Diciembre 15, 2005

El protagonismo del pueblo cubano ante el futuro o el derecho a decidir

Luz Modroño.

La oposición cubana tiene ante sí un importante reto histórico. Con una sociedad civil débil, donde la incipiente clase media es ahogada por el Régimen impidiendo su desarrollo y consolidación y en la que son permanentemente perseguidos cualesquiera intentos de progreso y avance económico con caprichosas multas, embargos o amenazas, la participación social en la reconstrucción de un país destruido deviene en una incógnita peligrosa.

El protagonismo del cambio social ha recaído históricamente en la clase media, lo que en Cuba presenta serias dificultades por el simple hecho de su difícil sostenimiento y su casi inexistencia. El cambio debe fraguarse en torno a la participación activa de una población a la que durante casi medio siglo se le ha negado el derecho elemental a tomar sus propias decisiones, con capacidad de respaldar el liderazgo político de las organizaciones de oposición que deberán, a su vez, mostrar su capacidad de consenso y articular puntos de acuerdo y encuentro más allá de las discrepancias existentes, normales, necesarias y positivas en el juego democrático de todo Estado de Derecho.

Todo aquel que crea decidida y firmemente en el sistema democrático reconocerá que es el pueblo cubano el único protagonista de su destino y que sólo él tiene autoridad para tomar decisiones y elegir libremente su propio futuro. Nadie más puede irrogarse el derecho a intervenir en una decisión que sólo a la sociedad cubana corresponde. Y ningún demócrata, tampoco, podrá dejar de acatar la decisión soberana del pueblo cuando se haga patente y sea la que sea. Es ésta la regla suprema de la democracia y su olvido acaba siempre generando más sufrimiento y pesar a la ciudadanía.

La oposición cubana, muy fragmentada y de enorme complejidad deberá encontrar espacios de diálogo y negociación en un clima de tranquilidad y normalidad democrática. Pero el ejercicio democrático, caracterizado por la tolerancia y el respeto a las ideas del contrario, es una tarea ardua y difícil que en Cuba ha sido negada. Hasta la fecha, el sistema más justo y respetuoso con el reconocimiento de los derechos humanos ha sido la democracia parlamentaria que asegura la participación en espacios de libertad de todos y cada uno de los ciudadanos que componen el tejido social más allá de clases sociales, poder adquisitivo o cualesquiera otros determinismos. Un hombre, un voto. Pero si esto es cierto, también lo es el hecho de ser el de mayor complejidad y el que acapara las mayores dificultades para el ejercicio de su praxis y sostenimiento. Un exquisito ejercicio de tolerancia, diálogo y renuncia, de negociación y acuerdo.

La tarea, pues, de encontrar esos espacios de negociación no es nada fácil cuando cualquier intento de participación social, económica o cultural fuera de los cauces impuestos por el Régimen ha sido perseguido y abortado durante casi medio siglo. Pero sus dificultades en modo alguno presupone que no sea posible.

En los últimos tiempos y ante la previsible cercana transición, los esfuerzos que se están realizando por crear esos espacios de diálogo a los que aludimos, son realmente encomiables. Prueba de ello son los documentos "Pilares para un Consenso Cubano" y "Juntarse, Palabra de Orden". En dichos documentos, se exponen las líneas básicas de actuación para el próximo futuro. La primera de ellas, la excarcelación inmediata de todos los presos de conciencia que actualmente superan la cifra de trescientos, y que como bien es sabido, no paran de aumentar.

Un futuro que debe ser protagonizado por los cubanos y en el que ninguna potencia exterior se irrogue lo que sólo a los cubanos corresponde. El objetivo básico y trascendente de la transición cubana ha de ser la configuración de un Estado de Derecho en el que la soberanía sea realmente devuelta a la sociedad en un clima de auténtica democracia y juego pluripartidista.

La comunidad internacional debería jugar un papel decisivo no como artífice del cambio que, repetimos, corresponde en exclusividad al pueblo cubano, sino como observadora imparcial y apoyo a la transparencia electoral. El papel de la comunidad internacional no deberá pasar por sustituir la voluntad del pueblo sino en ayudar a crear las condiciones que permitan la asunción de un Estado de Derecho. Demasiado tiempo ya la voz del pueblo ha sido ultrajada, secuestrada. Todos los esfuerzos que se realicen en esa línea supondrán la única garantía de conquista de la normalidad democrática.

En dicho proceso, es imprescindible que la Comunidad Internacional adopte una posición común que ayude a la creación de las bases imprescindibles que posibiliten la transición. El papel que la Unión Europea debe jugar pasa por la asunción de un consenso dentro de las distintas fuerzas políticas del espectro parlamentario como única garantía para avanzar en la consolidación de las bases necesarias que impidan el estallido de enfrentamientos sociales, realidad que no puede ignorarse dado el clima de rencor y odio auspiciado por el propio dictador, en el seno de la sociedad cubana. La política de enfrentamiento y las disensiones dentro de la Comunidad Internacional sólo provocan el que Castro gane tiempo y la oposición interna tanto como la sociedad en su conjunto se vea sin apoyos internacionales.

Europa deberá seguir denunciando con valentía y coraje cada atropello, cada abuso de poder cometido contra la sociedad cubana. Y deberá seguir exigiendo la transición hacia la instauración del sistema democrático, apoyando sin fisuras y sin vacilaciones a las fuerzas de la oposición, sean partidos políticos o sindicatos.

El tiempo del coqueteo con un gobierno tiránico mientras el sufrimiento del pueblo no cesa de acrecentarse debe ser relegado. No es posible contemporizar con el que prohíbe, persigue y encarcela cada reclamación de justicia y reconocimiento de derechos inviolables. No es posible contemporizar con dictadura alguna, independientemente del color con que ésa quiera vestirse. Porque las dictaduras no tienen color, son simplemente dictaduras, esto es, la imposición mediante el uso de la violencia de la voluntad de quien detenta el poder sobre el conjunto de la población. La pasada Cumbre Iberoamericana dejó perder una oportunidad de oro para la adopción de una posición común de condena al régimen castrista. Hablar hoy de Posada Carriles o del embargo americano es coquetear con el sufrimiento de todo un pueblo. No permitamos que un día la historia, que sin duda juzgará al dictador cubano, deba juzgar también a los que no supieron dar su apoyo incondicional a los reos de la iniquidad.

Es necesario demostrar al pueblo cubano que Europa está a su lado, que no se contemporiza con una brutal dictadura que ha anulado y envilecido a todo un pueblo y que le ha llevado hasta la mayor de las ruinas sociales, físicas, económicas y morales. Cuba hoy es un Estado fracasado donde la violencia se ejerce contra el propio pueblo indefenso, lo que dificulta sobremanera cualquier intento de diálogo, cualquier negociación. política.

La comunidad internacional debe exigir el cumplimiento de las leyes internacionales en materia de derechos humanos y debe elaborar una estrategia política y moral dirigida no tanto al propio gobierno como a la población civil, víctima permanente de las tropelías gubernamentales. El objetivo debe ser doble: negar el apoyo a la política dictatorial y crear una situación donde se perciba claramente que es el pueblo el apoyado, el refrendado. El respaldo de la Comunidad Internacional a la disidencia y a la población en general debe ser prioritario en las agendas políticas de todos y cada uno de los gobiernos democráticos del mundo libre. Es necesario elaborar una estrategia dirigida a dar apoyo y confianza a la sociedad cubana. Es imprescindible tanto respaldar los esfuerzos democratizadores de las organizaciones opositoras cubanas como exigir el cese de la represión y el hostigamiento. Lamentablemente, las disensiones dentro de la Unión Europea son justamente lo que más favorece y ansía el régimen castrista para continuar con su política de barbarie.

Noviembre 2005