2 de abril de 2004
 

 

El derecho a ser joven

Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press

LA HABANA, abril - El empleo de miles de estudiantes en labores de todo tipo bajo el supuesto plan de formación estudio-trabajo es una fórmula que soluciona diversos problemas al Estado cubano, ante las dificultades que enfrenta para completar el número de personas capacitadas o con edad laboral que asuman este papel en sectores que ofrecen baja remuneración salarial o tienen pobres perspectivas para el desarrollo individual.

El llamamiento formulado a más de tres mil jóvenes granmenses para que se alisten en las Brigadas Estudiantiles de Trabajo (BET) que ayudarán durante su período de vacaciones a la terminación de 70 obras sociales en el territorio, más allá de los presuntos métodos docentes suple la insuficiente fuerza laboral o su inestabilidad, encargada de iniciar y concluir las obras.

Convertidos en una "fuerza de choque", los inexpertos estudiantes realizarán labores constructivas en el hospital pediátrico que se construye hace más de dos décadas en Bayamo, en la restauración de la Avenida 26 de Julio -conocida popularmente como La malaria, por su crítico estado medioambiental-, así como en las reparaciones del policlínico René Vallejo, la construcción de la circunvalación de la ciudad, entre otras tareas que no han podido cumplir los trabajadores de la provincia.

Mientras miles de estudiantes que no han arribado a la edad laboral acometen estas tareas, las oficinas del ministerio del Trabajo de Bayamo no logran llenar 500 plazas que ofrecen para la construcción, les resulta imposible captar a 50 personas que quieran pasar un curso de capacitación que los graduará como carpinteros y albañiles en la escuela de oficios Rubén Verdecia, de esa localidad, ni completa el déficit de personal en los cientos de organopónicos y huertos populares diseminados por toda la ciudad.

Las razones esenciales para este rechazo, de acuerdo con la opinión de varios desempleados de esa provincia oriental son las deficientes condiciones de las ofertas de empleo, entre las que sobresalen la poca atención al hombre, los bajos salarios y el problema alimentario, además de la falta de ropa y calzado, la insuficiente transportación en muchos casos y las excesivas jornadas laborales, con trabajos voluntarios y otras actividades no contempladas en el pago del mes.

Esta realidad, suplida por una fuerza juvenil no apta para este tipo de labores especializadas o complejas, viola las normas internacionales del trabajo que regulan el desempeño de los no comprendidos en edad laboral, independientemente de los propósitos formativos, las disponibilidades de los educandos y otros enfoques esgrimidos por quienes convocan a los estudiantes a estas labores bajo premisas patrióticas que influyen en la evaluación final que va al expediente del alumno.

Cabría preguntarse: ¿Cómo se calificaría cualquier incidente fuera de lo normal que ocurriera en el desempeño de estas funciones? ¿Accidente de trabajo? ¿Negligencia? ¿Acto de heroísmo?

No importa. Lo esencial es que no ocurran y que se tenga en cuenta la salud, la vida, la estabilidad psicológica de miles de estudiantes que deben disfrutar de su merecido descanso, y cuando más, trabajar en obras afines con su perfil vocacional, aunque sin metas, compromisos ni nada que vaya más allá de sus estudios.

Lo demás es una violación del derecho de ser joven sin edad oficial para el trabajo.