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Deprimidos S.A.
LA HABANA, enero (Lux Info Press) - La depresión es una
enfermedad burguesa o de blandengues.
Eso de perder el humor, disminuir el interés en todas o
casi todas las actividades, padecer de insomnio, de sentimiento
de inutilidad o de culpa excesiva, falta de concentración,
disminución de la capacidad de pensar, fatiga o pérdida
de energía, pensamientos recurrentes de muerte o intentos
o planes para suicidarse sólo es dado en personas que lo
tienen todo y no tienen que guayarla para sobrevivir.
El cubano que no se desternille de risa ante la falta de transporte,
el despelote que se forma para comprar un pan, tela antiséptica,
las papas normadas y el vino seco a precio módico o la aspirina
en cualquier lugar del risueño país se lo lleva un
infarto.
Jorge Mañach se quedó corto en su Indagación
del choteo, pues el cubano que no se burle de sus calamidades fallece
como un pez fuera del agua.
Y nada de idiosincrasias, genes y otros polvos que nos achacan,
todo se debe a que nacemos entre la espada y la pared, vivimos al
borde del abismo y pensamos en un futuro que se encuentra en el
pico del aura.
¿Quién es el estúpido que puede sentir interés
en la construcción de castillos de arena, almacenar agua
en un cesto de mimbre o aferrarse a la sombra de una ceiba? El cubano.
Sólo nosotros, con nuestra proverbial alegría. Aunque
al término del día y de 45 años tengamos que
empezar de nuevo.
En cuanto al insomnio y los sentimientos de inutilidad o culpa
excesiva, basta con acostarse pensando en qué comerá
mañana la familia o cómo estirar el salario para llegar
al fin del mes o estar a tiempo en el trabajo o la escuela, de qué
forma se puede aspirar, sin ser revolucionario, a una mejoría
y en qué carajo estaba pensando cuando se fue por el Mariel.
Por otra parte, la falta de concentración es igual a la
suma de todos los ruidos de la ciudad, divididos entre miles de
derrumbes, la falta de zapatos para el niño y el alegre rasgón
de la camisa de trabajo, multiplicados por el policía que
se te encima, el seguroso que indaga si dijiste libertad o libretá
y el vigilante del Comité que considera excesiva tu compra
de tomates.
Asimismo, la disminución de la capacidad de pensar y la
fatiga o pérdida de energía son inversamente proporcionales
a una batalla de ideas que no existe, pero estás obligado
a participar aunque sea como observador, en la polineuritis regenerativa
y en los apagones, el calor o el frío, y en la limitación
de todo movimiento que no se realice en círculos (viciosos
o de estudios, para el caso es lo mismo) sobre los logros de la
revolución.
Pero donde los investigadores del Centro Nacional de Ensayos Clínicos
(CENCEC), conjuntamente con el Grupo Nacional de Psiquiatría
botaron la pelota demencial es en su preocupación sobre los
pensamientos recurrentes de muerte o intentos o planes para suicidarse.
¿Cómo estos coterráneos ilustres van a erradicar
estos síntomas en un país donde por un quítame
allá esas pajas están diciendo socialismo o muerte,
patria o muerte por todos los medios de comunicación las
24 horas del día?
¿Será posible pensar en la vida con ese grito necrófilo
sonándonos en los oídos todo el día y la noche?
¿Puede pensar un cubano nacido con la revolución,
criado en ella y que aún se encuentre medianamente "cuerdo"
en algo más sublime que la muerte como máxima expresión
de la autenticidad y la valía de un patriota?
Todo eso es para morirse de risa, caerse en la cama del alegrón
y andar a carcajadas entre los asombrados visitantes.
Es el show humorístico más largo de la historia,
y tenemos que aprovechar este privilegio.
Pero que nunca confundan la depresión con la opresión.
La primera se combate con pastillas y psicoterapia, y la segunda,
a falta de libertad, con risas.
Los cubanos jamás estamos deprimidos.
Eso sí, cuando nos vean llorar corten levas, apresten medicinas,
emitan recetas, pues sólo entonces estaremos locos de contentos.
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