|
El calvario de los "sindicatos" en Cuba
Lorenzo Contreras. La Razón, España, 13 de junio de
2005.
Lo normal. Cuando se habla de la situación en Cuba es hacer referencia
a la persecución política, entendiendo por tal, casi siempre,
la que padecen determinados disidentes distinguidos por su significación
o su celebridad. Pero existen otras persecuciones de las que apenas trasciende
hacia la otra orilla del Atlántico, vía Caribe, alguna mención.
Podría ser el caso del sindicalismo no oficial, muchos de cuyos
dirigentes son sistemáticamente condenados a largos años
de prisión "por el mero hecho de defender sus derechos asociativos".
Eso es lo que denuncia un manifiesto "por la responsabilidad social
corporativa en Cuba", que curiosamente apunta hacia diversos inversores
españoles en la isla, que aprovecharían, según ese
testimonio, la sofocante legislación cubana para efectuar prácticas
empresariales abusivas que en España se considerarían ilícitas
o faltas de ética, y en ningún caso encuadrables en una
normativa democrática.
El fenómeno es cruel si se piensa que al término de 2004
existían en Cuba 364 entidades vinculadas a la inversión
extranjera, procedentes de unos sesenta países. El citado manifiesto,
que suscribe un llamado Grupo por la Responsabilidad Social Corporativa,
habla de la complicidad de esos inversores extranjeros en los abusos,
en la discriminación y las violaciones de las leyes internacionales
de índole laboral, e incluso denuncia que asociaciones de empresarios
españoles "han instado a los distintos gobiernos democráticos
a desvincular de las inversiones económicas en la isla el debate
sobre la violación de derechos humanos ejercida por el Gobierno
cubano".
En la isla caribeña sometida a la dictadura de Castro sucede algo
que a todo español que viviera de cerca la dictadura franquista
tiene que estimularle la memoria. Allí sólo se reconoce
un sindicato llamado Central de Trabajadores de Cuba (CTC), cuya dirección
y control "corresponde" al Estado y, por supuesto, al Partido
Comunista, declarado en los estatutos único órgano rector
de la sociedad.
Sería deseable que los dirigentes hoy democráticos de Izquierda
Unida y del PCE denunciaran esas situaciones o realidades, en lugar de
dedicarse a ignorarlas. Pero lo que es, es lo que es. Los convenios firmados
con la OIT van paralelos en sus violaciones a la prohibición de
sindicatos independientes. Son agencias empleadoras estatales las que
contratan servicios de trabajo para empresas extranjeras, y el pago en
dólares o euros por parte de los inversionistas son naturalmente
convertidos en moneda cubana y retenido un porcentaje elevadísimo
de los salarios. Ni qué decir tiene que la ficha política
del trabajador es palabra decisiva en las contrataciones.
|