana Grau, la persona que se encarga de tener el control sobre los cubanos que laboran y viven en el DOK, cuyo celular es (5999) 567 5629. La primera vez que la llámanos vía telefónica nos respondió una mujer con acento cubano quien nos dijo que Grau estaba en Cuba. El martes 15 de marzo, nos respondió la misma mujer y esta vez declaró que Grau se encuentra de vacaciones. Lo extraño es que ningún directivo del DOK da la cara para aclarar todas las interrogantes que rondan a este tema.

Siempre había sido un enigma si existía la famosa deuda entre el gobierno Cuba y el gobierno de Curazao. Tomamos contactos con Guido Rojer quien trabajó en el departamento de finanzas del astillero de Curazao y posteriormente en el de La Habana. Rojer nos confirmó que "sí existe la deuda y ésta surgió porque Cuba mandó en 1989 al astillero de Curazao un barco especializado en dragado bajo el nombre III Congreso, después le cambiaron el nombre por Quality Stars. Este trabajo lo estada controlando el director de la Empresa Constructora de Obras Marítimas de Cuba, de apellido Gil (según otra fuente, Gil desde 1996 está preso en Cuba, bajo el caso de tenencia ilícita de divisas (30 mil dólares). Inicialmente la reparación era pequeña, un motor eléctrico, pero se empezaron hacer más adaptaciones y reparaciones hasta que sumó un montante de 13 millones de dólares. El representante cubano dijo que no tenían el dinero. Fue un gran error por parte de la directiva del astillero y del gobierno de Curazao no retener el barco como siempre se procede en estos casos. A finales de los ochentas se comenzaron las negociaciones con el gobierno de Fidel Castro y en 1992 se realizó un matrimonio entre las dos empresas. O sea se asociaron el astillero de Curazao y el de La Habana. Quien organizó está asociación fue el entonces director del astillero de Curazao, Mario Evertsz, quien ha estado envuelto en varias investigaciones por corrupción, pero nunca se le ha podido demostrar nada. Pero, las cosas no marcharon bien con esa asociación y fue disuelta, pero la deuda del gobierno cubano con el gobierno de Curazao sigue pendiente." Según Rojer esa deuda es real y se puede constatar "si ven los libros financieros que están en la compañía Curaçao Dok Holding. El gobierno de Curazao sabe que parte del salario de los trabajadores cubanos es para pagar la deuda que inicialmente era de trece millones de dólares", también opina que el interés sube a tanta velocidad que será muy difícil terminar de pagarla. Rojer asegura: "Los trabajadores curazoleños del DOK ganan de 15 a 25 dólares la hora y si a los trabajadores cubanos se les paga por 12 horas de trabajo 12 dólares, se les está pagando toda una jornada de trabajo como si hubieran trabajado sólo unos 35 minutos o menos, pero según parece ellos trabajan de doce a catorce horas, el dinero restante es para pagar la deuda".

Con la redacción de El Periódico han tomado contacto diferentes personas que trabajan en el astillero, curazoleños y colombianos. Ellos han preferido mantenerse en el anonimato porque temen perder su trabajo. Pero han dicho que desde que se fueron los tres trabajadores que hicieron la denuncia, a los demás cubanos que quedaron se les prohíbe salir de las instalaciones del astillero donde trabajan, duermen y comen, que están prácticamente presos. Dicen que ahora los cubanos sólo están trabajando ocho horas al día y que trabajan seis días a la semana y descansan uno. Pero que a los colombianos se les está exigiendo que trabajen 14 horas al día, que no les pagan las horas extras según las leyes de las Antillas Holandesas. A los colombianos le pagan 5 dólares la hora, sin tener en cuenta especializaciones. Como los cubanos, ellos también dicen que no les pagaban seguro médico. Dicen que cuando un extranjero tiene un accidente de trabajo no le pagan indemnización y tratan al obrero como si hubiera cometido un delito y pierden el trabajo, los regresan a su país de origen inmediatamente. Según las últimas noticias que hemos recibido, han ido sacando a los trabajadores cubanos, y en estos momentos sólo quedan dos cuadrillas de doce personas cada una, y han traído más colombianos a los que tratan tan mal como anteriormente a los cubanos.

Recibimos un correo electrónico de un trabajador colombiano que entre otras cosas escribió: "En ese lugar -el astillero- existe una política fascista, de pleno odio hacia los trabajadores. Los directivos ni nos miran, como si fuéramos animales. (…) Me informaron que el viernes viene una delegación del Colegio de Diputados y del Consejo Insular de Curazao a visitar las instalaciones del Dok, por eso hoy quiero denunciar que a partir del domingo (13) están cambiando los aires acondicionados, cambiando las puertas, pintando las paredes y cortando la hierba. ¡Señores del gobierno no se peguen a las paredes porque se pueden pintar sus bellos trajes! Quiero denunciar que el señor Kleinmoedig que trabaja en Recursos Humanos o algo relacionado en el Dok abusa de su poder y mantiene amenazados a los trabajadores colombianos. El domingo un colombiano se accidentó, le cayó una viga de hierro en el brazo, lo enviaron al hospital y es posible que cuando esta carta sea publicada ya esté en Colombia. El proceder del Dok cuando hay accidentes es enviarlos a Cuba o a Colombia según la nacionalidad del trabajador, por supuesto sin pagarles prestaciones, ni los cuidados médicos al llegar al país de origen. Eso es una violación y un abuso, pero como son extranjeros no tienen derecho, o al menos así, les hace saber el señor Kleinmoedig. Hace tres semanas un trabajador cubano se accidentó, después que lo compusieron y podía subirse al avión lo mandaron para Cuba. En septiembre u octubre de 2004 murió un trabajador curazoleño de un infarto. Esa persona murió porque no había un médico cerca, si llega haber un médico o un enfermero especializado no muere. Los directivos del Dok tienen que poner una posta médica en ese lugar. Si revisan las valijas de los cubanos y de los colombianos encontrarán medicamentos y cosas de primeros auxilios, ellos mismos se auto recetan porque no hay médicos. Lo más triste es que si dicen que no se sienten bien o les duele cualquier parte del cuerpo, les amenazan con mandarlos para sus países, por eso muchos ocultan sus dolencias y continúan trabajando. Cuando dicen que en el Dok hay esclavitud moderna, es verdad, ellos son esclavos. Los colombianos trabajan principalmente en el turno de trabajo de 4 de la tarde a 7 de la mañana, es decir 15 horas. El salario por horas es de cinco dólares, pero no les pagan los sobre tiempos, ni los fines de semanas, ni los días festivos. Otro abuso y atropello. Pero los cubanos están peor por trabajan las mismas horas y ganan 12 dólares diarios. Gracias, espero que las cosas cambien…"

El Consejo Insular de Curazao realizó una visita a las instalaciones del astillero el día 18 de marzo, a la misma no se permitió entrar a la prensa. No hemos escuchado declaraciones oficiales sobre la visita, pero al parecer los diputados insulares no quedaron muy satisfechos ante las repuestas de los trabajadores a los que le preguntaron como estaba la situación allí y todos respondieron que muy bien. Se comenta que los trabajadores se veían tensos y que los diputados pidieron hacer una reunión con la directiva del astillero. Lo triste de todo este asunto es que el gobierno de Curazao sabe que en su territorio y en una de sus compañías privadas se abusa laboralmente y se tienen a trabajadores en condiciones de esclavos trabajando para pagar una deuda. Con respecto a los trabajadores cubanos el gobierno de Cuba tiene una importante cuota de responsabilidad en este asunto. Pero el de Curazao tiene la mayor responsabilidad, porque permite que esto suceda en su territorio.

No soy una especialista en leyes laborales, pero aquí se hace evidente que se están violando varios convenios internacionales de la Organización Internacional del Trabajo. Como el Convenio sobre las horas de trabajo (industria), 1919 que en el artículo 2 plantea que "En todas las empresas industriales públicas o privadas, o en sus dependencias, cualquiera que sea su naturaleza, con excepción de aquellas en que sólo estén empleados los miembros de una misma familia, la duración del trabajo del personal no podrá exceder de ocho horas por día y de cuarenta y ocho por semana, salvo las excepciones previstas a continuación" Y en el Artículo 6 dice: "La tasa del salario de dichas horas extraordinarias será aumentada, por lo menos, en un 25 por ciento con relación al salario normal." Este convenio fue ratificado por Cuba el 20 de septiembre de 1934.

Otro convenio que no se respeta es el Convenio sobre el descanso semanal (industria), 1921, cuyo artículo 2 dice: "A reserva de las excepciones previstas en los artículos siguientes, todo el personal empleado en cualquier empresa industrial, pública o privada, o en sus dependencias, deberá disfrutar, en el curso de cada período de siete días, de un descanso que comprenda como mínimo veinticuatro horas consecutivas." Este fue ratificado por Cuba el 20 de septiembre de 1953 y por los Países Bajos el 14 de septiembre de 1965.

También se viola el Convenio sobre la discriminación (empleo y ocupación), 1958. En el artículo 1 dice: "A los efectos de este Convenio, el término discriminación comprende: a) cualquier distinción, exclusión o preferencia basada en motivos de raza, color, sexo, religión, opinión política, ascendencia nacional u origen social que tenga por efecto anular o alterar la igualdad de oportunidades o de trato en el empleo y la ocupación". Y en el artículo 2 plantea: "Todo Miembro para el cual este Convenio se halle en vigor se obliga a formular y llevar a cabo una política nacional que promueva, por métodos adecuados a las condiciones y a la práctica nacionales, la igualdad de oportunidades y de trato en materia de empleo y ocupación, con objeto de eliminar cualquier discriminación a este respecto." Este fue ratificado por Cuba el 26 de agosto de 1965 y por el Reino de los Países Bajos el 15 de marzo de 1973.

En el caso del accidente de Alberto Justo Rodríguez Licea no se respeta el Convenio sobre la indemnización por accidentes del trabajo, 1925, que en el artículo 1 dice: "Todo Miembro de la Organización Internacional del Trabajo que ratifique el presente Convenio se obliga a garantizar a las víctimas de accidentes del trabajo, o a sus derechohabientes, una indemnización cuyas condiciones serán por lo menos iguales a las previstas en el presente Convenio". En el artículo 2 plantean: "La legislación sobre la indemnización por accidentes del trabajo deberá aplicarse a los obreros, empleados o aprendices que trabajen en empresas, explotaciones o establecimientos de cualquier naturaleza, públicos o privados." En el artículo 16 se dice: "Todo Miembro de la Organización Internacional del Trabajo que ratifique el presente Convenio se obliga a aplicarlo en sus colonias, posesiones o protectorados, de acuerdo con las disposiciones del artículo 35 de la Constitución de la Organización Internacional del Trabajo." Este convenio fue ratificado por Cuba el 6 de agosto de 1928 y por los Países Bajos el 13 de septiembre de 1927. Así mismo se viola el Convenio sobre la igualdad de trato (accidentes del trabajo), 1925. Que en el artículo 1 dice: "Todo Miembro de la Organización Internacional del Trabajo que ratifique el presente Convenio se obliga a conceder a los nacionales de cualquier otro Miembro que lo haya ratificado, y que fueren víctimas de accidentes del trabajo ocurridos en el territorio de aquél, o a sus derechohabientes, el mismo trato que otorgue a sus propios nacionales en materia de indemnización por accidentes del trabajo." El artículo 9 plantea: "Todo Miembro de la Organización Internacional del Trabajo que ratifique el presente Convenio se obliga a aplicarlo en sus colonias, posesiones o protectorados, de acuerdo con las disposiciones del artículo 35 de la Constitución de la Organización Internacional del Trabajo." Este convenio fue ratificado por Cuba el 06 de agosto de 1928 y por el Reino de los Países Bajos el 13 de septiembre de 1927.

Según la ley de Curazao ningún extranjero puede obtener un permiso de trabajo sin contar con un seguro médico. De ser cierto lo que dicen los trabajadores, tanto cubanos como colombianos que no les pagan seguro médico, se están violando las leyes de Curazao y el Convenio sobre el seguro de enfermedad (industria), 1927 que en su artículo 1 declara que: "Todo Miembro de la Organización Internacional del Trabajo que ratifique el presente Convenio se obliga a implantar el seguro de enfermedad obligatorio, en condiciones por lo menos equivalentes a las previstas en el presente Convenio." Este convenio fue ratificado por los Países Bajos el 15 de noviembre de 1965.

También se estaría violando el Convenio sobre las cuarenta horas, 1935. Pero no encuentro registros que haya sido ratificado por Cuba y los Países Bajos.

Otro convenio irrespetado es el Convenio sobre los trabajadores emigrantes (revisado), 1949 que en el artículo 6 dice: "Todo Miembro para el cual se halle en vigor el presente Convenio se obliga a aplicar a los inmigrantes que se encuentren legalmente en su territorio, sin discriminación de nacionalidad, raza, religión o sexo, un trato no menos favorable que el que aplique a sus propios nacionales en relación con las materias siguientes: i) la remuneración, comprendidos los subsidios familiares cuando éstos formen parte de la remuneración, las horas de trabajo, las horas extraordinaria …". Este convenio fue ratificado por Cuba el 29 de abril de 1952 y por el Reino de los Países Bajos el 20 de mayo de 1952.

Clara Olivia Ocampo de Álvarez de la Campa
Kaya Kolonel Winkel #20 Curaçao, Nederlands Antilles

Tel: (005999) 565 9155
E-mail: oliviaocampo32@hotmail.com
oliviaocampo2005@yahoo.com

* Esta ponencia fue culminada en Caracas el 14 de marzo de 2005, para ser dictada expresamente en la 1ª Reunión del Grupo por la Responsabilidad Social Corporativa en Cuba, en Madrid, durante la jornada del 5 de abril de 2005.

 

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