Abril 8, 2006
Castro reconoce la miseria moral de Cuba
MADRID, 7 (GIRSC) - Tras largos años negando la miseria
moral en que la dictadura ha hundido al pueblo cubano, Castro reconoce
finalmente la degradación que anida en su país-territorio.
El pasado viernes y en el marco del Congreso para la promoción
del turismo en Cuba, Castro reconoció los altos índices
de droga y prostitución existentes en un país que
tenía como una de sus enseñas socio-culturales la
abolición de tales "lacras propias del capitalismo".
Pero incapaz de reconocer las causas últimas que producen
tal estado de cosas, arremete contra empresas de turismo italianas
y, en un alarde de cinismo provoca un grave incidente diplomático
al acusar de ello al turismo italiano. Castro, sin sombra alguna
de culpa, incapaz de reconocer sus propias responsabilidades, y
en su nepotismo totalitario, esconde la mano y acusa.
Italia, junto con otros países europeos como España,
mueve cantidades ingentes de divisas a través del turismo.
Cuba, hoy un país con una economía devastada, donde
las exportaciones de productos autóctonos antaño prósperas
pasaron a la historia, se alimenta básicamente de las ayudas
proporcionadas por su hermana Venezuela y de las inversiones de
empresas extranjeras europeas basadas fundamentalmente en el sector
turístico, inmobiliario y minero. Pero nada parece importarle
a un gobernante absolutista que, escondido tras un aparato propagandístico
único y a su servicio, niega realidades y omite responsabilidades.
Contra viento y marea, y mientras ha sido posible, el gobierno castrista
ha negado la existencia de la prostitución o las drogas.
Cuando tal realidad se ha impuesto y ha sido difundida fuera de
sus fronteras por los propios turistas que cada año acuden
a la llamada de un "paraíso" caribeño, Castro
elige un país, podría haber sido cualquier otro quizás
España o la propia Unión Europea en su conjunto, para
responsabilizarle de lo que sólo a su sistema político
y económico incumbe. Profunda ironía con la que se
pretende ocultar las graves grietas físicas y morales que
hoy asolan el país.
Muchos son, hombres y mujeres, los que para sobrevivir en un país
donde el sueldo medio no alcanza los 10 euros mensuales, se ven
obligados a recurrir al viejo oficio de la prostitución que
se enseñorea por las calles habaneras. Una realidad con la
que cualquier turista se topa, y de la que yo misma fui testigo,
ya sea de día o de noche, y con abrumadora cotidianidad le
asalta en sus paseos por calles devastadas en las que la ruina se
ha entronizado. En hoteles, restaurantes, cines o teatros, a la
puerta de cualquier local o en cualquier parque o esquina, el jinetero
o la jinetera se acerca al turista en busca de unos cuantos dólares
que alivien su hambre o su deseo de poseer bienes que les son negados.
La prostitución en Cuba ha terminado convirtiéndose
en una triste seña de identidad del país.
Pero ni la droga ni la prostitución han sido provocadas
por los miles de turistas que visitan el país, muchos de
ellos familias con hijos, sino por la existencia de una economía
controlada por el Estado, incapaz de producir riqueza y que ha terminado
por arruinarle. La cesta de racionamiento, que consiste básicamente
en arroz, frijoles, ocho huevos al mes, un cacillo de aceite y yogures
de soja, apenas llega a cubrir, y aún así precariamente,
las necesidades básicas de la población para diez
días. Tanto la adquisición de los restantes productos
no subvencionados, como la satisfacción de necesidades básicas
del resto de los días del mes, han de ser adquirirlos pagando
en unos pesos de los que carece. Ello le obliga a recurrir a cualquier
actividad o fuente de ingresos que le ayude a sacar esos pesos inexistentes
ya sea recurriendo al robo, el timo o la prostitución. Prácticas
habituales y ampliamente extendidas entre la población, como
cualquier turista tiene la oportunidad de comprobar.
El modelo social cubano hunde sus raíces en el discurso
estalinista que pretendía la creación de un hombre
nuevo, libre de las "desviaciones morales o ideológicas
de los países imperialistas" y que ha desembocado en
la construcción de un hombre y una mujer que se ven obligados
a recurrir a lo que su ingenio o sus posibilidades de supervivencia
les permite. Aunque sea la venta de su propio cuerpo a los únicos
que pueden pagar, esto es a los turistas. Turistas que son testigos
de una realidad que Castro ha negado hasta que la contumacia de
la misma lo ha hecho imposible ya.
Castro, en un alarde de prepotencia y demostración de su
poder absoluto sobre los propios intereses y la dignidad de una
nación y libre de tener que dar explicaciones de sus palabras
o actos a Parlamento alguno o de tener que someterse a sesión
alguna de control parlamentario, insulta a un país tildando
a sus miembros de Al Capones y culpándole de la miseria moral
que sólo él ha provocado, generando un conflicto internacional
que puede tener consecuencias de hondo alcance. Por el momento,
Italia ha respondido con no vender ningún paquete turístico
más y con iniciar una campaña mediática destinada
a que el pueblo italiano conozca lo ocurrido. Y que, sin duda, tendrá
consecuencias directas sobre las ya precarias condiciones de vida
de los trabajadores cubanos, primeras víctimas que la merma
de ingresos derivadas de las divisas que dejarán de entrar
en el país.
La serie de insultos que sobre Italia han llovido puede ser, por
otra parte, el primer eslabón de una larga cadena de provocaciones
contra los países inversores en la isla. Sin embargo, más
allá de la economía antártica y autosuficiente
que el dictador, amparado en los potentes servicios propagandísticos
en los que históricamente ha basado su política, la
realidad es que empresas provenientes de diversos países
europeos llevan a cabo en la isla fuertes inversiones en sectores
como los ya indicados: España, Italia, Francia... en cuyas
empresas trabajan una gran parte de la población cubana y
supone, para el gobierno, una fuente elevada de ingresos. La ingente
ayuda proveniente de Venezuela puede ser la causa explicativa a
la situación creada pero no es posible ignorar o pretender
ignorar que, por muy elevada que sea la ayuda proveniente de su
socio venezolano, no es suficiente para cubrir las alarmantes necesidades
de toda índole que el país necesita. La economía
cubana ha encontrado, por otro lado y a lo largo de estos cuarenta
y siete años de dictadura, una elevada fuente de ingresos
en sectores controlados básicamente por empresas extranjeras
que realizan sus inversiones en el sector turístico.
Por un lado, un porcentaje muy elevado de trabajadores está
empleado en hoteles cuya titularidad no es cubana. Por otro, las
divisas que los turistas y los tours operadores dejan en la isla
cada año no son baladíes. Y, aunque las condiciones
laborales de dichos trabajadores se rigen por imposiciones legislativas
cubanas e incumplen los acuerdos de la Organización Internacional
del Trabajo -véase la ley Marrero- no es tampoco desconocido
que los mejores sueldos, las mayores ventajas son las recibidas
por los trabajadores de este sector, considerados, a pesar de todo,
privilegiados por el resto de empleados en empresas estatales.
Las agresiones verbales contra el turismo italiano y las reacciones
consiguientes de los agredidos pueden provocar que cientos de trabajadores
pierdan sus empleos, incluidos aquellos que lo hacen en empresas
subsidiarias Pero, además, el hecho supone un atentado contra
la dignidad de las empresas acusadas tanto como de los propios ciudadanos
italianos.
Es necesario alertar de las graves consecuencias que, de seguir
por esta vía de provocación hoy contra Italia, mañana
otros, podría tener tanto para las empresas inversoras como
para los propios gobiernos o instituciones políticas o sociales
hechos semejantes. Y también para la maltrecha economía
cubana, ya que la situación socio-laboral y económica
de Cuba, a pesar de las fanfarronadas de Castro y de los alardes
propagandísticos gubernamentales no podría absorber
los costes humanos y financieros de semejante actitud. Y, el mayor
sufrimiento recaerá, una vez más y de manera inmediata
sobre el castigado pueblo cubano.
Es de temer que, el nuevo camino iniciado por Castro contra las
inversiones extranjeras, no quede ahí. Sin duda cabe la posibilidad
de que sea el principio de una cadena de ataques contra otros países.
Los gobiernos europeos deberán proteger los intereses de
sus inversionistas estando, además, en la obligación
de emprender las acciones pertinentes para ello. Castro, con el
sentido de la oportunidad que le caracteriza, ha elegido para atacar
a Italia el momento en que sus principales objetivos se centran
en el proceso de elecciones, mermando así el impacto que,
en otras circunstancias, hubieran tenido semejantes declaraciones.
Por ello, y desde estas páginas, queremos mostrar nuestra
solidaridad tanto para con el pueblo cubano, víctima de las
iniquidades de su gobernante, como para las empresas víctimas
de tales atropellos.
|