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Teatro de las necesidades
LA HABANA, enero (Lux Info Press) - El teatro de pequeño
formato, nacido del espíritu reduccionista compulsado por
las necesidades económicas en el sector artístico
del país, tiene a su favor el íntimo enfrentamiento
actor-obra, que propicia y exige un desenvolvimiento constante frente
a los espectadores.
A pesar de ello, la mínima escenografía, el limitado
espacio para accionar y el recortado concierto dramático
de obras concebidas para pocos actores disminuyen el disfrute visual,
y muchas veces la complicidad temática de las grandes propuestas
teatrales.
Esta realidad, observada en los diversos festivales de monólogo
y de pequeño formato que abundan en Cuba, resultan con demasiada
frecuencia un muro de contención para el desarrollo integral
de los cultores de un arte que se convierte en deficitario cuando
no es la opción y sí la necesidad la que obliga a
emplear esta fórmula de moda.
Un ejemplo significativo es el XIII Festival Nacional de Obras
de Pequeño Formato que tiene como sede principal las ruinas
de El Mejunje, enclavado en la ciudad de Santa Clara.
Asisten en esta ocasión al Festival 15 agrupaciones de todo
el país, entre las que sobresalen Teatro Caribeño,
de la capital; el matancero y multipremiado en estas lides Estaciones,
así como El Andante, de Granma y La Edad de Oro, de Camagüey.
El evento se resiente como en anteriores ocasiones por las maratónicas
puestas, el desbalance actoral y los requerimientos técnicos
inajustables a las limitadas condiciones del lugar.
Esto también ocurre en la subsede, ubicada en el retablo
del Teatro Guiñol de la localidad, a pesar de lo cual los
resultados, en sentido general, son decorosos y muestran la vitalidad
de un quehacer y deseo de hacer que supera las limitaciones.
Pero no basta con la intensidad de una actuación, el interés
dramático de una obra y la practicidad de un diseño
de luces, escenografía, música y otros elementos ambientales
para obtener una buena puesta, si el público no se encuentra
concentrado por razones ajenas a su voluntad.
Se necesitan recursos, espacios adecuados a cada propuesta, así
como un aseguramiento funcional, que cuando falla en cualquiera
de sus engranajes da al trasto con las mejores intenciones de diversificar
la cultura.
Sin pedir peras al olmo, quienes componen la familia del teatro
cubano, ya sea como dramaturgos, actores, escenógrafos, musicalizadotes
o administrativos, deben velar por la salud de un espectáculo
al que a veces se asiste por no haber otra opción.
El predominio del teatro de pequeño formato en la escena
cubana actual ha resultado un catalizador en la reducción
de compañías de alto nivel, que han visto cómo
muchos de sus integrantes optan por el denominado teatro de las
necesidades como única fórmula para sobrevivir en
medio de una crisis a la que aún le faltan muchos actos antes
de bajar el telón.
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