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Sastre a la medida
LA HABANA, octubre - Como la indumentaria demócrata de la
revolución cubana se encuentra hecha jirones por 44 años
de uso ininterrumpido, se precisan servicios de un sastre que intente
remendar un género estrujado por la historia de un sistema
totalitario.
Y para zurcir el paño del internacionalismo, los harapos
de la independencia, el pelaje de una virtud fuera de moda, llegó
a Cuba Alfonso Sastre, un modisto español especializado en
componer libros sobre Anatomía del realismo y Crítica
de la imaginación, entre otros diseños que responden
al tipo de uniforme que necesita el desgastado ajuar de la revolución,
todavía en paños menores por las pasarelas de la libertad.
De forma inmediata, los sastrecillos valientes de la nomenclatura,
junto al Coco Chanel de los remiendos políticos, se pusieron
a cortar leva a cuanta persona, país continente o sistema
rechace el modelo sado-socialista diseñado para los esclavos
de cualquier sexo o edad.
Tijera en mano, el ilustre modisto la emprendió contra España,
específicamente contra el Partido Popular, por cometer la
atrocidad jurídica de cerrar el diario vasco Euskaldunon
Egunkaria, sin averiguar si ese sayo tenía hilos provenientes
de los terroristas de ETA.
Asimismo, y ajustándose al corte y la costura que más
gusta a los dandies del gobierno cubano, hizo tiras a quienes se
"descolgaron" de la revolución por la ola de encarcelamientos
efectuada en marzo contra los disidentes y periodistas independientes
de la Isla, y calificó de andrajos el ropaje mediático
de las democracias, por considerarlo una "malversación
de la opinión pública internacional".
Siguiendo con su técnica de cortar aquí, tejer allá,
siempre a favor de su modelo de casaca roja con martillo bordado
en las mangas, una hoz ribeteada en los faldones, y ceñida
al cuerpo, el también poeta, ensayista, dramaturgo y narrador
rasgó en pedazos el atuendo del pluripartidismo tradicional,
a su entender carente de utilidad por el aspecto anárquico
que presenta, además de no respetar la libertad de expresión.
¿Acaso no sabe el eminente Sastre que la primera acción
de su ponderado modelo comunista fue cerrar las emisoras radiales
Cadena Oriental de Radio, Unión Radio y Reloj de Cuba, así
como los diarios Ataja, Alerta, Mañana, Tiempo en Cuba, Diario
de la Marina, entre otros medios informativos de la Isla, para defender
la libertad de expresión, pero de un solo bando, el de los
vencedores?
¿No está enterado de que la más mínima
alusión crítica a un dirigente o lineamientos del
Partido conduce a los transgresores a la cárcel, acción
que sin embargo él realiza sin temor de que a su regreso
a España sea detenido?
Es muy fácil mentar la soga en casa del ahorcado sentado
a la mesa con los causantes y no con los dolientes.
Para nada es un heroísmo gritarle todo tipo de improperios
a personas o gobiernos atados de pies y manos por el respeto a una
real libertad de expresión.
Mundialmente desconocido por "su incongruencia con el pensamiento
políticamente correcto", según Carlo Frabetti,
presidente de la Alianza Antiimperialista, el modisto ha logrado
en Cuba sus 15 minutos de fama, y muchos más, al sumarse
a la fila de maniquíes que pretenden descalificar cualquier
otra opción que muestre un holgado ropaje donde se encuentren
a sus anchas todas las libertades, sin ningún otro corset
que no sea el de la justicia y la dignidad.
Esa realidad de una Cuba sin la cual Alfonso Sastre hubiera sido
gris es una visión truncada, en la que no existe otra cosa
que recortes, encarcelamientos, exilios y marginaciones para quienes
no usen el disfraz que vino a zurcir.
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