Abril 12, 2006
Española, socialista y activista del movimiento democrático
cubano. Entrevista con Luz Modroño
Por Carlos Manuel Estefanía. CubaNuestra,
11 de abril de 2006.
Carlos M. Estefanía: ¿De que parte de España
eres?
Luz Modroño: Bueno, en realidad soy un híbrido de
catalana y madrileño, pasé mi infancia y adolescencia
entre ambas ciudades, lo que ha marcado, sin duda, una forma de
ser pues en aquella época la rivalidad entre ambas ciudades
era aún más acusada que la actual. Eso te enseña
a ser tolerante y a valorar la diversidad, la interculturalidad,
el respeto a la diversidad... tan de moda actualmente y que yo aprendí
en la práctica en el seno de mi familia.
Sin embargo, sigo con todo echando de menos el mar, el horizonte
abierto, la brisa y el rumor de las olas. Son sensaciones que no
se olvidan nunca cuando has crecido con ellas. Pero me adapté
bien a Madrid, cuando definitivamente me instalé en ella.
Carlos M. Estefanía: ¿Cuáles son tus vínculos
personales y familiares (pienso en tu abuelo y las victimas del
franquismo) con la izquierda española y aquellas organizaciones
que trabajan por los derechos humanos en el mundo?
Luz Modroño: Mi familia ha sido de siempre una familia de
izquierdas, abierta y tolerante. Mi abuelo materno era coronel republicano,
murió poco antes de estallar la Guerra Civil, el paterno
republicano, de las filas de Azaña. Como tantas otras en
este país, sufrieron el acoso y la represión franquista
terminada la contienda. Tíos que tuvieron que salir al exilio,
o se les prohibió seguir ejerciendo sus profesiones -médicos,
maestros...- en fin, pertenecían a los vencidos, como tantos
y tantos... yo crecí oyendo conversaciones a media voz, y
aunque no era consciente de lo que realmente ocurría sí
lo era de que había cosas que no podían decirse fuera
de casa.
Mis primeras experiencias políticas directas fueron muy tempranas,
poco antes de la transición española. Empecé
militando en la LCR, -Liga Comunista Revolucionaria, de inspiración
troskista- y luego en un grupúsculo que desaparecería
poco después, el MCE -Movimiento Comunista de España-.
Éramos muy jóvenes, nos creíamos que en los
popes rusos estaba la verdad, la emancipación del pueblo...
luego la historia demostraría la gran mentira de esas sociedades...
fue una convulsión para la sociedad española que había
mirado durante los años de la dictadura franquista a esos
países y que habían admirado. Pero por entonces aún
faltaban algunos años para que todo se derrunbara...
Eran los agitados años de la Universidad, las asambleas que
duraban horas -yo era delegada universitaria- las manifestaciones
en la calle, las carreras huyendo de balas perdidas, caballos y
bombas lacrímogenas... las huelgas en la calle de fábricas
y barrios en pie de lucha contra la dictadura. Con los "grises"
(policía franquista, así llamados por el color de
los uniformes) entre las facultades y el miedo en la mirada de nuestros
familiares.
Fue realmente una época apasionante, el advenimiento de la
democracia, un grito unánime de la sociedad civil española
que había empezado a hacerse fuerte con nuestros padres,
a partir de los 60... pero muy peligrosos. Sin embargo, teníamos
conciencia de estar empujando la historia y de ser protagonistas
de ella. La policía mató a varios de mis compañeros
y amigos, y aún recuerdo la larga noche en la que el régimen
dio sus últimos coletazos asesinando a cinco personas, dos
de ellos amigos míos, tras juicios sumarísimos y fantasmas.
Tan vivo es aquel recuerdo, tan infame que hoy, cuando permanente
me llegan noticias de lo que pasa en Cuba, temo que pueda ocurrir
algo semejante. Los dictadores son fieras que se revuelven contra
su propio fin y que dan los últimos coletazos salvajes, despiadados,
cuando lo presienten.
Después mis pasos se dirigieron a la militancia en organizaciones
ecologistas -soy miembro de Green Peace desde hace más de
veinte años- y de derechos humanos, como Amnistía
Internacional. A la vez que, primero en Comisiones Obreras, sindicato
comunista, del que me fui por la rigidez de sus planteamientos y
conductas y luego en la UGT, sindicato socialista mucho más
próximo a mis planteamientos. Y en el PSOE, donde sigo militando.
Carlos M. Estefanía: ¿Cómo fue tu despertar
sobre la verdad de Cuba, cuáles fueron las experiencias que
más influyeron?
Luz Modroño: Bueno, las mentiras de Castro en este país
han calado hondo. Para la izquierda española, Cuba suponía
el triunfo de las ideas por las que nosotros abogábamos.
La falta de información, el maniqueismo y la propaganda de
un régimen como el castrista, unido a un cierto antiamericanismo
muy extendido entre los españoles, hacía que se sintiera
cierta simpatía hacia ese dictador y creaba un ambiente proclive
a creer en las inmensas falacias que llegaban. En el 2003, con la
detención de los 75, todo empezó a tambalearse. Ya
no era posible seguir creyendo en las mentiras de esa dictadura,
tildada de izquierdas, pero dictadura cruenta capaz de encarcelar
y condenar a largos años de prisión a seres inocentes.
No, no era eso por lo que yo luchaba, lo que yo defendía.
Las violaciones constantes a los derechos humanos que ocurren en
la isla resultaban escandalosas y no tenían ninguna justificación.
Después, el año pasado se organizó en Madrid
la 1ª Conferencia por la Responsabilidad Social Corporativa
que organizaba el GIRSCC. Fui invitada por un amigo que sabía
de mis inquietudes al respecto. Y fui, interesándome mucho
por lo que allá se decía y planteaba. En mí
seguía pesando con fuerza la necesidad de cambiar el imaginario
de los españoles respecto a Cuba, considero que es vital
para que, de una vez, Castro deje de contar con España como
"aliada", me refiero a la España socialdemócrata,
con la izquierda socialista con la que me identifico y en cuyas
filas milito. No es posible desde nuestras posiciones ideológicas
seguir defendiendo o tratando de explicar lo que ocurre en Cuba,
con una dictadura que, por su propaganda, ha envilecido , mancillado
y traicionado a la propia izquierda. Así se lo planteé
al director del GIRSCC, Joel Brito, que se interesó mucho
por lo que le planteaba. A partir de entonces comenzó una
estrecha colaboración entre ambos que hoy perdura.
No obstante el mito de la enseñanza y la medicina aún
perduraban. Del reparto equitativo de la riqueza, de las consecuencias
sobre el país de la política americana, del mesianismo
de un dictador... seguían produciendo su efecto que se traducía
en la aparición de fuertes contradicciones entre lo real
y lo ideal.
La realidad poco a poco iba abriéndome los ojos, el contraste
entre lo que habíamos creído y esa realidad descarnada
fue un proceso muy doloroso, frustrante, que estalló en toda
su cruel virulencia tras mi viaje a Cuba. Allí pude ver ese
miedo instalado en las miradas de las gentes, ese bajar la voz y
mirar de reojo, la miseria en la que está hundida Cuba, la
otrora bella Habana destruida, plagada de edificios construidos
muchos por los españoles, roída, calles repletas de
escombros y basura en una total desidia que, desde luego, no es
debido al tan cacareado embargo sino a un profundo desprecio de
los gobernantes por mantener una mínima dignidad, la apropiación
de todo un país por un sólo individuo y su camarilla,
el estado de los hospitales, la condición de no-ciudadano
a la que se ha condenado a los nativos, el contraste entre el país
de y para los turistas y el país de los cubanos.. . prohibiciones,
prohibiciones para todo lo que no se ajuste fidedignamente a lo
que Castro impone, la humillación de todo un pueblo. Y la
persecución a la diversidad, a la opinión, a la libertad.
El viaje lo hice acompañada de un amigo, periodista y antiguo
director de Le Monde Diplomatique y también viejo socialista,
ninguno de los dos podíamos dar crédito a lo que veíamos.
A veces -y ambos somos grandes conversadores- nos quedábamos
literalmente mudos ante lo que veíamos u oíamos. Fue
para mí una experiencia muy traumatizante, muy dolorosa,
máxime porque es gratuita, porque no hay justificación
alguna. Yo he viajado mucho, he visitado países pobres, tercermundista,
castigados y muy estremecedores... pero Cuba me impactó especialmente
porque ha sido llevada a tal extremo de miseria por la voluntad
de su propio gobernante tras cuarenta y siete años de dictadura.
Un país destruido y cuya reconstrucción será
muy interesante pero muy costosa.
Carlos M. Estefanía:¿Por qué te detuvieron
en Cuba en verano pasado, que sentiste al ser coaccionada por la
seguridad del estado cubana?
Luz Modroño: Bueno, yo viajé a Cuba, como lo hago
a cualquier país que visito, huyendo de las rutas turísticas,
no soy una turista al estilo "clásico", me interesa
sobre todo coger el pulso al país, a sus gentes, a sus problemas,
a sus sentires... por eso y desde el primer momento tenía
claro que no quería saber nada del turismo para consumo de
turistas, no me interesa el sol y la playa, me interesa el ser humano.
Y desde el primer momento me dediqué a ello, conocí
y hablé con disidentes, miembros y dirigentes de partidos
políticos, sindicalistas, damas de blanco... y también
con el pueblo en general, con taxistas, vendedores, gentes que paseaban
o dejaban pasar el tiempo sentados en cualquier acera, con camareros
y, en fin, con cuantos podía... todo ello no pareció
ser del agrado de la Seguridad del Estado.
Un día sobre las siete de la mañana, prácticamente
acababa de acostarme, llamaron a la puerta. Era la dueña
de la casa comunicándome que fuera me esperaban "unos
amigos míos". Inmediatamente sospeché que no
podían ser otros sino la policía. Yo tenía
ya muchas fotos, vídeos, entrevistas con damas de blanco
y disidentes grabadas, revistas y artículos escritos. Quise
deshacerme de lo más comprometedor sobre todo para no complicar
la vida de mis amigos.
Luz Modroño en Cuba
Tardé en bajar, cuando lo hice, vi a tres hombres a los
que no conocía de nada. Se presentaron como agentes de la
Seguridad del Estado. Me preguntaron si yo era de AI, del Psoe,
si conocía a éste y aquel... lo negué todo,
no encontraba más defensa, ignoraba el alcance de sus preguntas
y las consecuencias de mis respuestas. Me preguntaron irónicamente
a qué había ido yo a Cuba. Después me dijeron
que tenían que subir a mi habitación a registrarme.
Les pedí la orden de registro y me dijeron que la Alta Seguridad
del Estado no la necesitaba. Les inquerí diciéndoles
que en cualquier país para registrar a un ciudadano era obligatoria.
Se rieron. Y me hicieron sacar todas mis pertenencias. Les dije
que yo era ciudadana española y europea y me asistían
unos derechos que ellos estaban violando. No dijeron nada, me preguntaron
si yo era periodista y si había ido como tal a Cuba. Me negué
a contestarles y les dije que era una turista, interesada en conocer
su país. Sus ironías comenzaron a ser reiterativas
cuando me cogieron los artículos que ya tenía escritos,
la máquina fotográfica y el vídeo...
Ironías contra mí y las personas que conmigo aparecían
y a las que ellos conocían perfectamente pues hasta sus nombres
me dijeron. Querían saber quién me enviaba, que hacía
yo en la isla, a quiénes había estado viendo, que
planes tenía... Yo negaba o callaba, me sentía humillada
y violada, es una sensación muy desagradable. Sientes que
están violando tu intimidad, no controlas lo que va a pasar
al momento siguiente y me dolían sus palabras. Era consciente
de que nada anómalo o culpable había hecho, pero también
de que ese enfermizo considerar enemigo a cualquiera que no comparte
su iniquidad podía caerme encima.
Sin embargo noté que el miedo que antes había sentido
había desaparecido y una profunda indignación se adueñaba
de mí. Les dije que provenía de un país donde
los derechos de los ciudadanos eran respetados... en fin, como seguí
negando a contestar a sus preguntas me amenazaron. Me acusaron de
ser "agente extranjera al servicio de la contrarrevolución"
me parecieron tan absurdas esas palabras que me hicieron reír.
Me acusaron igualmente de haber introducido en la isla cantidades
muy grandes de dinero para la contrarrevolución. Y me amenazaron
con llevarme a Villamarista para seguir el interrogatorio en otro
lugar menos confortable que aquel en el que estábamos pero
con más seguridad para animarme a contestar a lo que me preguntaban.
Les volví a repetir que era una ciudadana española
y europea, a lo que me contestaron que ya que yo parecía
tan lista y conocedora de mis derechos había de saber también
que las acusaciones que recaían sobre mí no me amparaban
frente a mi país.
Pensé que no sabía cuánto podría yo
resistir las presiones a las que pretendían someterme pero
que desde luego iba a comprobar yo misma mi capacidad de aguante
y no iba a decir nada antes. Así que les dije que me dejaran
darme una ducha y cuando quisieran podíamos salir. El que
parecía mandar no dejó un momento de llamar por teléfono.
Entre al servicio con mi bolso en el que aún había
cintas grabadas que no habían encontrado, allí me
deshice de ellas. Cuando volví a salir me hicieron sentarme
y me dijeron que, de momento, me dejaban en paz pero que no volviera
a ver ni hablar con ninguna de las personas con las que hasta entonces
lo había estado haciendo, que pensara en las consecuencias
que ello tendría para dichas personas y para mí misma
pues o bien sería expulsada del país como persona
non grata o harían efectivas mis acusaciones y me llevarían
a ese lugar de inocente nombre. Y que, a partir de entonces, me
dedicara a comportarme como una turista más, que me dedicara
a disfrutar de las cosas lindas que el país ponía
al servicio de los turistas, que visitara sus playas, sus rincones
y que dejara de escarbar en un país que no era el mío.
Me informaron, además, de que iba a estar permanentemente
vigilada sin que yo detectara en ningún momento quien me
seguía...
Al día siguiente decidí ir sóla a Viñales.
En el viaje pude comprobar que, efectivamente debía ser cierto
que me vigilaban porque el propio conductor del autobús,
al acercarme a hablar con él y tras algunas preguntas que
le hice, exclamó "Uf, no, aquí está la
candela" y huyó de mí como de la peste con un
irresistible miedo en la mirada. No volvió a dirigirme la
palabra, pero sí y subrepticiamente, de vez en cuando me
sonreía tímidamente. Deduje que, efectivamente, entre
los que hacíamos la excursión, todos turistas felices,
había infiltrado algún agente de la seguridad. Y él
lo sabía.
Carlos M. Estefanía: ¿Qué impresión
tienes de los disidentes y opositores cubanos?
Luz Modroño: Pues francamente muy positivas. Es gente políticamente
preparada, con ilusión y esperanza, con ganas de reconstruir
su país, tan maltrecho. Son además gente curtida,
valiente, porque hay que ser muy valiente en Cuba para, a pesar
de actos de repudio -que la gente por acá no conoce, cuando
yo cuento en que consisten, las sorpresas y la incredulidad se debaten
con la indignación y el rechazo- de amenazas, de encarcelamientos...
seguir en la brecha. Hace pocos días a Vladimiro Roca, presidente
del Partido Socialista Cubano y con 69 años volvieron a hacerle
otro acto infame de repudio. Y, sin embargo siguen incansables.
Les admiro profundamente.
Creo que, si son capaces de sentarse a dialogar y encontrar mínimos
puntos de colaboración y arranque, la transición puede
ser pacífica. Pero es mucho, mucho, lo que hay que hacer.
Y la comunidad internacional debemos estar ahí apoyando,
alentando, sin injerencias pero facilitando el camino. Tras tantos
años de abandono, es lo menos que podríamos hacer
los países democráticos. Confío en que así
sea.
Carlos M. Estefanía: ¿A qué se debió
y como fue el acto repudio organizado por los comunistas españoles
contra ti?
Luz Modroño: Ocurrió a principios de septiembre. Todos
los años, el Partido Comunista de España organiza
una fiesta que dura varios días. Yo había ido a atender
la caseta que Amnistía Internacional había preparado
con informes y material. Ese día el PCE junto con la embajada
cubana celebraban un acto sobre derechos humanos. Decidí
ir. No calculé las consecuencias que mi intervención
tendrían, es imposible calibrar reacciones fanáticas
como las que ser produjeron. Yo llevaba puesto un pin de mi amigo
Carmelo, preso de conciencia del grupo de los 75 de la Primavera
Negra, ahora con la extrapenal. Las intervenciones del embajador
me parecieron escandalosas, giraron en torno a la defensa de los
cinco espías detenidos en EEUU. Al terminar, tomé
la palabra, me dirigí al estrado y pedí que, por favor,
ya que se hablaba de derechos humanos era necesario tener una visión
global del asunto, pregunté cómo era posible hablar
de derechos humanos cuando en Cuba existína más de
trescientos presos de conciencia, si sabían que 75 fueron
detenidos en una sola noche, acusados de escribir o de opinar, de
dar información a medios de prensa, de relacionarse con organizaciones
de derechos humanos, de tener cámara de fotografiar o vídeos...
y condenados a penas entre 16 y 30 años de cárcel.
Y pregunté porqué a Amnistía Internacional
se le tenía prohibida la entrada desde el año 1988.
Ahí ya no me dejaron terminar. La barahunta enloquecida se
lanzó sobre mí con insultos, atropellos... el embajador
ni ninguno de los que le acompañaban trataron en ningún
momento de apaciguar a la gente. Regresé a mi sitio entre
abucheos e insultos. Ellos siguieron ehando leña al fuego
y cuando el acto terminó, al levantarme para salir comenzaron,
entre los insultos que no habían cesado en ningún
momento, a empujarme, darme golpes... en fin. Todos se echaron sobre
mí, era una turba desenfrenada, violenta... Ya en la calle,
intentamos refugiarnos en nuestra caseta pero hasta allá
nos siguieron. Pregunté a los que me agredían si eran
conocedores de que el gobierno cubano no había refrendado
ninguna de los Acuerdo internacionales sobre derechos humanos. Mi
sorpresa fue mayúscula cuando comprobé que no lo sabían.
Qué terrible es la ignorancia, qué osada!. Algunas
de las personas que me habían agredido volvieron al rato
y se disculparon, confirmando que, efectivamente, desconocían
que Cuba no había refrendado dichos Acuerdos.
Carlos M. Estefanía:¿Qué tratamiento le ha
dado a tu nombre los órganos de la prensa oficial cubana?
Luz Modroño: En esos días, yo escribí una carta
al secretario general del PCE, Francisco Frutos, informando de lo
que había pasado. En solidaridad conmigo también el
GIRSCC escribió. Poco después, nunca nos contestaron,
la prensa oficial cubana -Prensa Latina, Trabajadores, Granma...-
escribieron pestes sobre mí. Un largo artículo en
el que se me acusaba de ser un "agente extranjero al servicio
de la contrarrevolución, pagada por la CIA, una terrorista
que había ido a Cuba a llevar cantidades ingentes de dinero
para la contrarrevolución... que era tan peligrosa como Posada
Carriles... y que el mejor lugar para mí era desde luego
la cárcel. Que yo era un "submarino" infiltrado
dentro del PSOE y de AI... en fin, no tenía desperdicio.
En cualquier caso, pude constatar en mi propia piel la contumaz
y siempre machaconas falacias con las que acusan a los que no rinden
pleitesía a su infamia. Siempre es el mismo discurso, siempre
la misma letanía que aburre y asquea. No tienen otro discurso,
éste es el único que han sido capaces de repetir hasta
la saciedad. Creo que deben ser muy pocos ya los que aún
se lo creen y siempre de grupos fanáticos que, seguro, levantarían
el grito si fueran ellos las víctimas.
Carlos M. Estefanía: Tú estuviste el 2 de febrero
del 2006 en la Presentación en Madrid de los libros "Hombres
in rostros" y de "Pasión y razón de Cuba"
¿Qué se dijo en el encuentro en general, cuál
fue tu planteamiento?
Luz Modroño: En el acto se habló fundamentalmente
de la situación de represión y coacciones contra el
pueblo cubano. Se denunciaron las atrocidades cometidas por Castro
a lo largo y ancho de su reinado, de cómo Cuba es una inmensa
cárcel para todo aquel que no comparte ciegamente el pensamiento
castrista o la política que desde hace tanto tiempo invade
y gobierna la isla. Hablaron el presidente de Reporteros sin Fronteras
y Raúl Castro, uno de los periodistas encarcelados en el
2003 a quien concedieron la excarcelación por enfermedad
y que desde abril del pasado año vive entre nosotros. Igualmente
habló Esteban Beltrán quien hizo un repaso sobre las
violaciones de derechos humanos en Cuba y las dificultades que Amnistía
Internacional tiene para investigar lo que sucede dentro de las
cárceles cubanas.
Se habló de la figura del autor de "Hombres sin rostro",
libro de poesías escrito desde la cárcel por uno de
los periodistas de la Primavera Negra, y de "Pasión
y Razón de Cuba" de Carlos Estefanía, un conjunto
de ensayos muy interesantes y clarificadores sobre la realidad cubana.
Yo por entonces no había leído ninguno de los dos
libros. Posteriormente lo hice y ambos son tremendos. El primero
porque refleja todo el dolor y la desesperación de hombres
inocentes condenados al ostracismo, El segundo porque es un lúcido
análisis de la realidad cubana.
Carlos M. Estefanía: Ahora trabajas en una campaña
contra la no-violencia en Cuba, puedes explicarnos en detalles en
que consiste.
Luz Modroño: Es una campaña auspiciada por dos personas
a las que tengo en gran aprecio y valía. Uno de ellos es
Víctor Manuel Domínguez, periodista independiente
y director del Centro de Capacitación Sindical, centro que
imparte cursos -ilegales, claro está- a los trabajadores
y en el que se abren foros de debate en torno a las legislaciones
de la OIT, derecho laboral... y por Cuesta Morúa, presidente
de Arco Progresista. La campaña se centra en tratar de crear
una corriente de opinión en torno a la necesidad de la no-violencia
y de la resolución de los problemas a partir del diálogo.
Cuestión tremendamente necesaria en estos momentos en todo
el mundo y aún más si cabe en Cuba, donde los actos
de repudio y la política en general de represión y
odios creadas por el gobierno alcanzan paroxismos. Es un temor serio
el día de mañana, la convivencia va a ser difícil,
los sicarios del régimen que han colaborado con éste
en la denuncia y persecución de la disidencia, empezando
por los CDR con denuncias sobre los propios vecinos puede tener
un alcance incontrolable. Por ello, esta campaña de sensibilización
hacia la tranquilidad, el sosiego y la necesidad de diálogo
en estos momentos en los que aún no se ha producido la transición,
es muy importante cara al próximo futuro.
Carlos M. Estefanía: Hablemos del Grupo para la Responsabilidad
Social Corporativa en Cuba. ¿Cómo nace el GIRSCC?¿
Cuáles son sus objetivos? ¿Quiénes participan
en este grupo y que actividades están por hacer?
Luz Modroño: El GIRSCC nace en abril del pasado año,
se constituye en Madrid y está integrado por diversas ONGs
y sindicatos de Europa, América Latina y EEUU. Nace como
respuesta a una necesidad, hoy de gran calado entre los distintos
países democráticos, como es el desarrollo de la responsabilidad
social y ética de las empresas. Estamos viviendo cambios
sociales y económicos de gran relevancia, el mundo de la
globalización es un hecho imparable ante el que no cabe cerrar
los ojos o mirar hacia otro lado. Es necesario asumir tal realidad
que pasa por exigir a las empresas la minimización de los
impactos sociales, medioambientales... mediante programas de responsabilidad
social. En ellos, la implicación de la sociedad civil es
determinante. Porque es precisamente la sociedad civil la que debe
exigir dichos programas y compromisos a las empresas. Por otro lado,
es un tema muy interesante porque supone no sólo mirar de
frente a una realidad ya imparable sino porque en la rsc están
implicados tanto los gobiernos como los sindicatos, organizaciones
no gubernamentales y el propio tejido empresarial.
Luz Modroño: Sin embargo, en Cuba ni existe sociedad civil
organizada porque la propia legislación la prohibe, ni asociaciones
de consumidores, ni sindicatos independientes... pero sí
existen empresas inversoras con capital extranjero. Ello crea un
entramado de indefensión tanto para los trabajadores como
para la propia sociedad en su conjunto. Al amparo de la legislación
cubana, las empresas no sólo no desarrollan ninguna política
sobre rsc sino que se hacen cómplices de la situacíón
creada por el gobierno castrista, esto es, cómplices diretos
de Castro. Éste incumple sistemáticamente acuerdos
internacionales refrendados por ejemplo con la propia OIT y que
la propia Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales
Libres (CIOSL) ha denunciado en varias ocasiones.
Todo ello crea una situación, como comprenderás, de
gran perversidad. Las prácticas abusivas, la discriminación,
los comportamientos empresariales que recuerdan los inicios de la
revolución industrial...El GIRSCC tiene dos grandes objetivos,
el primero de ellos es denunciar en cuantos foros sea posible las
violaciones laborales del país. Los derechos laborales, económicos,
sociales,,, son parte integrante de los derechos humanos, aunque
se habla menos que de los derechos tradicionales como lo son el
de expresión y asociación y de tan agrande alcance
como aquellos. Castro sabe bien esto y como prueba, mantiene entre
rejas a varios sindicalistas condenados a altas penas de prisión
por el mero hecho de tratar de defender e informar a los trabajadores.
Otro de los grandes objetivos del GIRSCC es el desarrollo de los
principio de rsc entre las empresas inversoras. No podemos olvidar
que muchas de estas empresas, como por ejemplo la Meliá,
tiene planes y departamentos de rsc en sus países de origen
pero que en Cuba incumplen abrumadoramente, como ya hemos dicho,
amparándose en la legislación cubana. Es una situación
inadmisible y estamos intentando transmitir este mensaje a dichas
empresas.
Hemos asistido ya a diferentes foros y en mayo celebramos en Madrid
la 2ª Conferencia Internacional en la que trataremos todos
estos temas. Nuestro trabajo continúa y esperamos que, tras
la Conferencia, cobremos nuevos bríos, pues aún nos
cuesta llegar a las empresas. Esta claro que, a corto plazo, esta
situación les beneficia, pero han de ser conscientes que,
tras la inevitable transición, las cosas cambiarán
y se les pedirá cuenta de su gestión. Un tema importante
de los programas de rsc es que contribuyen a que la marca adquiera
mayor prestigio, si esto es ignorado, las consecuencias a medio
y largo plazo no serán precisamente positivas.
El GIRSCC es la única organización dentro y fuera
de Cuba que desarrolla y se ocupa de estos temas. De ahí
su importancia y significatividad, pues como he dicho anteriormente
se denuncian constantemente todas las violaciones en materia de
derechos humanos tradicionales pero menos las económica y
laborales.
Carlos M. Estefanía: ¿Cuál es la respuesta
que han tenido de sindicatos y empresarios hasta el momento?
Luz Modroño: Por parte de ONGs y otras organizaciones muy
buenas, cada vez es mayor el conocimiento que existe de nuestra
labor y más el interés que despierta. Pero entre los
empresarios ya he dicho anteriormente que menos de lo que quisiéramos.
Por parte de los sindicatos, depende del país. En Sucia,
por ejemplo, creo que mayor que en España. A mi regreso de
Cuba el pasado verano me dirijí por escrito en varias ocasiones
tanto a UGT como a CCOO, los sindicatos socialistas y comunistas
respectivamente, pero no he obtenido ninguna respuesta de ellos.
Aún no sé si a la Conferencia vendrá algún
representante de cualquiera de ellos. Sin embargo, la CIOSL sí
se ha pronunciado en varias ocasiones y emitido informes sobre la
situación del sindicalismo independiente cubano y la violación
de los derechos laborales, el último hace pocos meses. He
de añadir que tanto UGT como CCOO están en la CIOSL
pero...
Carlos M. Estefanía: Para terminar; ¿cuál sería
tu recomendación a la izquierda europea con relación
a Cuba?
Luz Modroño: Pues, un mensaje muy claro: que dejen de mirar
hacia otro lado, que vean que el gobierno castrista no nos representa,
que es una grave mancha en los ideales y principios sociales y politicos
de la izquierda, que Castro es una gran estafa cuyas primeras víctimas
hemos sido nosotros mismos, que no es posible seguir con paños
calientes ante una dictadura que persigue y encarcela a sus ciudadanos
y que viola de tal manera cualquier derecho... que no es esa la
izquierda socialdemócrata por la que abogamos, que nada tiene
que ver esa dictadura con el respeto a las libertades individuales
ni colectivas. Y que debemos apoyar sin condiciones a la socialdemocracia
cubana, víctima de atropellos, de violencias y de represión...
y que, será la que mejor pueda hacer por cambiar las cosas
en Cuba hacia un futuro más esperanzador que los cubanos
se han ganado a pulso.
Carlos M. Estefanía: Gracias
|