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El derecho a ser joven
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, abril - El empleo de miles de estudiantes en labores
de todo tipo bajo el supuesto plan de formación estudio-trabajo
es una fórmula que soluciona diversos problemas al Estado
cubano, ante las dificultades que enfrenta para completar el número
de personas capacitadas o con edad laboral que asuman este papel
en sectores que ofrecen baja remuneración salarial o tienen
pobres perspectivas para el desarrollo individual.
El llamamiento formulado a más de tres mil jóvenes
granmenses para que se alisten en las Brigadas Estudiantiles de
Trabajo (BET) que ayudarán durante su período de vacaciones
a la terminación de 70 obras sociales en el territorio, más
allá de los presuntos métodos docentes suple la insuficiente
fuerza laboral o su inestabilidad, encargada de iniciar y concluir
las obras.
Convertidos en una "fuerza de choque", los inexpertos
estudiantes realizarán labores constructivas en el hospital
pediátrico que se construye hace más de dos décadas
en Bayamo, en la restauración de la Avenida 26 de Julio -conocida
popularmente como La malaria, por su crítico estado medioambiental-,
así como en las reparaciones del policlínico René
Vallejo, la construcción de la circunvalación de la
ciudad, entre otras tareas que no han podido cumplir los trabajadores
de la provincia.
Mientras miles de estudiantes que no han arribado a la edad laboral
acometen estas tareas, las oficinas del ministerio del Trabajo de
Bayamo no logran llenar 500 plazas que ofrecen para la construcción,
les resulta imposible captar a 50 personas que quieran pasar un
curso de capacitación que los graduará como carpinteros
y albañiles en la escuela de oficios Rubén Verdecia,
de esa localidad, ni completa el déficit de personal en los
cientos de organopónicos y huertos populares diseminados
por toda la ciudad.
Las razones esenciales para este rechazo, de acuerdo con la opinión
de varios desempleados de esa provincia oriental son las deficientes
condiciones de las ofertas de empleo, entre las que sobresalen la
poca atención al hombre, los bajos salarios y el problema
alimentario, además de la falta de ropa y calzado, la insuficiente
transportación en muchos casos y las excesivas jornadas laborales,
con trabajos voluntarios y otras actividades no contempladas en
el pago del mes.
Esta realidad, suplida por una fuerza juvenil no apta para este
tipo de labores especializadas o complejas, viola las normas internacionales
del trabajo que regulan el desempeño de los no comprendidos
en edad laboral, independientemente de los propósitos formativos,
las disponibilidades de los educandos y otros enfoques esgrimidos
por quienes convocan a los estudiantes a estas labores bajo premisas
patrióticas que influyen en la evaluación final que
va al expediente del alumno.
Cabría preguntarse: ¿Cómo se calificaría
cualquier incidente fuera de lo normal que ocurriera en el desempeño
de estas funciones? ¿Accidente de trabajo? ¿Negligencia?
¿Acto de heroísmo?
No importa. Lo esencial es que no ocurran y que se tenga en cuenta
la salud, la vida, la estabilidad psicológica de miles de
estudiantes que deben disfrutar de su merecido descanso, y cuando
más, trabajar en obras afines con su perfil vocacional, aunque
sin metas, compromisos ni nada que vaya más allá de
sus estudios.
Lo demás es una violación del derecho de ser joven
sin edad oficial para el trabajo.
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