5 de noviembre de 2003
 

 

Las ilusiones como metáforas de la vida

LA HABANA, noviembre (Lux Info Press) - Una lección de credibilidad artística a través de un serial signado por la sencillez dramatúrgica, un montaje de interiores donde se desenvuelven decenas de conflictos y una actuación general a prueba de estridencias protagónicas o lloriqueos sentimentales, fue el legado que dejó a la teleaudiencia cubana la propuesta argentina Ilusiones, que bajo el sello Aries y los roles principales de Oscar Martínez y Patricio Contreras pasó por la pantalla chica a lo largo de todo el verano.

La propuesta, que tuvo como eje focal las vicisitudes y anhelos de un colectivo de trabajadores de un restaurante acosado por el fantasma de la quiebra, fue entretejiendo tramas con el verismo de unos personajes y situaciones que legitiman, contrastan y exponen los temas escogidos con sobriedad y desenfado, muy lejos del didactismo ramplón y politizado a que nos tienen acostumbrado los seriales creados en Cuba.

Problemas generacionales, conflictos amorosos, desgarraduras de conciencia, corrupción, insensibilidad y muestras de eticidad y entereza ante los múltiples escollos de la vida diaria se van encabalgando en el serial como legítimos versos de un inmenso poema a la solidaridad.

Una sustanciación humana como protagonista de una serie nacida de la metáfora que es la vida va tomando vuelo a partir de un contexto que, si bien resulta desesperanzador en cientos de ocasiones, sirve como ente propiciador de interrogantes y respuestas que siempre hallan la luz por más oscuro que sea el día que culmina.

Un seriado con grandes dosis de optimismo, transmisor de valores humanos imperecederos como la amistad y la entrega, crea un héroe común desde una mirada colectiva que, a pesar de la diversidad de conflictos existenciales, no pierde la ternura, y comparte solidaridad y simpatía más allá de razones o sinrazones.

El serial Ilusiones, como auténtica muestra de un profesionalismo creativo, servirá de rasero a quienes piensen en Cuba que la sensibilidad y el buen hacer artístico necesitan de dotes especiales o millones de dólares para poner en pantalla una propuesta que dignifique a través de la humana realidad al medio y a sus seguidores.