Septiembre 2005
El
sindicalismo independiente cubano
Luz Modroņo, miembro del Grupo Internacional
por la Responsabilidad Social Corporativa
Diálogo, negociación, derechos laborales,
sindicales, OIT, justicia, convenio, negociación, derecho
de huelga, defensa de intereses de los trabajadores... son términos
que el diccionario laboral cubano no contempla, a pesar de que el
gobierno cubano ha suscrito varios acuerdos propuestos por la Organización
Internacional del Trabajo. Y son términos que los trabajadores
cubanos, víctimas silenciosas y silenciadas de la historia
fabricada a fuer de golpes, amenazas, encarcelamientos temen cuando
las escuchan de otros labios porque son sinónimos de ilegalidad
y disidencia.
Aferrados a la incierta posibilidad diaria de sobrevivir
fuera de los barrotes de las cárceles cubanas y de escapar
a una justicia y unas leyes hechas a medida del legislador que no
reconoce loa presos de conciencia y entre amenazas, extorsiones,
persecuciones y encarcelamientos, actos de repudio y condenas que
pueden ir de los 16 a los 30, 35 años los sindicalistas independientes
cubanos luchan por hacer llegar a los trabajadores el conocimiento
de sus leyes laborales que el propio gobierno incumple, y que el
único sindicato legal les niega. Víctimas de sus propios
verdugos-defensores, los trabajadores cubanos son sometidos a condiciones
abusivas de trabajo sin posibilidad de recurso o defensa.
Una encuesta reciente efectuada por el Movimiento
Sindical Independiente de Cuba -24 de marzo de 2004- puso de manifiesto
el desconocimiento absoluto de los trabajadores acerca del Código
de Trabajo o Ley 49, así como de los recursos que pueden
utilizar para denunciar o reclamar la violación de sus derechos
sociales y laborales. Mecanismos que, dicho sea de paso. Tendrían
poca posibilidad de prosperar en un entorno donde el patrono es
el propio Estado y el único sindicato legal y, por tanto,
con posibilidades de negociar y defenderles, es una vieja rama del
tronco madre y su brazo derecho. Quizás a los sindicalistas
españoles de UGT y CCOO, sobre todo a los viejos protagonistas
resistentes y supervivientes de aquella España macabra, les
evoque algo esta historia. Aquí se llamaba Sindicato Vertical.
Tanto la negociación colectiva como el convenio
colectivo de trabajo son términos inexistentes y meras falacias
idiomáticas carentes de significado en una economía
donde el patrono es el propio Estado. El hecho de que Cuba sea signataria
de 88 convenios de la Organización Internacional del Trabajo
sigue siendo otra retórica neoliberal de la que el gobierno
de la dictadura socialista cubana puede mofarse.
El gobierno y la CTC, su único sindicato,
propietarios de toda la fuerza económica del país,
asigna a cada trabajador su puesto laboral, más allá
de su propia capacitación profesional y en función
de su fidelidad al régimen. Más allá de la
experiencia o la sabiduría del trabajador en el desempeño
de su labor, el ascenso o descenso de categoría profesional
está unida a los servicios prestados a la "revolución"
y se utiliza como arma arrojadiza para acallar protestas o reclamaciones.
La arbitrariedad utilizada como arma por la CTC contra los trabajadores
que osan manifestar su descontento o su disconformidad, se paga
cara. En el país donde las leyes son utilizadas en provecho
de los objetivos que en cada omento tenga el poder, el trabajador
puede ser desplazado de su puesto de trabajo o expulsado de la vida
laboral si su actitud de descontento o protesta traspasa los límites
considerados tolerables por la CTC. Si esto último ocurre,
desaparece la única posibilidad de comer una vez al día
-aún con los desequilibrios nutricionales que supone una
cesta compuesta básicamente de frijoles y arroz- porque simplemente
no volverá a asignársele ningún puesto de trabajo.
La exclusión social y el hambre son espadas de Damocles bien
afiladas apuntando certeramente al centro corporal de cada cubano.
Cuestión que sí se le hace saber y que conoce bien.
La sistemática represión ejercida
sobre los sindicatos independientes y los efectos mediáticos
propagandísticos sobre una población atemorizada,
reviste a los sindicalistas de un aura de heroicidad. No obstante,
los sindicalistas independientes han sido capaces de crear una amplia
estructura organizativa que se extiende por todo el país.
Con delegados provinciales que se coordinan a partir del uso de
precarios medios informáticos y tecnológicos -está
prohibido el uso de Internet, restringido el correo electrónico
y pinchados los teléfonos- centran su trabajo en la denuncia
permanente de los abusos cometidos sobre los trabajadores y en una
labor formativa e informativa coordinada y gestionada desde La Habana.
Existe en esta ciudad un Centro Nacional de Capacitación
Sindical y Laboral que, además de impartir cursos de formación
realiza estudios e investigaciones sobre temas sociolaborales.
En el país del disimulo y la desinformación,
los datos sobre la economía real del país y el funcionamiento
o rentabilidad de las empresas son de difícil acceso y, desde
luego, inaccesibles para los sindicalistas independientes.
Igualmente, las constantes quejas enviadas por la
CIOSL y la Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT) son cuando
menos desoídas y más frecuentemente tildadas de responder
a intereses neoliberales. Así mismo, ambas centrales son
acusadas de ser lacayos del Imperio y de responder a campañas
de descrédito contra Cuba y/o de estar desinformadas. No
obstante, la visita a la isla de delegados internacionales sindicalistas,
periodistas o activistas de derechos humamos está prohibida
fuera de los cauces gubernamentales.
Sin embargo, es bien cierto que el gobierno invita
de vez en cuando a diversas centrales sindicales consideradas "amigas"
a conocer el país, guiados y conducidos por miembros de la
CTC. Paralelamente, es necesario e inevitable preguntarse por la
objetividad de la información recabada cuando los sindicatos
independientes son proscritos y, en consecuencia, no es posible
contrastar los datos ofrecidos gubernamentalmente con los ofertados
por sindicalistas o periodistas independientes. La objetividad no
puede ser unilateral so pena de dejar de serlo. Las centrales sindicales
que tienen la dicha de ser invitados por el gobierno cubano y su
sindicato harían bien en exigir una información completa,
contemplada desde los distintos ángulos de la realidad social
y laboral y en asomarse al otro lado del espejo.
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