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Libertad de opinión
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, febrero (www.cubanet.org) - Cultivado escribiente: Sus
airados plumazos de pavo real con instinto de totí jamás
podrán herirme, y mucho menos si el fallido aleteo está
dirigido contra una opinión libre y soberana, como lo es
-humanamente- la mía.
Usted refiere estar en desacuerdo con mi criterio de que la literatura
de denuncia implica "ciertas rupturas en el desarrollo artístico".
Está muy bien, no lo cuestiono, aunque usted dejó
atrás, saltando como un canguro, ciertas expresiones que
complementarían la idea general, que si bien no constituyen
parte de su verdad, forman la mía, y ésa no se compra
con dádivas, se pervierte con amistades y mucho menos se
alinea o asusta ante el primer advenedizo o suprasemiólogo
que la cuestione.
He de aclararle que su alboroto y la incisiva reiteración
a un "lector herido" nunca me harán fruncir el
ceño, y si pierdo mi tiempo en contestarle es porque aprendí
a no quedarme callado ante postalitas y sabelotodos sacados en serie
de los troqueles del socialismo tropical con ¿alma?, figura
y ordenado tamaño de matriuskas.
En cuanto a la ausencia de firma en la reseña aparecida
en CubaNet, a las normas de la prensa independiente y al término
desfasado, le diré, para tranquilidad de su semantísima
alteza gramatical, que mi nombre es Víctor Manuel Domínguez
García, que no figuró, no por responder a ninguna
norma, sino a una medida de seguridad que no solicité, y
que según el diccionario Larousse del Español Moderno,
una de las acepciones de la palabra de marras es "fuera de
fase, descentrado, que no se halla en su centro", como considero
se encuentra el humor en la novela.
Por otra parte, me dio la gana de escribir embrutecedor y no brutal,
porque así lo considero más allá de semánticas
y otros tintineos académicos de que usted hace gala en su
sesuda réplica.
Creo en la ambigüedad de Un ciervo herido, en su realismo
sucio, y en que usted, creyendo tener toda la verdad en su delicado
intelecto, se ha trazado la imposible tarea de querer ajustar mi
opinión personal a su gusto, como si ésta fuera un
pedazo de pan o un ladrillo.
Asimismo, no me molesta que nadie se doble o se desdoble en su
vida pública o privada, aunque nunca he practicado ese juego
en 45 años frente al proscenio de la historia de Cuba, donde
sobran los ejemplos.
Pero como tengo derecho a señalarlo en una obra literaria,
así como a discrepar del estilo, el lenguaje, el contenido,
al igual que cualquier persona con un mínimo de conocimiento
y sentido común -sin que esto signifique tener la razón-
ejercí mi libertad de opinar lejos de propósitos con
un trasfondo hiriente.
Además, supone mal cuando lanza su débil arañazo
de que tal vez el lector herido prefiera una terminología
más suave, pues aunque no poseo su oculta doncellez de virgen
ofendida que sin embargo gusta de un lenguaje letrinario y se ruboriza
y palpita ante la reiterada mención de su adorado Priapo,
tampoco soy un carretero.
Su ensayada postura de iconoclasta es una bufonada. Porque decir
que el personaje de la madre es el más convincente, el más
trabajado según otras doctas opiniones, y luego creer que
"la desesperación es la que la lleva a comportarse como
lo hace", es pasar por alto la historia de la humanidad en
ese aspecto, no haber tenido o carecer de un regazo materno -en
las más difíciles condiciones- o traer por los pelos
a una mujer aberrada por obra y gracia del ingenioso autor.
Y para seguir su consejo, aprenderé a leer, porque tal vez
cualquier día un texto escrito por usted -leído en
alta voz- me sirva para matar eruditos fantoches de un infarto,
sin temor a ningún tipo de alucinaciones.
Ojalá no se encuentre usted presente.
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