Marzo 7, 2006
La responsabilidad social corporativa, lugar de encuentro entre
la empresa y la sociedad civil
Luz Modroño.
El pasado 2 de marzo tuvo lugar en la Sociedad General de Autores,
la presentación del estudio sobre Responsabilidad Social
Corporativa efectuado por el Observatorio de RSC sobre 35 empresas
que conforman el IBEX35 referidas al año 2004. En el encuentro
se expusieron tantos los objetivos del estudio como la metodología
empleada para el mismo.
Dicho estudio, que se presenta en un entorno económico,
social, político y académico, en el que la reflexión
alrededor de los conceptos de Responsabilidad Social Corporativa
(RSC) o el Desarrollo Sostenible y la empresa, interesa cada vez
más al conjunto de la sociedad nos mueve a distintas reflexiones
comparativas con la situación vivida por países totalitarios
y antidemocráticos donde la economía está en
poder del Estado y en los que la sociedad civil tiene profundamente
limitadas sus posibilidades de participación.
En los países democráticos la vitalidad de la participación
de la sociedad civil en todos los ámbitos de la cotidianidad
social, política o económica, que además está
experimentando un considerable aumento, se convierte en contrapunto
al ejercicio de la propia práctica empresarial, regulando
las relaciones de mercado y arbitrando que los servicios y productos
ofrecidos respondan a las directrices de la OCDE hacia los consumidores.
La sociedad civil juega un papel importante en las sociedades democráticas
que, de esta manera anima a las empresas a incorporar los criterios
y los intereses de los distintos agentes de la RSC en su gestión.
Es, pues, necesario destacar la importancia que los consumidores
y la sociedad civil con espacios abiertos y participativos tienen
para la mejora y el impulso de la responsabilidad de las empresas
que se traduce, sin duda, tanto en una mejora cualitativa de sus
productos como en un crecimiento cuantitativo de sus rendimientos.
En aquellos países donde la sociedad civil es embrionaria
o está ahogada por el control gubernamental y las políticas
dictatoriales de sus gobernantes esta realidad es inexistente, pudiéndose
dar el caso de que las empresas inversoras, libres de la presión
que supone la exigencia de calidad o comportamientos socialmente
responsables y, amparadas por legislaciones que permiten todo abuso
de poder, pueden tender a llevar a cabo comportamientos poco éticos
o ajustados a los principio de RSC.
La situación de estas empresas y sus actuaciones en países
como Cuba pone bien de manifiesto esta realidad. Aceptando unas
condiciones de inversión impuestas por el gobierno cubano
están lesionando tanto su imagen corporativa como los intereses
de los trabajadores o la calidad de los productos ofrecidos. Castro,
ajeno a las nuevas realidades de desarrollo empresarial y puesta
su mira en el control político de la ciudadanía impone
a las empresas inversoras unas condiciones altamente lesivas tanto
para los propios trabajadores como para la sociedad en su conjunto.
La presión que puede ejercer la sociedad civil y los consumidores
sobre la mejora del producto ofrecido por las empresas sectoriales
se torna inexistente.
Pero, además, el problema se agrava si se tiene en cuenta
la indefensión de los trabajadores en un país donde
el sindicalismo independiente del poder gubernamental es asfixiado
y perseguido.
Ni desde asociaciones de consumidores, ni desde sindicatos es posible
llevar a cabo ningún ejercicio de presión ni de diálogo.
La sociedad cubana está indefensa desde todas y cada una
de las ópticas que conforman el entramado social. No hay
agentes con los que dialogar, no existe control alguno que no sea
el directamente ejercido por el gobierno o por el único sindicato
legal, que no es otro sino una parte de ese poder político.
Prohibición, prohibición, es la única palabra
que el gobernante cubano parece haber aprendido bien.
La prohibición de cualquier espacio público de debate
o reflexión, de defensa de los propios intereses de los ciudadanos,
supone la ausencia de mecanismos de control de serias y muy graves
consecuencias. De esta manera, el gobierno cubano muestra escaso
o nulo interés por el avance o la mejora de las condiciones
sociolaborales, medioambientales o de derechos humanos, mostrando
en cualesquiera de los ámbitos que conforman las señas
de identidad de cualquier Estado de derecho el mayor de los desintereses
o el mayor de los desprecios.
La publicación de los datos obtenidos basados en la transparencia
de gestión no supone un detrimento de la operatividad de
la gestión empresarial sino que, por el contrario, ayudan
a éstas tanto a mejorar su imagen corporativa como a emprender
políticas de responsabilidad en temas como los derechos humanos,
preservación del medio ambiente, contribuciones políticas,
políticas de no-discriminación, condena del mobbing
o acoso laboral, carácter justo y razonable de la remuneración...
La no asunción de estos índices en el comportamiento
inversor de las empresas españolas en Cuba, la opacidad de
la gestión y el control propiciados desde el propio gobierno
cubano que prohíbe tanto la existencia de sindicatos independientes
como el de asociaciones de participación de la sociedad civil
como pueden serlo las asociaciones de consumidores, logran crear
un clima muy semejante al existente en los primeros tiempos de la
revolución industrial, identificado con los parámetros
de un capitalismo salvaje cuyo despliegue propagandístico
tanto es negado en declaraciones públicas efectuadas por
Castro pero que la praxis bien claramente demuestra lo contrario.
Mientras asfixia el desarrollo de una economía propia o
la industrialización del país fuera del control o
la propiedad estatal, las empresas inversoras viven situaciones
en las que las violaciones de derechos constitucionales puede suponerles
en un futuro próximo altos costes de inversión.
El estudio realizado por el Observatorio de Responsabilidad Social
Corporativa evidencia que las posibilidades de mejora en los aspectos
reseñados son todavía muchas y que las empresas españolas
todavía tienen un largo camino que recorrer. El ejercicio
de transparencia en RSC de algunas empresas muestra su liderazgo
en los respectivos sectores y sirve de dinamizador para el tejido
empresarial. Sin embargo, los datos testifican igualmente que aún
persisten empresas donde la gestión de RSC es netamente insuficiente.
Y si esto es así, es necesario pensar qué ocurrirá
en aquellos países en los que su legislación permite
realizar prácticas abusivas contra los trabajadores o lesivas
para con el medio ambiente o los consumidores.
El Grupo por la Responsabilidad Social Corporativa en Cuba, inspirado
en lo que es su principio fundacional, anima a que las empresas
inversoras en la isla asuman los principios de responsabilidad social
y emprendan un serio debate sobre las consecuencias que actuaciones
contrarias a los mismos puede tener para sus intereses a corto y
medio plazo.
En un futuro próximo y tras los cambios que, a no dudar,
han de producirse en Cuba, es necesario crear estructuras más
equitativas y justas y, para ello, es necesario crear espacios de
diálogo y nexos claros entre la sociedad civil, incluidos
los perseguidos sindicatos independientes, y las propias empresas.
Sin embargo, nada impide crear dichos espacios aún en los
momentos actuales y escuchar a los que se obliga a callar. De esa
forma, las empresas en lugar de ser cómplices de una dictadura,
colaborarían en el cambio democrático que ha de producirse
en un no lejano futuro. En el horizonte se divisa un futuro esperanzador
de modernización del país y que deberá ser
desarrollado con el esfuerzo de todos sus protagonistas a partir
de un diálogo pacífico y constructivo.
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