Marzo 8, 2006
Ser sindicalista en Cuba, actividad de alto riesgo
Luz Modroño.
Setenta y cinco seres humanos fueron detenidos, apresados y condenados
al silencio, por el hecho de querer ser libres. Setenta y cinco
valientes héroes que, anteponiendo su propia seguridad personal,
se irguieron contra la indignidad de no ser libres. La cárcel
les convirtió en héroes. La indignidad de un gobierno
que obliga al silencio mediante el uso de la fuerza, la amenaza
o la cárcel cayó en una sola noche contra setenta
y cinco hombres que prefieren morir a vivir de rodillas. Feroz hacha
de Caín que pretendió acabar con quienes mostraban
arrogantes el orgullo de disentir.
Conscientes del peligro que entraña exigir el cumplimiento
de los derechos que asiste a todo ser libre en un país donde
los derechos sólo existen para el que acata las órdenes
o el modelo social impuesto por el gobernante, convertido así
en amo del país, conscientes del significado de ser iguales
ante la ley, de la innobleza de la discriminación sea cualesquiera
la causa, de la nobleza de defender el disfrute de derechos como
la libre expresión, la libre información, la libre
asociación, y el rechazo al silencio impuesto a fuerza de
golpes, más de trescientos hombres purgan en tétricas
cárceles cubanas el delito de no doblegarse. Setenta y cinco,
sólo en unas escasas noches que revistieron de infamia a
todo un país. Seres humanos que dignifican a la humanidad
y que anteponen a su propia seguridad, el ansía de libertad.
Entre ellos, ocho sindicalistas: Miguel Galván, condenado
a 26 años de cárcel; Pedro Pablo Álvarez, Alfredo
Felipe Fuentes e Iván Hernández Trujillo, a 25 años;
Nelson Molinet Espino, a 20 años: Carmelo Díaz Fernández,
a 15; Héctor Raúl Valle, a 12; Lázaro González
Adán, pendiente de sentencia.
Por aquellos días, denominados por los pueblos democráticos
Primavera Negra, el rechazo del mundo ante tamaña brutalidad
-cuya guinda fue el ajusticiamiento de tres jóvenes- provocó
ríos de tinta, palabras de solidaridad para con los obligados
a callar. El mundo libre y democrático se vio obligado a
mirar de frente la cara de una dictadura que ha sido la más
larga dictadura jamás conocida.
Una dictadura tejida de farsa, de engaño, revestida de discursos
izquierdistas y palabras hueras y caducas, que pretende sobrevivir
amparándose en la estafa de una imagen hacia el exterior
de justicia, de reparto equitativo, de igualitarismo... imagen que
cae rota en mil añicos tan sólo con mirar la miseria
a la que ha sido conducido todo un pueblo antaño próspero,
o con leer en cualquier medio la persecución implacable a
la que es sometida la sociedad civil, los que osan opinar o criticar,
los que reclaman igualdad ante la ley o el ejercicio de universales
derechos.
Cuando el hecho de disentir se convierte en un peligroso acto que
termina siendo antes o después pagado con la exclusión,
el encarcelamiento o la muerte (en el 2003, tres jóvenes
fueron ajusticiados por robar una lancha intentando escapar de la
isla-prisión. No hubo en el asalto ninguna víctima.
Cuba mantiene en su legislación la pena de muerte), cuando
el pensamiento único, el partido único, la prensa
única, el sindicalismo único, se han entronizado en
una única figura convertida en dueño y señor
de todo un país, seguir defendiendo o elaborando discursos
de apoyo o "solidaridad" para con el causante de tanto
atropello no es sino hacerse cómplice de la infamia y el
dolor que recaen sobre todo un pueblo. Porque en Cuba, paraíso
de la dualidad, o se está al lado de los vencedores, de los
convertidos en dueños del Estado, de los que pueden pasear
libres por su isla y disfrutar de los bienes que el país
proporciona o se está al lado de los vencidos, de los excluidos,
de los perseguidos, de los que no tienen derechos, de los que son
obligados a callar o escapar. Ser periodista, sindicalista, defensor
de derechos humanos o miembro de cualquier partido político
que no sea el PCC en Cuba es una actividad de alto riesgo.
Recientemente, se celebró en Londres un encuentro entre
la denominada TUC, Central de Trabajadores Británicos), la
CTC (Central de Trabajadores Cubanos) y los organizadores de la
Campaña de Solidaridad con Cuba. Su nombre, Conferencia Sindical
Europea de solidaridad con Cuba, su realidad, "solidaridad"
con Castro no con el pueblo cubano, no para con los trabajadores
cubanos. Su objetivo: justificar y dar apoyo a un régimen
que niega espacios de participación a todo aquel que se desvía
del oficialismo impuesto a golpe de exclusión.
En Cuba existe una sola central sindical siendo las demás
ilegales y perseguidas y muchos de sus dirigentes encarcelados y
obligados a callar, obligados a pagar un alto precio por su "impertinencia"
al querer defender a sus compañeros y denunciar las tropelías
que el Estado-propietario comete contra ellos. No cabe duda alguna
de que esos "bienintencionados" sindicalistas londinenses
no desconocen que el sindicalismo cubano es monopolio del Estado.
De lo contrario, su ingenuidad sería aún más
peligrosa. Porque con su actitud no sólo están mostrando
un profundo desprecio hacia la esencia del sindicalismo sino que
supone una burla para el movimiento sindical universal nacido con
la revolución industrial y que tantas vidas costó.
No puede caber duda de que esos sindicalistas de la TUC no desconocen
que Cuba es el paraíso de la dualidad maniqueista, en el
que el diálogo, la negociación colectiva o el derecho
a la huelga están perseguidos y son prohibidos. No cabe duda
de que esos sindicalistas no ignoran que la existencia de un solo
sindicato dependiente del Partido Único es la negación
misma del sindicalismo. Ni de que fue una invención de Hitler
el nacionalsindicalismo, que suponía la exclusión
y la persecución de la libertad sindical.
El necesario debate acerca de las condiciones en que deben sobrevivir
los sindicatos cubanos y por ende las condiciones laborales a que
son sometidos los trabajadores cubanos fue sustituido por palabras
hueras y caducas, por frases propagandísticas y victimistas.
Los acosadores, los perseguidores lanzan gritos de solidaridad y
lamentos de acoso mientras encarcelan y condenan a la inanición
a los acosados. Se solidarizan con cinco detenidos acusados de espionaje
que, no obstante, serán juzgados en tribunales independientes
y defendidos por abogados libres mientras mantienen entre rejas
a más de trescientos ciudadanos a los que se ha negado el
derecho a la ciudadanía, entre ellos varios trabajadores
sindicalistas. Qué ironía, qué macabra vuelta
de la realidad.
No se habló en dicha reunión de las prohibiciones
que ahogan al sindicalismo cubano, como el derecho a la huelga,
a la manifestación pacífica o a la negociación
colectiva, ni de los paupérrimos sueldos pagados en moneda
nacional a los trabajadores, en torno a los 15 euros mensuales los
trabajadores en activo y 3 los trabajadores jubilados. Esto es,
por debajo del nivel de la pobreza.
Ni de que éstos tienen prohibido el asociarse o el sindicarse
libremente en aquellas organizaciones que consideren que mejor defienden
sus intereses -simplemente porque son ilegales- ni de la necesaria
independencia que el sindicalismo ha de tener respecto del poder
político ni de "la dirección superior del Partido
Comunista de Cuba" (estatutos de la CTC) orientadoras de sus
prácticas.
Tampoco se habló de derechos sindicales, ni de la obligada
afiliación de los trabajadores a la CTC, y el obligado pago
de la cuota sindical (por la que la CTC recauda más de 58
millones de pesos) ni de la obligada entrega del salario de un día
de trabajo a las Milicias de Tropas Territoriales (más de
600 millones de pesos han ido al presupuesto de las Fuerzas Armadas
por este concepto.
Ni de la discriminación en el empleo, ni de la violación
de Acuerdos Internacionales con la Organización Internacional
del Trabajo, ni de los expedientes laborales en los que se registran
los comportamientos políticos de los trabajadores y el grado
de desviación respecto a la política oficialista.
Tampoco de que los trabajadores pueden ser excluidos de sus empleos
si osan manifestar alguna opinión contraria o crítica
con el régimen e inmediatamente incluidos en el apartado
de los desempleados.
No, no se habló de sindicalismo. Porque el debate fue sustituido
por ataques a la política europea solidaria hacia el pueblo
cubano, por lamentos hacia un embargo inexistente, por gritos de
liberación de cinco presos cubanos acusados de espionaje.
Pero la verdad es tozuda y se abre paso al fin.
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