Diciembre 5, 2005
Los éxitos de la revolución cubana: Propaganda y demagogia
Luz Modroño, 5 de diciembre de 2005.
Uno de los parámetros que son usados por la ONU para medir
el grado de desarrollo y consolidación de cualquier sociedad
es tanto el vigor de los servicios públicos como que el alcance
de éstos sea extensivo a toda la población. Así,
uno de las primeras cuestiones a las que debería atender
cualquier gobernante sería el cabal funcionamiento de aquellos
asuntos que contribuyen a elevar el nivel de bienestar de sus gobernados.
La dictadura castrista alardea en cuanto foro internacional es convocado
al efecto de tener uno de los sistemas sanitarios y educativos más
eficientes y perfectos del orbe, muestra del éxito de la
revolución.
Sin embargo, es necesario detenerse un tanto en estas cuestiones
para comprobar en que medida la realidad se ajusta a la propaganda.
La propaganda y la demagogia han envuelto la realidad cubana en
un sueño de caduca utopía para los que no deben sufrir
el cotidiano transcurrir de los días en una isla maltratada
y arruinada y en una pesadilla dantesca de la que es prácticamente
imposible escapar para los que nacieron en ella. Propaganda y demagogia
que se yerguen como una coraza medievalista entre el pecho y la
espalda de un pueblo arto de sufrir.
La educación, las carreteras, la agricultura o los servicios
son sectores de enorme interés pero la sanidad o la justicia
constituyen cuestiones de vida o muerte. Vida o muerte individual
y vida o muerte democrática. En cuanto a la justicia, ¿qué
decir de un país que mantiene entre rejas a más de
trescientos presos de conciencia, que utiliza a los ciudadanos para
convertirse en represores de otros ciudadanos, en una espiral de
odio y enfrentamiento, en artífices de escandalosos actos
de repudio donde la violencia física y verbal son armas legalizadas
y justificadas, donde se prohíbe la expresión crítica
de cualquier opinión, donde el derecho de asociación
es perseguido? ¿Qué puede pensarse de un país
como Cuba donde el sistema judicial carece de independencia del
poder político? Ya en 1789, una de las primeras y más
altas conquistas del nuevo orden social que estaba creándose
fue el establecimiento de la independencia del poder legislativo,
ejecutivo y judicial como único garante de unos derechos
político-sociales que estaban rompiendo la sociedad del Antiguo
Régimen. En Cuba dicha independencia es una falacia más,
nunca reconocida por la dictadura castrista. Castro acumula bajo
su persona todo el poder, como un viejo reyezuelo absolutista dueño
de haciendas y vidas. Muerte democrática, pues, para todos
los que no rinden pleitesía al dueño absoluto de Cuba.
La vieja consigna de Castro de Patria o muerte se ha
convertido en un triste grito de guerra contra el propio pueblo
cubano. En cuarenta y siete años de dictadura, la patria
es hoy un reducto feudal para los que detentan el poder y de la
que han quedado excluidos los que no repiten automáticamente
las consignas dictadas por el gobernante; la muerte se ha instaurado
en la epidermis del cubano que debe sobrevivir a base de una precaria
alimentación basada en ingentes cantidades de arroz y frijoles
y de una falta de asistencia médica, farmacéutica,
hospitalaria, que niega la existencia de enfermedades como el sida,
la epilepsia o el síndrome de down. Muerte lenta por desnutrición,
por falta de higiene, por insalubridad... o más rápida
por la inexistencia de los mínimos requisitos sanitarios
y hospitalarios que aseguren la curación de cualquier tipo
de enfermo, como ha denunciado recientemente la doctora Sandra Domínguez.
Hospitales insalubres, donde los mosquitos, las cucarachas y otros
especimenes pasean cómodamente entre salas desconchadas,
húmedas y agrietadas que conviven entre basuras amontonadas,
camas rotas, ventanas desvencijadas, cuartos de baño sin
grifos o sin agua potable, hacinamiento, salas de urgencias que
son pasos que comunican unas calles con otras y por las que cualquiera
puede transitar, material quirúrgico insuficiente, ruinoso
en ocasiones y en otras abandonados en cualquier rincón.
Falta de antibióticos de amplio espectro, de analgésicos.
Abrumadora escasez de sangre para transfusiones. Ambulancias que
son carros tirados por caballos. Alimentación desequilibrada,
insuficiente tanto para enfermos como para el personal sanitario.
Desnutrición. Farmacias abundantes en telas de araña
y parcas en medicamentos. Y, entre tanto, cientos de miles de médicos
y medicinas son enviadas a Venezuela como parte del programa de
colaboración entre Hugo Chaves y Fidel Castro. Es la revolución
bolivariana.
Diariamente, el cubano debe asistir impasible a la exaltación
de las conquistas revolucionarias en materias como la educación
o la sanidad mientras contrasta resignada y estoicamente la realidad
incontrovertible. Porque dudar de la exquisitez de tales conquistas
será propaganda imperialista, campañas contrarrevolucionarias
diseñadas por la CIA y extendidas por los gusanos
al servicio de la contrarrevolución. Y, en consecuencia,
aquellos que entran en tal categoría hostigados, perseguidos,
víctimas de actos de repudio, agredidos por las turbas o
encarcelados. Actualmente, seis médicos están entre
rejas por intentar defender derechos humanos o pretender ejercer
su profesión con la dignidad que exige el servicio a los
demás.
El Dr. Dersi Ferrer, el Dr.Tomás Fuentes, el Dr. Domingo
Lezcano, la Dra. Sandra Domínguez, la Dra. Florencia Cruz,
el Dr. Arturo Pedro, la Dra. Elcine Guillot, el Dr. Richard Acosta,
el Dr. Sergio Ríos, el Dr. Orestes Campos... son médicos
cubanos perseguidos, amenazados, víctimas de actos de repudio,
citados por la Seguridad del Estado, asaltadas sus casas, requisadas
sus pertenencias entre las que pueden encontrarse documentos, medicinas,
ordenadores... elementos inocentes y consustanciales a su profesión
que sólo en los parámetros de una dictadura como la
castrista pueden ser considerados peligrosos y armas de desestabilización
de los ideales revolucionarios.
El delito cometido por este equipo de médicos es el de trabajar
de manera autónoma, independiente del Estado, tratando como
sostiene Dersi Ferrer de identificar los principales problemas imperantes
en el sistema sanitario, señalar posibles soluciones, desarrollar
acciones que atenúen carencias y limitaciones del propio
sistema, ofrecer atención gratuita a personas necesitadas,
visitar comunidades con un alto nivel de pobreza y abandono, regalar
medicinas, ropas, juguetes, exigir al gobierno la realización
de campañas informativas como primera medida preventiva ante
epidemias y enfermedades... delitos todos ellos, como puede apreciarse,
dignos de castigo y reprobación.
La ONU sostiene como primordial tarea de los gobiernos en su lucha
contra las pandemias la elaboración de campañas de
prevención que posibiliten el cambio de comportamientos de
la población frente a la enfermedad. El gobierno cubano castiga
a los profesionales que reclaman dichas campañas. El síndrome
VIH/SIDA es tratado como inexistente en Cuba. Pero sus víctimas
son excluidos sociales, no son respetados sus derechos a la confidencialidad
de sus datos, apenas son atendidas ni médica ni social ni
farmacéuticamente, son víctimas de discriminación
en sus empleos, reciben una pésima alimentación, son
marginados, recluidos en sanatorios. Mientras tanto, miles de médicos
salen de Cuba como pago a las deudas de Castro.
¿Qué pretexto arguye el gobierno para mantener tal
estado de cosas? ¿el bloqueo imperialista? ¿Problemas
de presupuesto? Si el problema consiste en la falta de presupuesto,
la conclusión es, por homotecia, una absoluta falta de democracia,
una absoluta ausencia de derechos humanos que no por más
repetido deja de ser menos realidad. ¿O es acaso un absoluto
desinterés y desprecio por el pueblo gobernado? ¿Podría
sostenerse cualquier gobernante actual, en cualquier país
democrático del mundo, con una política sanitaria
como la ejercida en esta isla? ¿No estaremos hablando, una
vez más, de justicia? ¿La solución es perseguir,
acosar al profesional que pretende ejercer con la dignidad inherente
a su profesión y en la obligación contraída
con el juramento de Hipócrates, su tarea de servicio a la
comunidad? ¿Qué decir de los gobernantes que muestran
de esta manera su desprecio al pueblo al que deben servir? ¿No
quieren encontrar soluciones, no les importa, se les olvida, tienen
otras cosas que hacer? ¿Y qué decir de todos aquellos
que fuera de las fronteras cubanas siguen justificando, alabando
el sistema dictatorial castrista, siguen sin querer enterarse, negando
la evidencia y siendo cómplices de la agonía, de la
muerte instaurada en el alma y los cuerpos del pueblo cubano? ¿Cuántas
voces se alzan entre los demócratas del mundo ante situaciones
semejantes ocurridas en otros lugares del planeta? ¿Por qué
en Cuba no?
Si los éxitos de la revolución cubana pueden medirse
por los logrados en estas dos parcelas, la sanidad y la justicia,
el balance de la misma queda sobradamente demostrado, no necesita
otros espejos. El azogue no está empañado. Muy pronto
la ciudadanía juzgará adecuada, justamente, directamente,
a los responsables. Y por fin la contemporaneidad se instaurará
en Cuba.
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