Diciembre 25, 2005
¿Sabía usted que en Cuba el salario medio de los
trabajadores es de 10 euros y que el gobierno retiene hasta el 98%
de sus salarios?
Luz Modroño, representante en España del GIRSCC
Cuba es hoy un país con una economía maltrecha y
desestabilizada donde los derechos laborales de los trabajadores
son sistemáticamente ignorados así como son incumplidos
los acuerdos internacionales refrendados con organizaciones como
la Organización Internacional del Trabajo. A modo de ejemplo
baste citar las consecuencias que para los trabajadores cubanos
tiene la existencia de una doble moneda: el peso cubano desvalorizado
hasta niveles que suponen cuatro veces menos que el peso convertible
o "divisa" cuyo valor tiene equivalencia con el euro y
que es la única moneda que circula fuera de las tiendas específicamente
cubanas. Es necesario señalar que éstas son establecimientos
desabastecidos, alarmantemente escasos y con una absoluta falta
de higiene, como cualquier turista o viajero, con un mínimo
interés por ello puede comprobar. Los sueldos medios no sobrepasan
los 225 pesos cubanos, que a cambio suponen 10 euros, esto es por
debajo del nivel de la pobreza. En un país donde los precios
son equiparables a los europeos, esta situación engendra
un tan alto nivel de corrupción que no hay cubano que no
se dedique a la extorsión o el pillaje. El gobierno, obviamente,
es conocedor de esta situación pero hace la "vista gorda"
y aunque existen regulaciones contra ello, sólo son ejercidas
como medida de presión o, aleatoriamente, recaen sobre los
trabajadores menos afectos al régimen. Los cubanos aseguran
que, ante las penas de cuatro años que pueden recaer sobre
ellos, es prefireble ésto a vivir en las condiciones a las
que su gobierno les condena.
En el sector turístico, uno de los sectores con mayor peso
en la economía cubana y que absorve el mayor porcentaje de
trabajadores, éstos son contratados no directamente por las
empresas inversoras sino por otras mediadoras dependientes del gobierno
y que, a su vez, son las que pagan a dichos trabajadores reteniéndoles
hasta un 98% de los salarios. Lo que suponen nuevas violaciones
internacionales que Castro impone y que las empresas inversoras
acatan. Todo esto sin citar la prohibición de derechos elementales
como el de asociación, reunión o sindicación
libre o el derecho a la negociación colectiva o la huelga
o, las altas penas de prisión a que son condenados los sindicalistas
independientes.
Dicha situación, muy previsiblemente, cambiará en
un futuro próximo haciéndose necesario tanto el reconocimiento
de los derechos inalienables de los trabajadores como una clara
apuesta por la modernización industrial y económica
del país. Modernización que deberá asumir los
altos costes sociales, laborales, medioambientales y de respeto
a los derechos humanos que a lo largo de estos años han ido
produciéndose y que exigirá el trabajo coordinado
entre las administraciones públicas, las empresas y las organizaciones
que, como el Grupo por la Responsabilidad Corporativa en Cuba, sean
mediadoras en los procesos de desarrollo.
El Grupo Internacional por la Responsabilidad Social Corporativa
(GIRSCC) nacido en abril del pasado año, es una organización
integrada por treinta y cinco organizaciones no gubernamentales
y sindicatos independientes de Europa, América Latina y EEUU
y que representa fuera de Cuba los intereses de los trabajadores
cubanos. Igualmente, es hoy la única organización
de estas características cuyos objetivos se centran en la
implantación de la Responsabilidad Social Corporativa en
Cuba partiendo del convencimiento de la necesidad de articular estrategias
de diálogo y responsabilidad social con las empresas inversoras
actuales y las que en un futuro puedan implantarse. Dicha organización
ha venido trabajando desde su constitución en una doble vertiente,
por un lado, la denuncia sistemática de las violaciones de
Acuerdos Internacionales en materia laboral refrendados por el gobierno
cubano y, por otra, la defensa de los trabajadores cubanos, cuyos
derechos son ignorados, y la mediación con las empresas inversoras
en Cuba.
España es uno de los países con mayor inversión
extranjera en la isla. Sin embargo, la actual legislación
cubana ampara el ejercicio de prácticas poco éticas
y contrarias a los principios de responsabilidad social que dañan
sobremanera tanto los intereses de los trabajadores como la propia
reputación empresarial y que, sin duda, se traducirá
en elevados costes para la imagen y el prestigio de dichas empresas,
claves, en un próximo futuro, para la obtención de
ventajas competitivas.
El GIRSCC cuenta entre sus objetivos colaborar con el desarrollo
de una legislación que contemple los principios de la responsabilidad
social a partir de un diálogo abierto y constructivo entre
empresas, sociedad y poderes públicos. Conscientes de la
necesidad de aunar esfuerzos y aprovechar sinergias en aras a la
implantación de un desarrollo sostenible en Cuba en el que
los intereses de los trabajadores y los empresariales no entren
en conflicto, considera prioritario conocer y analizar con el máximo
rigor el comportamiento social y medioambiental de las empresas
estableciendo alianzas entre éstas, las organizaciones civiles
y los líderes comunitarios, a partir de la sensibilización
empresarial, el respeto a los derechos humanos, sociales, económicos
y culturales de la población y la comunicación entre
los distintos agentes.
En este contexto, el GIRSCC estima que la responsabilidad y la
transparencia son claves en el diálogo entre organizaciones
no gubernamentales, trabajadores, empresas y líderes comunitarios
a fin de crear las condiciones propicias para el desarrollo de las
actividades económicas en la isla y sentar las bases para
futuras inversiones. Así, se hace necesario emprender estudios
sobre como incorporar los principios de la RSC entre ellos los establecidos
en el documento sobre el Impacto Global de las Naciones Unidas y
su Código de Conducta, las Orientaciones sobre Empresas Multinacionales
de la OCDE, la Declaración Tripartita sobre Empresas Multinacionales
de la OIT, así como las diversas regulaciones de organizaciones
de empleadores en la práctica empresarial tanto como en la
futura legislación, que a no dudar, ha de desarrollarse en
Cuba.
En los últimos diez años, las ONGs han evolucionado
significativamente y hoy, en los países desarrollados y democráticos,
cumplen un importante papel no sólo en la defensa de los
derechos humanos, de ayuda humanitaria o medioambientales, campos
de trabajo tradicionales, sino en la presión hacia las propias
empresas a fin de que respondan a las exigencias que los derechos
económicos, sociales y culturales implican. El incremento
de su credibilidad y visibilidad han logrado un gran apoyo social
lo que redunda, sin duda, en una mayor capacidad de actuación
y mejores resultados en su gestión y si, hasta hace poco
la empresa era considerada como potencial vía de financiación
de sus proyectos, actualmente son las propias empresas las detinatarias
de sus campañas para combatir la explotación laboral,
la discriminación o la falta de control medioambiental, y
hacer cumplir los requisitos internacionalmente reconocidos para
una práctica ética de su labor. La actual legislación
cubana ha colocado a las empresas inversoras en Cuba en el centro
de los objetivos del GIRSCC por cuanto la actuación de dichas
empresas puede ser altamente lesivas para los intereses de una población
indefensa y víctima de prácticas abusivas
El peso de las propias empresas inversoras en Cuba, especialmente
en el campo turístico, derivado del volumen de sus propias
inversiones, es tal que no es posible ignorar la influencia que
podrían tener en la propia administración cubana.
No es justificable escudarse en que las leyes castristas impiden
otro tipo de practicas, las empresas inversoras deben asumir su
papel ético y adoptar una política seria de responsabilidad
social corporativa que respete los derechos laborales fundamentales
y los estándares éticos y medioambientales aceptados
en el ámbito internacional aunque éstos no estén
jurídicamente reconocidos en la legislación cubana.
Lo contrario es hacerse cómplice de la explotación
laboral o la negación de los derechos que recaen sobre los
trabajadores cubanos. No se trata sólo de consideraciones
éticas, se trata también de contribuir a la mejora
de las condiciones de vida de los ciudadanos y de la mejora de sus
propias posibilidades competitivas, redundando en una mejora de
la percepción social hacia la marca de trabajadores, clientes
y accionistas y, por consiguiente, en el incremento de sus potencialidades
de crecimiento. Muy atrás quedó la visión de
la empresa como enemiga y enfrentada al trabajador, aunque visionarios
mesiánicos pretendan imponerla. La responsabilidad social
corporativa y la aplicación de una buena política
y práctica en esta materia puede lograr que la confrontación
se transforme en colaboración.
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