|
El recalcitrante
LA HABANA, octubre (www.cubasindical.org) - "Yo no he roto
con Cuba", título de una entrevista realizada por la
periodista Rosa Miriam Elizalde en Lanzarote, Canarias, al Premio
Nobel, es una trampa semántica para cazar incautos en contraposición
a la precedente expresión del escritor luego de la ola represiva
desatada en Cuba: "Hasta aquí he llegado".
El texto, publicado en el Juventud Rebelde dominical, se adentra
en las posibles contradicciones y retractación del escritor,
y de forma sibilina va dictando las pautas de un propósito
coaccioso que Saramago refuta con una naturalidad y conciencia fuera
de corrientes ideológicas, apreciaciones estéticas
y compromisos formales que no sean con el derecho a la libertad
del hombre.
Luego de una introducción que aborda temas como la obra,
el amor y la memoria, Rosa Miriam Elizalde, como buena vocera de
la revolución cubana, se adentra por los vericuetos personales
y creativos del autor a través de la admiración y
el doblaje, y desemboca, mediante alusiones, puntos referenciales
y preguntas directas en lo que sin dudas era el propósito
esencial de su entrevista: el compromiso del escritor con el gobierno
de Cuba y el comunismo.
A partir de la nada gratuita pregunta "¿Por qué
su obsesión con las islas?" y usando como señuelo
otra isla famosa de Saramago, El cuento de la isla desconocida,
la periodista abona el terreno para obtener el compromiso del escritor
con las medidas aplicadas contra la emergente sociedad civil cubana,
así como su apoyo a las constantes denuncias formuladas por
las autoridades de Cuba contra lo que no responda o que contradiga
sus intereses.
Pero Saramago no es un improvisado, y mucho menos un pensador de
ocasión, pues si hasta la ola represiva mantuvo su cuestionable
apoyo al gobierno de Cuba, la ruptura ética con él
-más allá de puntos de contacto y afinidades teóricas
que mucho afectan al creador- en nada cambia su honesta percepción
del mundo y tampoco su aprecio por el pueblo cubano.
Llegado al tema del compromiso, y para comenzar con un concepto
inherente a toda la humanidad, la entrevistadora tiende sus redes
tropológicas desde un libreto profundamente estudiado, al
preguntar si la justicia es para el escritor un horizonte inalcanzable,
a lo que éste responde que "la justicia está
ahí, y funciona todos los días, y es la justicia posible
con la libertad, con otros atributos".
Huyendo de una respuesta que no le gustó mucho, la entrevistadora
se empecina en tocar el tema del compromiso, comprendido como estancamiento
similar al de su gobierno, y haciendo énfasis en los principios
inalterables del escritor -aunque se niegue la dialéctica-
le expresa un ¿elogioso? "no quedan dudas, Saramago
sigue siendo un comunista recalcitrante, como lo llamó L'osservatore
Romano.
El autor del Ensayo sobre la ceguera, La balsa de piedra y El hombre
duplicado, entre otras obras que le abrieron las puertas del Nobel
de Literatura, le respondió el piropo de la siguiente manera:
"Así me llamaron, pero yo diría mejor que soy
un comunista libertario que defiende la libertad de no aceptar todo
lo que venga, sino asumir el compromiso junto con tres preguntas
que deben ser nuestras guías en la vida: ¿por qué?
¿para qué? ¿para quién?"
Después de tamaños cuestionamientos, impensables
para ningún personaje oficial dentro de la isla, Rosa Miriam
aborda temas como la utopía y la esperanza, conceptos socorridos
por los alabarderos del gobierno cubano por más de cuatro
décadas.
Saramago, imbuido de un espíritu renovador y práctico,
adentrándose en los hechos más que en las razones
para soñar, confesó no gustarle la palabra utopía
porque es algo que está en algún lugar pero no se
sabe dónde, algo que siempre se está proponiendo,
y renegó de "todas esas cosas tontas, de toda esa retórica
que ya cansa".
Llevado de todas formas hasta el final, y para demostrar que no
hubo confusión en lo expresado en su carta sobre los acontecimientos
ocurridos en Cuba, a la pregunta "¿Izquierda?"
respondió con dudas: "Libertad, a por ella; Cuba, yo
no he roto con ella, pero me reservo el derecho a decir lo que pienso,
y decirlo cuando entienda que debo decirlo".
En cuanto a los derechos humanos, hizo un llamamiento a los partidos
de izquierda a que se dejen de inventar propuestas, que todo lo
que la gente necesita está contenido en la Declaración
Universal, burguesa. Formulada en Nueva York en 1948.
Sin duda alguna, José Saramago le dio una lección
de principios a la periodista, quien de vuelta a Cuba debe convencer
a sus directivos y gobiernos de que se dejen de hablar de iniciativas,
originalidades, mejoramiento humano y hombres nuevos, y haciendo
caso a Saramago lean los 30 puntos de la Declaración de los
Derechos Huamnos y escuchen esa voz autorizada cuando dice: No se
cansen con más propuestas. Todo está allí.
Háganlo. Cúmplanlos.
IMPRIMIR
|