1 de febrero de 2004
 

 

Sufre una familia consecuencias de la represión contra la sociedad civil

LA HABANA, 30 de enero (Lux Info Press) - "Hoy mi hijo cumple un año y no ha sido inscrito por su padre, no tenemos dirección ni carnet de identidad ni libreta de abastecimientos para comprar la leche, debido a que se llevaron a mi esposo a Villa Marista", dijo Nieves Higuera Rodríguez, esposa de Rafael Calá Patterson.

El 27 de enero de 2003 agentes de la Policía Nacional y del Departamento Técnico de Investigaciones se introdujeron por la fuerza en la casa de la familia Calá-Higuera, situada en el municipio Centro Habana. Aunque no encontraron drogas ni señales de ilegalidad alguna, la policía les decomisó un perro de raza y un pavo real dedicado a la Virgen de la Caridad del Cobre. El joven Rafael fue conducido a Villa Marista, donde permaneció alrededor de cinco meses hasta que fue trasladado al centro penitenciario Combinado del Este. Aún no le han celebrado juicio.

"A pesar de llevar once años de matrimonio con mi esposo no habíamos podido arreglar los papeles de la vivienda. Yo soy de las provincias orientales, considerada en La Habana como ilegal. Al nacer el niño no pudimos ponerle la dirección de La Habana a pesar de haber nacido en la capital. Es por eso que no tenemos libreta de abastecimientos, y estamos propensos además a que nos desalojen, por no culminar los papeles de propiedad de la casa", explica la señora Higuera en una carta que envió a activistas de derechos humanos de La Habana.

Explica también que notó en las primeras visitas que hizo a su esposo en Villa Marista -que duraban cinco minutos- que tenía las uñas mordidas. Cuando pudo visitarlo en el Combinado del Este, Calá le explicó que eso se debía al castigo que le ponían después de cada interrogatorio por declararse inocente.

La represalia consistía en esposarlo de manos y pies e introducirlo en una celda tipo gaveta que medía un metro cuadrado. "Se ha quedado con dolores en la columna vertebral, y se le han acrecentado los dolores de cabeza que padece como consecuencia de un accidente automovilístico. El médico va una vez al mes y atiende a cuatro presos".

La señora Higuera, de 26 años, ha escrito sobre la situación de su esposo al jefe de la prisión y al ministro del Interior, pero no ha recibido respuesta.

Por otra parte, su niño no tiene un desarrollo normal, ya que está desnutrido. "Yo vivo de lavar y planchar, y la situación económica que tenemos es grave", dijo. Vive con su pequeño en Crespo 258 entre Animas y Virtudes. Su esposo se encuentra en el edificio 3 4to. Sur, Compañía 3447, sin recibir atención médica especializada.