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Carta a los jefes de estado y gobierno de la Unión Europea,
Canadá y Estados Unidos
Ciudad de La Habana, 24 de Febrero de 2006.
Excelencias: En vista del notable deterioro de la represión
en Cuba contra todo ciudadano que ejerza derechos consignados en
la Declaración Universal de los Derechos Humanos, he determinado
dirigirme a ustedes con el deseo de pedirle, hoy más que
nunca, su solidaridad y apoyo.
Las acciones emprendidas por el gobierno en los últimos
meses llegan a niveles tales que bien podrían considerarse
en los ámbitos del terrorismo de estado.
Turbas alentadas por la policía política han protagonizado
sendas golpizas, allanamientos, entre otras formas de asedio no
menos alarmantes.
Lo peor de toda esta espiral represiva es la impunidad de los hechos.
Las víctimas reales y potenciales se encuentran en absoluto
desamparo. Pues no existe ninguna institución dentro del
país para implementar las denuncias pertinentes.
El partido comunista monopoliza desde hace más de 47 años,
conceptos como patria, nación, estado, sin dejar espacios
cívicos para quienes difieren de los lineamientos ideológicos
vigentes.
El terror ha cobrado una dimensión que mantiene a la familia
cubana, en un permanente susto. La indefensión y la crueldad
de los represores ha enraizado la doble moral y el silencio de la
mayoría, que teme ir a la cárcel o recibir el estigma
de ser un contrarrevolucionario e inmediatamente pasar a la marginación
y ha sufrir otros castigos inherentes a un sistema que institucionaliza
el atropello sin que nada le importe.
Puedo dar testimonio del abuso y la crueldad. Fui sancionado a 18
años de privación de libertad en Abril de 2003, por
ejercitar el periodismo sin la supervisión de los censores
oficialistas. Enfermo, me recluyeron en una celda apenas alumbrada
y saturada de insectos. Tuve que beber agua contaminada y la comida
era regularmente servida en estado de putrefacción.
El 6 de Diciembre de 2004, después de 20 meses y 18 días
sometido al más cruel de los tratos, las autoridades penitenciarias
me concedieron una Licencia Extrapenal por motivos de salud.
Ahora pretenden devolverme a la cárcel. No se me permite
ni a mí, ni a mi familia partir al exilio. Las autoridades
migratorias de Cuba nos niegan el permiso de salida, un procedimiento
que refleja en que país estamos viviendo.
Para desestabilizarme psicológicamente y agudizar mis padecimientos
del Colon, funcionarios de un Tribunal del municipio donde resido
me comunicaron nuevas disposiciones que buscan además la
humillación y el chantaje.
Desde el 21 de Febrero se me prohíbe salir de los límites
de Ciudad de la Habana, sin una autorización del Tribunal,
tampoco participar en festejos y eventos públicos y me quieren
situar en un empleo decidido de antemano por la instancia judicial
que supervisará la conducta junto a miembros del Partido,
sindicato y otros del centro donde finalmente me asignen.
De incumplir con lo establecido, se me amenaza con el retorno a
la prisión. Las intenciones son marcadamente arbitrarias
y torturantes, por lo que les reitero su atención sobre cuanto
pueda ocurrirme en lo adelante.
Los exhorto encarecidamente a que utilicen sus buenos oficios a
favor de quienes en Cuba abogan por la reconciliación, el
tránsito pacífico a una democracia y el pluralismo.
Periodista Independiente Jorge Olivera Castillo,
del Grupo de los 75.
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