
Junio 13, 2006
"La vieja Europa, obligada
a taparse la nariz para seguir siendo solidaria"
Luz Modroño
El pasado 26 de mayo se publicaron en el boletín
oficial del gobierno cubano nuevas amenazas y condiciones contra
las ayudas humanitarias y cooperación económica
en la isla. En forma de disposición reguladora promulgada
por el Ministerio de Inversión Extranjera y Colaboración
(MINVEC) supone, en el fondo y en la forma, condiciones que deberían
ser inaceptables para cualquiera de los organismos afectados ya
sean instituciones privadas, organismos internacionales o Gobiernos
extranjeros, pues a todos ellos afecta la pretensión de
no aceptar colaboración o donativo alguno que impliquen
"condicionamientos políticos, económicos o
sociales" que puedan ser interpretados por las autoridades
como de "injerencia" en sus asuntos internos o vayan
contra "los principios de la Revolución".
Revolución basada en la intolerancia, en
la violación de los derechos fundamentales de todo ser
humano y en el control más absoluto de cada acto o decisión
no sólo de sus ciudadanos sino también de todo aquel
que ose poner sus pies en una isla controlada por un solo hombre.
Revolución que ha asistido al paulatino empobrecimiento
de un país antaño próspero y con futuro,
al que acudían emigrantes españoles en busca de
una mejor calidad de vida que en su país no encontraban.
Castro, irónicamente habla de "injerencia"
a la par que establece como debe ser la cooperación procedente
de países solidarios y prohíbe, en la práctica,
que ésta se vincule a la reclamación de la dignidad
y el respeto a los derechos internacionalmente reconocidos. Dura
ironía que pone en juego la pervivencia de la cooperación
y que implica la negativa a su recepción. Porque, repetimos
una vez más, son condiciones inaceptables para los países
democráticos de los que proceden.
No es la primera vez que se niega la cooperación
internacional. Ya el año pasado y tras el paso del huracán
Dennis, Cuba rechazó la ayuda europea y americana destinada
a paliar los sufrimientos y desastres que el huracán había
provocado. Pero hasta ahora, no se había promulgado una
ley que estableciera las condiciones en que la cooperación
puede ser recibida. No hay país alguno en que a la cooperación
se le pongan trabas y condiciones. Y entre tanto, el sufrimiento
de un pueblo aumenta exponencialmente.
El pueblo cubano necesita de la cooperación
internacional y de la ayuda proveniente de Europa. Sus condiciones
de pobreza y supervivencia, con misérrimos sueldos que
apenas llegan a cubrir sus necesidades básicas y con amplios
sectores de población en situación de riesgo viviendo
en poblados chavolísticos denominados "llega y pon",
con derecho a recibir leche sólo hasta los siete años
de edad, con racionamiento de los alimentos que apenas llegan
a cubrir las necesidades básicas de la población,
la ayuda en cooperación proveniente de la UE suponían
un respiro, un cierto alivio para un país cuyos salarios
medios están en torno a los 14 euros mensuales.
Con la nueva ley, es el propio gobierno cubano
quien impondrá las condiciones que rigen la cooperación
económica recibida del extranjero. Condiciones que no pasan
por una valoración de su efectividad o su necesidad, sino
que pasan por desligar la exigencia al respeto de los derechos
humanos violados sistemáticamente por Cuba de la cooperación
y que chocan frontalmente con los principios que rigen el modelo
social y de respeto a los derechos humanos que caracterizan las
democracias europeas. Principios que son establecidas en un marco
kafkiano y surrealista, de manera unilateral y exclusiva por el
propio gobierno, en una dialéctica de aceptar intolerables
imposiciones o de cometer, en caso contrario, "un delito
grave" contra el Estado cubano, tal como fue afirmado por
los ministros Pérez Roque y Marta Lomas.
Un régimen cerrado al diálogo, impositivo,
que muestra, una vez más, su verdadera cara de prepotencia
y desprecio de las necesidades de un pueblo arruinado, exhausto,
que lucha a diario con la miseria, obligado a elegir entre el
acatamiento o la exclusión, entre la aceptación
de las iniquidades que los mandatarios imponen o entre la amenaza
permanente de prisión si osan reivindicar sus derechos
fundamentales, su reivindicación de la dignidad arrebatada.
Un Estado que ignora las perentorias necesidades de su pueblo
en aras a seguir controlando de manera exclusiva cada movimiento,
cada acción que se realice en la isla.
La nueva disposición obliga expresamente
y por ley a las empresas inversoras y a los gobiernos de países
solidarios, ONG o instituciones a desligar la ayuda o la cooperación
del obligado respeto a los derechos humanos de la población.
Lo que no supone sino una reafirmación de las prácticas
ya establecidas. Hasta ahora los organismos de cooperación
internacional tenían un margen de presión ante el
gobierno cubano condicionando su recepción al respeto de
los derechos fundamentales. Con la nueva disposición, el
gobierno cubano ya no sólo obliga a desligar la cooperación
externa de los principios básicos que animan las relaciones
sociales o económicas de los países democráticos
de los que proceden sino que impone el que éstas estén
en sintonía con las "prioridades" establecidas
por el gobierno.
Prioridades que en el plano social pasan por la
prohibición del derecho a la libre expresión y a
la libre asociación y reunión y, en el plano laboral
a la prohibición de sindicatos libres, a la negociación
colectiva en el marco de las empresas inversoras o al uso pacífico
de cualesquiera de las armas pacíficas tradicionales de
los trabajadores, a la asunción de que el Estado controla
salarios, contrataciones y despidos, y, en definitiva a la violación
de los Acuerdos Internacionales refrendados años atrás
por el gobierno cubano y que ahora, en una nueva vuelta de tuerca
más, obliga a los demás a violar.
Y aún hay más: la nueva disposición
niega la creación de servicios sociales o de distribución
de recursos "paralelos a los establecidos por el Estado cubano"
La nueva ley, de 15 artículos, establece rígidos
controles a instituciones, fundaciones, ONG, y otros organismos
cubanos receptores de cooperación extranjera que deberán
someterse a rigurosos mecanismos de control. Todo atado y bien
atado. El gobierno es el único que decidirá qué
recibe, cómo lo recibe y a quien va destinada la ayuda
pues la propia ley establece que, en ningún caso, la cooperación
puede "favorecer" a "sectores de la población
por razones étnicas, religiosas o de nacionalidad".
Nuestra pregunta ahora es ¿hasta cuándo?
¿hasta cuando el pueblo cubano podrá seguir soportando
tal estado de cosas? Y ¿hasta cuándo los países
democráticos seguirán aceptando unas condiciones
impuestas unilateralmente por un gobierno absolutista y tiránico,
de todo punto inadmisibles por sus Estados de procedencia? Diplomáticos
y cooperantes europeos reconocen el acrecentamiento de las nuevas
dificultades para la cooperación impuestas por el régimen.
Y ello en el reciente marco de la nueva decisión de la
Unión Europea de seguir manteniendo la suspensión
temporal de las sanciones impuestas a Castro por su violación
permanente de los derechos de la población cubana. Y frente
a tal decisión, en cuyo análisis ahora no entramos,
la decisión firmemente expresada por Pérez Roque,
ministro de Relaciones Exteriores, y Marta Lomas, ministra del
Minvec, de seguir rechazando la cooperación oficial europea
en castigo por las sanciones diplomáticas adoptadas en
el 2003 tras el arbitrario encarcelamiento de 75 opositores. Aunque
nuevamente, la UE ha decidido dejar dichas sanciones en suspenso.
¿Ironía, sarcasmo, desprecio? Pongan ustedes el
adjetivo que consideren más adecuado.