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Vacas al borde de un ataque
de nervios
LA HABANA, enero (Lux Info Press) - Resulta
deprimente escuchar a una vaca hablando sola en un potrero, cambiar
un cubo de su leche por un mazo de hierba o pintarse los tarros
con una bandera norteamericana.
Este comportamiento impredecible, uno de los rasgos fundamentales
de las "vacas locas" y de buena parte de los cubanos,
ha hecho que "nuestras instituciones de investigación
y desarrollo en la esfera de la salud pecuaria, así como
las personas que en éstas laboran, estén dispuestas
a cooperar con sus homólogos estadounidenses", según
expresara al periódico Granma el terapeuta estomacal y director
de Alimport Pedro Alvarez.
Es preciso eliminar la chifladura, el desconecte y los guayabitos
en el tejado de los nobles cuadrúpedos.
Y aunque dentro de Cuba las vacas ni mugen por temor a que la población,
desbordada de misericordia, ebria de necesidades y huérfana
de carne, las conviertan en filetes al instante, hagan queso su
leche y vendan en el mercado negro sus tarros convertidos en peines
y su bandera en pañuelo, hemos confrontado esta situación.
En un país lleno de gentes locas por irse, por comer o por
cualquier cosa, tuvimos que formar psiquiatras por montones.
Acá hemos sanado millones de chivos locos, ovejas descarriadas,
perros hueveros y vacas al borde de un potrero y de un ataque de
nervios.
Nos vimos obligados a limitarle a la población el consumo
de carne de res casi a cero, y a que las nuevas generaciones conozcan
a las vacas en canciones -como la de Matilda- las estudien en fotos
y monumentos -remember a Ubre Blanca- y las puedan adquirir sólo
en las shoppings. Hay que cuidar a la ciudadanía, garantizando
que lo único rojo fuera de su alcance sea la carne de res.
Por todo ello, el surgimiento de la Encefalopatía Espongiforme
Bovina en los Estados Unidos nos ha puesto el estómago en
la lista de espera, el negocio en el pico del aura, y obligado a
represar la saliva que nos fluía en cataratas por la boca.
¡Ilusos!
Nuestro gesto de ayuda desinteresada -sólo queremos carne
para los pobres turistas extranjeros que nos visitan, los aguerridos
jerarcas del país y alguno que otro matarife furtivo- se
lo hicimos llegar al señor Phillip Seng, presidente de la
Federación de Exportadores de Carne de los Estados Unidos.
En la misiva, dirigida también al presidente de la Asociación
de Ganaderos estadounidenses, señor Eric Davis, les comunicamos
que no renunciaremos a la compra de una sola vaca por muy loca que
esté y por muchas musarañas que pinten en el aire.
Erradicaremos el mal partiendo de los puntos en común con
los síntomas presentados por algunos cubanos.
El signo de senilidad, una de las características del mal
de las vacas locas, es algo consustancial a los gobernantes de la
Isla, y para ello tenemos diseñado un plan de contingencia
que ataca todo vestigio de incongruencia que pueda desembocar en
una gerontobomba, porque ya la gerontocracia es inevitable.
Veamos. Ante la falta de coordinación y el típico
paso errático: si ustedes notan que las vacas piensan que
"el mar es el cielo y la noche la mañana, en vez de
al Norte van al Sur", están de remate, y como a nuestros
dirigentes, es preciso sedarlas, darles terapia de grupo, decirles
que tienen la razón y echarles un tranquilizante en el bebedero.
Si por otra parte caminan como Chencha la gambá o echan
más curvas que un borracho en fin de año, no las critiquen,
ayúdenlas a dar sus pasos, condúzcanlas al descanso
final sin contratiempos, cantándoles nanas al oído,
diciéndoles lo útiles que han sido y, sobre todo,
no le pongan las cámaras de televisión en las patas,
tómenles la cabeza aunque haga más muecas que un niño
medicado con aceite ricino.
En cuanto a la falta de interés por el entorno, el abandono
de sus hábitos rutinarios y el desinterés por el agua
y la comida, apliquemos el siguiente plan:
Ante su manía de preocuparse por los problemas de otro potrero
o cuartón en vez del propio, sea comprensible, déjelas,
relájelas, no las insemine, pues son síntomas de que,
como Pijirigua, nuestra vaquita juguetona, quieren vivir a la antigua,
volver a sus tardes juveniles de toro suelto en la pradera y la
hierba preñada de rocío. Permítanles estas
fantasías de viejas desfasadas.
Ahora bien, si en vez de mugir cantan, si de tranquilas se inquieta,
siguieren darse un tinte en el pellejo, entonces sí que hay
que ir pensando en sacrificarlas porque no hay dudas de que esa
vaca está loca.
Sin embargo, cuando note que deja de apetecer el agua y la comida,
no se alarme, sígale la corriente, pues se ha convertido
en una vaca anoréxica que quiere figurar en las pasarelas
de la historia como la top model Noemí Campbell.
Como ven, queridos hermanos norteamericanos, la demencia de sus
vacas, la chifladura de sus rebaños, el achicharre de su
ganado, tiene más posibilidades de resolverse que la esperanza
de los cubanos en lograr su consumo, pues ante el más mínimo
mugido se movilizan las fuerzas armadas del país.
Nada, que jamás las vacas locas servirán de alimento
a los cubanos locos de vacas, por muy dementes que éstas
sean.
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