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Elogio de la fritura: Habla
la fritura (II)
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, abril - La descarga que vais a escuchar es improvisada
y por eso más sincera. No me propongo dármelas de
genio, según es costumbre en todos los habladores, especialmente
entre los del momento, pues demasiado sabéis que éstos,
cuando quitan el dique a sus palabras albañales, en cuya
elaboración han empleado cincuenta años, valiéndose
de lo que otros han dicho, afirman que no tardaron más de
cinco días en redactarlo o dictarlo, queriendo dar a entender
que no son mediocres amaestrados.
Yo soy la dispensadora de bienes, que los concede con sincero desgrasamiento,
y a quien nacionalmente se conoce con el nombre de Fritura.
Soy el único calmante estomacal al alcance de los desarrapados,
los estudiantes, los jubilados y los chisperos, y de cuanto trabajador
gane menos de 200 pesos. Los demás, aunque presumen en público
de poder adquirir una pizza, en privado mandan a sus vástagos
a comprar frituras por carretones.
Habréis observado en mi descarga que domino el inglés
y el alemán, aunque no quiero parecerme a los retóricos
de estos tiempos, que se asemejan a las sanguijuelas en lo de tener
dos lenguas, para herir y sanar, corromper y moralizar, subvertir
y mediar, y sobre todo expresar sus opiniones y borrar la de sus
oponente por cualquier medio.
Vosotros pensaréis que soy una fritura tonta, con vocación
de suicida en la masa al expresarme así, pero es que hay
muchos que no alojan en su corazón y cerebro tanto valor
y sensatez.
Os diré que soy una fritura posmoderna, y aunque conservo
mi personalidad inconfundible -al menos por la forma, sin importar
el contenido- sigo siendo la misma que al freírla encanta,
sobre todo a las tripas abandonadas.
¿Cómo me dirigiré a vosotros? ¿Os llamaré
animales, palurdos, indignos, tartufos? Confieso que todos los epítetos
me repugnan. Os llamaré hermanos, piensen como piensen.
Vosotros estáis en el deber de reconsiderar vuestras vidas,
de darle un talante más original, más pegado a la
esencia de seres racionales, humanos.
Os pido en nombre de la harina que me dio la vida, en el del desterrado
bacalao que llenaba mis entrañas, que alistéis vuestro
ingenio y no penséis sólo en lo externo, en el consumo,
que hay cosas que sin verse ocupan más espacio en el universo.
No me miréis como a un simple bocado, como a esa bola de
grasa indigesta que, sin embargo, alegra vuestros corazones al imponer
un toque de silencio en sus barrigas, como eficaz sustituto de manjares
sólo conocidos en fotografías, libros de texto y otros
elementos tergiversadores o alejados de la realidad.
Mírenme como si fuera la Democracia
No, no se rían,
no. ¿Acaso no estoy al alcance de todos, sin distinción
de raza, sexo, religión o tendencias políticas? ¿No
puede ser elegida o rechazada sin que esto desencadene una guerra
de insultos o de balas?
¿Habéis pensado que todos podéis tenerme,
desde el gerente de una corporación hasta el velador de un
cementerio, pasando por soldados y sacerdotes, deportistas y pirotécnicos,
censores y perseguidos?
¿Os dais cuenta de que en medio del caos soy una unidad,
un punto de referencia, un símbolo de identidad que brilla
desde la Punta de Maisí hasta el Cabo de San Antonio, y lo
único que cambia es el sabor, la forma de freírme,
el contenido y hasta tal vez el nombre, pero nunca mi esencia de
fritura solidaria, con alto poder de convocatoria y un espíritu
de contingente a prueba de ciclones, embargos y otros humos que
nos desbordan?
¿Habéis visto alguien tan paseado como yo, pese a
mi grasa, a mis sabores de estación o circunstancia por los
afanes gananciosos de mi expendedor?
Nunca una estrella de carnaval, una orquesta, una marcha victoriosa
ha sido tan asediada como los puestos y carritos donde me expenden.
Jamás he dicho que sólo soy para los revolucionarios
-como la universidad- ni tampoco para los turistas extranjeros,
según reza en los anuncios de las casas particulares con
licencias para alquilar y en las carpetas de los hoteles del Estado.
Ni el Papa Juan Pablo II ni Casius Clay ni el patriarca vegetariano
Bartolomeo, y mucho menos Francis Ford Coppola y Gabriel García
Márquez han sido tan aclamados como yo por infantes, adolescentes,
tembas y vetué de ambos sexos, sin necesidad de propaganda
que hable de mi biografía ni de todos los beneficios materiales
y espirituales que he prestado a la humanidad.
No dudéis que si Ernest Hemingway encontró un puma
en las nieves del Kilimanjaro, el futuro astronauta chino Ta Kha
Ghao encuentre una fritura en el planeta Marte.
Vosotros debéis saber, estar convencidos, de que soy cubana
y soy popular, que eso nadie me lo quita, aunque a veces los que
me han jurado amor eterno consigan olvidarme, fugazmente, en los
embrujos de un pan con lechón.
Os hablaré de mi abolengo sin recurrir a las musas, aunque
mi vida tenga algo de comedia, mucho de tragedia y demasiada historia.
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