Diciembre 21, 2005
¿Sabía usted que en Cuba hay más de trescientos presos
de conciencia?
Luz Modroño.
Hiere el alma y la inteligencia. Hiere el corazón. Más
de trescientos presos de conciencia purgan el delito de disentir
entre rejas y presos comunes. Entre ratas y aislamiento. Entre exclusión
social y marginación. Más de trescientos presos de
conciencia siguen pagando altas penas de prisión por el mero
hecho de pensar diferente y osar expresar su pensamiento en voz
alta. Por escribir sobre la realidad de la que son protagonistas.
Por aspirar a que sus derechos como ciudadanos sean reconocidos.
Por mostrar un espíritu crítico son perseguidos, anulados
como ciudadanos. Acallados y golpeados. Sobre ellos recaen las peores
penas, las iniquidades más abrumadoras e indignas que un
Estado puede ejercer contra sus ciudadanos. Hombres y mujeres que
luchan por existir, por su identidad. Pero tropiezan contra un muro
hecho de intransigencia, un muro que no los reconoce como seres
con dignidad y los niega.
Porque son castigados por el ejercicio del más alto valor
que inspira la conducta del ser humano: Su derecho a opinar, a criticar,
a disentir. Víctimas de verdugos que ejercen, amparados en
el uso de la fuerza legitimada por la posesión de aparatos
represivos y cárceles, la violencia contra sus semejantes.
Imbuida de los ideales de izquierda que parecían haber
tomado cuerpo en la revolución cubana, fui el pasado verano
a Cuba. Desde hace mucho tiempo lucho desde distintas organizaciones
de izquierda, partidos políticos, sindicales y de derechos
humanos por una sociedad más justa, equitativa, solidaria
y libre. Fui a Cuba con miles de interrogantes. Los actos de la
Primavera Negra del 2003 en los que setenta y cinco personas fueron
detenidas y condenadas a largas penas de prisión me helaba
el corazón y la inteligencia. Pero quería observar
con mis propios ojos. Y sacar mis propias conclusiones. Así
lo hice. Pero la realidad con la que me encontré fue mucho
peor que la que creí que me encontraría. En mi interior
resonaban con fuerza las palabras de Voltaire No estoy de acuerdo
con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a
expresarlo.
¿Por qué en Cuba, que exporta fuera de sus fronteras
ser paladín de la democracia, la justicia, la equidad, los
derechos humanos... se prohíbe el parlamentarismo y se persigue
con tanta saña al opositor? ¿Tan frágil es
el sistema que necesita defenderse con rejas y golpes de terroristas
que sólo cuentan con las armas de su propia palabra y pensamiento?
¿Por qué tanto temor hacia los que muestran su oposición
al régimen? ¿Por qué tanto miedo a que su verdad,
la verdad de los que detentan el poder, pueda ser contrastada por
los que opinan diferente? Preguntas inocentes cuya simple enunciación
adquieren rango de amenaza.
Discípula de la URSS, Cuba ha intentado crear un "hombre
nuevo". Los ingenieros de la revolución imaginaron un
espécimen humano nuevo, modelado por una cultura programada
y el territorio nacional como un espacio único, planificado
y homogéneo, habitado por ciudadanos iguales y también
idénticos. La diversidad quedaba radicalmente excluida. Aunque
fuera necesario recurrir a la agresividad, a la violencia de Estado,
a la xenofobia. La agresividad del Estado contra los ciudadanos
se legitimaba. Se creaba un Estado totalitario, excluyente, empapado
de ideología nacionalista. Se afianzaban los instrumentos
que posibilitaran la creación de hombres y mujeres obedientes,
sumisos, fieles seguidores de la Idea. Para ello, la escuela. Y
también seres temerosos, en ocasiones con un miedo paralizante,
a los que sólo quedaba como espacio la sumisión, el
silencio o la valentía. Para ello el Ejército y la
policía.
El programa ideológico de la revolución anuló
la Constitución de 1940 y convirtió a Cuba en una
verdadera cárcel invisible en la que está encerrada
la sociedad cubana. Incapaz de comprender lo diverso, la integración
y transformación de todo un pueblo en la uniformidad no es
tarea fácil. Es necesario incrementar cada vez más
la espiral de la represión, la persecución, la intolerancia.
Obsesionado con el enemigo exterior, el virus que se infiltra en
el tejido social, el poder cubano ataca sin piedad a los que intentan
mostrar la auténtica cara de la revolución mientras
transforma en terroristas al servicio de aviesas organizaciones
enemigas exteriores a todo el que intenta mostrar la realidad de
la cultura, la economía o la sociedad cubana actuales. Un
antiimperialismo obsceno que sólo ha provocado el rechazo,
el aislamiento y el sufrimiento de todo un pueblo y que hoy se muestra
no sólo como obsoleto sino como un verdadero estorbo.
En los próximos días se lanzará en España
toda una campaña de apoyo y solidaridad para con los cinco
espías del gobierno cubano detenidos en Miami. Abruma el
silencio para con los más de trescientos presos de conciencia
sometidos a tratos degradantes en las tétricas cárceles
cubanas. Abruma la ignorancia de los que, escudados tras valores
de democracia e igualitarismo, justifican el encarcelamiento y la
persecución de poetas, periodistas, médicos, sindicalistas,
miembros de partidos políticos, sociedad civil, y tratan
de elevar su voz en la defensa de los cinco miembros gubernamentales
detenidos y encausados. No es la campaña en sí misma
lo que despierta preocupación o rechazo. En un país
libre como es la España de hoy cualquier ciudadano o grupo
de ciudadanos está en el derecho inviolable de defender aquellas
causas que considere dignas de su interés. Es la doble moral
lo que está en juego. Es la activación de odios y
enfrentamientos que dividirá, una vez más, a la sociedad
civil. El discurso es el mismo: el antiimperialismo amenazador,
el victimismo, la ocultación de la realidad,
Mientras la oposición cubana opta por el diálogo,
la negociación, la reconstrucción de una Cuba hoy
arruinada y la instauración de la democracia y el reconocimiento
del derecho de todos los ciudadanos a existir, el gobierno cubano
y las organizaciones españolas de apoyo al gobierno -que
no al pueblo cubano- invertirán miles de euros en llevar
a cabo una campaña mediática de defensa de un sector
de la población: aquellos que representan al régimen.
Lo que se defiende es "su" Cuba, la de los comandantes
que se apropiaron del país hace casi medio siglo y que consideran
a la isla su feudo particular.
Una campaña que pospone la dignidad colectiva a los intereses
de un gobierno. Porque un gobierno que mantiene entre rejas a una
gran parte de su población por el mero hecho de disentir
se convierte de manera automática en un gobierno indigno.
El eje de la campaña "¿Sabía usted que
hay cinco cubanos presos en las cárceles de EEUU?" podría
sustituirse por "¿Sabía usted que hay más
de trescientos presos de conciencia cubanos en las cárceles
de Cuba?". Quizás de esa manera se podría empezar
a equilibrar la balanza de la justicia y el descrédito de
la propia campaña no sería tan fulminante. La única
campaña legítima posible es aquella que abogue por
la exigencia del reconocimiento del contrario, de la diversidad
cultural, ideológica, del pluralismo partidista. Del reconocimiento
de la igualdad de derechos y deberes para todos los ciudadanos.
Del reconocimiento de la dignidad colectiva.
Diciembre de 2005
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