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Bienal por la izquierda
LA HABANA, noviembre (Lux Info Press) - Hacer de las artes plásticas
un arma política parcializada con cualquier tendencia ideológica
anula el presupuesto estético de una manifestación
que por su alcance semántico y diversidad temática
debe ir más allá de una simple alineación con
determinados conceptos de centro, izquierda o derecha.
La Octava Bienal de Arte Contemporáneo de La Habana, encerrada
en un corro siniestro por decisión oficial, sirve de escenario
a las ideas más "ab-zurdas" en los múltiples
espacios entreabiertos en un contexto donde no cabe otra perspectiva
que no sea lo que profesan los de la mano equivocada.
Con la participación de artistas de 47 países de
Asia, Africa, Europa y América, desde su inauguración
en la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña el 1 de noviembre
se hacía sentir una atmósfera de aquelarre pictórico
izquierdizante, que tuvo su destape total en la velada Bienal por
la Paz, efectuada el jueves último en el Parque Lennon del
Vedado.
Allí, frente a la estatua del causante indirecto de la detención
de cientos de jóvenes cubanos que por imitar su pelo, vestuario
y tararear sus canciones fueron acusados de diversionismo ideológico
en la Cuba de los 60, se montó la carpa de lo que será
la Bienal de La Habana hasta el venidero diciembre.
Las imágenes documentalísticas de las hazañas
épicas de la revolución, el espaldarazo propagandístico
de la cuñada de Lennon a un gobierno que "a pesar del
efecto desvastador del bloqueo injusto y tonto" logra montar
un escenario que no privilegia la comercialización del arte,
al decir de Pedro de la Hoz y "el martillo" -si no el
adoctrinamiento político- preludiaron la entrada del escuadrón
del arte que libró sus primeras escaramuzas en la batalla
de los pinceles rotos por el insuficiente financiamiento.
A la orden de Silvio Rodríguez comenzó el tiroteo
patriótico. Su canción Cita con Angeles fue la señal
para que Balada de Lennon sentado y no crucificado, de Gerardo Alfonso,
se uniera al fuego graneado del Coro Nacional de Cuba, el Dúo
Buena Fe, Aceituna sin Hueso, hasta el alto al fuego habitual de
todo espectáculo que se celebre en la Isla, con la canción
Su nombre es pueblo, compuesta por Eduardo Ramos e interpretada
por Sara González.
No hay dudas del talento y la dependencia de estos creadores que
se suman al reconocido nivel del performance Canto contra la muerte,
del eslovaco Josef R. Juhasz, las instalaciones del cubano Roberto
Diego y la finlandesa Kaarina Kakkonen, de los monumentales lienzos
Los ritos del silencio, de Agustín Bejarano, y el panorama
general de collage, esculturas, fotografías y variaciones
sobre tomas de los grandes maestros en la muestra Maneras de inventarse
una sonrisa, que tiene como sede el Centro de Desarrollo de las
Artes Visuales.
Pero, ¿se hace necesario hacerlo todo desde una óptica
y ambiente politizados? ¿Repetir hasta el cansancio los mismos
temas, similares y "comprometidos" guiños intertextuales
que sólo cambian de formato? ¿Convertir en fetiche
social de la nación a un hombre que como Lennon, más
allá de su probado humanismo y sensibilidad, no debe ocupar
el sitio que corresponde a un Benny Moré o una Celia Cruz
como símbolos raigales de la cubanidad?
Aún queda mucha bienal por donde cortar. La ciudad está
invadida por el arte, abierta al disfrute de múltiples mensajes.
Acójala, contémplela, palpe sus interioridades, pero
mucho cuidado, pinta y a mi entender, sólo de rojo.
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