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Adiós a las almas
LA HABANA, noviembre (Lux Info Press) - La pérdida de valores
de la sociedad cubana, si bien ha sido tratada en múltiples
ocasiones por escritores radicados en la Isla, nunca con la profundidad,
el desparpajo y la incisividad crítica y referencial al sistema
de gobierno como en el libro de cuentos Adiós a las almas,
de Jorge Alberto Aguiar Díaz (JAAD), publicado a regañadientes
y escamoteado a la vez por la editorial Letras Cubanas.
El libro, compuesto por cinco relatos que desmitifican la bonanza,
la solidaridad, el amor a la patria y los valores étipos
y patrióticos de la juventud, entre otros estereotipos falsos
creados por los diseñadores mediáticos del régimen,
ahonda de forma corrosiva, aunque bien dosificada y mejor narrada,
los intersticios de un sistema que no se cae porque ya lo hizo,
y sólo aguarda que recojan sus escombros.
Inmerso en los avatares de una cotidianidad oculta por el fingimiento
y otros artificios que disfrazan el verdadero sentir de la juventud
cubana, el autor se regodea, a un ritmo trepidante, en la parte
escondida del iceberg caótico en que se halla sumida la sociedad
en pleno.
Drogas, prostitución, abuso de poder, vías de escape
a través del sexo, así como una monorrítmica
necesidad de viajar temporal o defnitivamente, se adueñan
de un cuaderno emparentado con el desgarramiento existencial de
la obra de Charles Bukowski, como paradigma internacional, o Pedro
Juan Gutiérrez en su Trilogía sucia de La Habana en
el plano interno.
A pesar de todas estas referencias escatológicas, los valores
subyacen en el libro, aunque mutilados en los personas por la certeza
de que no hay otra salida que la enajenación.
El desnivel social, la heterogénea conformación de
grupos afines por su poder adquisitivo y desorientación ética,
crean un panorama humano que se acrisola en la ingravidez de lo
banal y el vicio.
"Negros roqueros, blancos raperos, inconformistas experimentales,
bisexuales indecisos, rebeldes de pacotilla", se suman al convite
de Raimel, el niño bitondo de papá, "en una mansión
nada mansa de Miramar, convertida en museo posmoderno".
La única persona que se salva interiormente de la orgía
infecunda en la que caen muchos privilegiados del sistema, es calificada
como un dinosaurio en esta ciudad de ratas, al no importarle el
santo dólar, la calidad de la ropa, y disfrutar del mar,
del Cristo de la Cabaña o de la tumba del poeta Zenea.
Extraña persona que no comulga con los poderosos del vicio,
al no integrar "este mundo -según el protagonista-autor-
que se disfraza de puro, que nos vende la imagen de mares y profetas
mientras nos morimos de hambre".
Un libro sin dudas cuestionador, extrovertido en su expresividad
narrativa que no sólo busca transmitir el mensaje, sino también
el efecto, las causas y consecuencias de la inercia social y el
apredizaje mimético de las mayorías de unos cánones
aplaudidos por costumbre y temor, es este Adiós a las almas
condenado al ostracismo por los editores políticos del sistema,
ante el peligro del mal ejemplo de la libre expresión.
Confusiones éticas, desgarramientos existenciales, bohemia
incontrolable, practicismo traído por los pelos como justificativo
de la crtisis moral, se adueñan de loas 87 páginas
del libro y desnudan una realidad vestida con horas y horas de propaganda
oficial.
Para comprender el caos, basta con recorrer la escena descrita
en el "magno convite" de un hijo de papá, con residencia
exlusiva en el Miramar capitalino.
"De pronto me veo con dos ninfas, dieciséis y catorce.
¿No pueden acusar a las menores de corromper a los adultos?
Necesitamos intimidad, Raimel, dicen las niñas. Quieren hacer
un trío. Cerramos la puerta. Ellas se desvisten y yo observo
la habitación. En una pared el Che y una modelo del cine
porno. ¿Quién decoró el cerebro de este jovencito?
Death Metal y un afiche de Moscú no cree en lágrimas.
Sobre una mesa: Stephen King, el último modelo de Hustler,
un periódico Granma y un vibrador sin baterías".
No existe en todo el libro el hipercriticismo ni la irrealidad.
Sólo la exposición de la cara oculta de una sociedad
que ha dicho Adiós a las almas de otra generación
perdida con música de fondo de los Beatles y un peligroso
parentesco con la ruleta rusa o La breve vida feliz de Francis Macomber,
deuda de JAAD con Hemingway.
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