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Voces de ultratumba
LA HABANA, febrero (Lux Info Press) - La cultura del miedo tiene
sus valores. El arte de hacer mentir, alzar o modular la voz de
acuerdo a los requerimientos de la historia personal a favor de
la colectiva, y viceversa, tiene en Cuba destacados cultores.
Que hombres silenciados por más de una década sean
los encargados de hablar en nombre de un proyecto revolucionario
que los enmudeció, condenándolos al ostracismo, es
un ejemplo de cuanto puede hacer el miedo en personas mezquinas,
oportunistas o cobardes.
Ofrecer a otros el mismo veneno que a ellos se les inoculó
es un acto de farsantes.
Entre los integrantes de la delegación cubana al encuentro
con intelectuales venezolanos, donde se anunció que "el
mundo está cambiando y se fomentan una cultura y una globalización
alternativa de la resistencia", marcharon sumisos, obedientes,
convertidos en sí y no, algunos de los que ayer fueron vejados
y hoy sacan filo a las armas ideológicas de sus verdugos
para venderlas a los ignorantes de la perfidia oculta detrás
del discurso complaciente, de promesas constantes y cuanto recurso
demagógico saca los sentimientos más egoístas
del hombre.
Eduardo Heras León, Antón Arrufat y César
López sufrieron en carne propia los espasmos de una revolución
social que hoy proponen como la salvación para las masas
latinoamericanas.
Condenados durante "el quinquenio gris y la parametración"
-fórmulas y períodos de intensa represión cultural-
a enderezar cabillas en la fábrica Antillana de Acero, a
empaquetar cajas de libros en una remota librería municipal
de La Habana y a rumiar su infelicidad entre copas de ron peleón
y otros recursos enajenantes, los intelectuales de la solidaridad
presentan armas ante los gobernantes venezolanos.
Olvidados los cinco, diez y once años durante los cuales
estuvieron, respectivamente, fuera del juego de los viajecitos,
los jurados y otras prebendas que se ofrecen en Cuba a los intelectuales
obedientes, hoy aplauden cuando su guía espiritual, Abel
Preito, arremete contra "los dueños del mundo que se
han convertido en censores implacables del pensamiento crítico".
Pero lo más aberrante, lo que provoca náuseas hacia
personas con una obra literaria digna de encomio, es su actitud
de focas en celo cuando escucharon y aprobaron que "por suerte,
al intelectual light se contraponen los que creen en la posibilidad
de un mundo mejor":
¿Un mundo mejor bajo el comunismo, Antón? ¿Será
posible, López? ¿No tienes dudas, "Era un león"?
¿O es que acaso a López y Antón los sendos
premios nacionales de literatura, los cinco mil fulitas del Carpentier
y una que otra edición cubana de sus obras prohibidas les
devolvió el sueño y la fe en las revolucoines, aún
con la experiencia de la cubana?
¿Tal vez a "era un león" le dio un golpe
de patria el protagonismo en Universidad para Todos, el Taller de
Narrativa Onelio Jorge Cardoso de la UNEAC, la ampliación
de su apartamento o la obtención de la réplica del
machete de un prócer?
No habrá para ellos mejor juez que sus propias conductas,
ni mayor castigo que sus conciencias, aunque dudo que aún
las conserven en ese carrousel en que se han montado.
En un mundo donde según Abel Prieto "prima el culto
a la frivolidad, la tontería y la estupidez", ¿qué
puede ser más frívolo que aceptar el perdón
sin ser culpables, más tonto que creer que fueron perdonas
o tan estúpido como vender la plaga de la intolerancia como
simiente de un mundo mejor?
Si "el pensamiento está cada vez más de alas
caídas, y Calígula sería Premio Nobel al lado
del emperador actual del planeta", no hay dudas de que los
corifeos sacados de ultratumba serán simples alfombras en
el palacio de las nuevas desilusiones por venir.
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