22 de abril de 2004
 

 

El hombre nuevo que obtuvimos

Dorka Céspedes, Lux Info Press

LA HABANA, abril - La familia, que es la pieza más importante de la sociedad, está sometida a regulaciones que le impiden influir en la convivencia social y en la educación integral, que escasea en todos los estratos de la población cubana.

Ante las agudas carencias materiales se incrementan las actitudes individualistas, como la agresividad entre los ciudadanos y a veces entre los miembros de la familia, el uso de palabras obscenas, los escándalos entre jóvenes que juegan béisbol en las calles y los adultos que se emocionan con el dominó.

En los llamados barrios marginales existe un mayor índice de alcoholismo, violencia familiar, trifulcas y ruidos infernales a toda hora. La ley del más fuerte se observa al abordar los camellos, donde no importa la presencia de mujeres embarazadas con niños en los brazos ni la de discapacitados y ancianos, pues la solidaridad y el respeto son valores olvidados.

En busca de las raíces y la etiología de las múltiples violaciones de la disciplina social que hoy se observan, nos remontamos a la década de 1990, luego de la caída del campo socialista y la evidente crisis económica que vivió la sociedad cubana.

Pero antes, al comienzo de la revolución de 1959, los dirigentes ya habían decidido eliminar ciertos valores por considerarlos burgueses y rezagos de la sociedad capitalista.

Entre los valores desaparecidos está la cortesía, pero decir "señor" o "por favor" se tenía por expresiones burguesas o flojas, y se asumieron modos de conducta que no se correspondían con los supuestos nuevos valores que querían crear.

Para llevar a cabo sus propósitos, el gobierno prohibió la existencia de escuelas religiosas, que incorporaban valores y deberes en el niño y la familia. Todos los centros de enseñanza pasaron a manos del Estado, único guardián de los valores de un gobierno demasiado ocupado en construir y defender la nueva sociedad.

Entre los males que gravitan sobre la sociedad y donde se concentran los mayores índices de violencia se encuentran los litigios ocasionados entre vecinos por causa de los "bochinches", fiestas que se celebran hasta el amanecer con abundancia de bebidas alcohólicas, música y escándalos que llegan al ejercicio de la violencia juvenil, con hechos de sangre.

Por otra parte, los altos decibeles que provienen de los centros nocturnos al aire libre y de ciertos comercios estatales que venden bebidas alcohólicas en los parques, frente a las iglesias, alientan el incremento de la indisciplina social.

Es complejo fijar normas de comportamiento en hogares múltiples, donde se mezclan diferentes modos de actuar, como en las casas donde conviven tres y cuatro generaciones.

Según la doctora Patricia Gasamuri Núñez, especialista del Centro de Investigaciones Sociológicas y Psicológicas, los problemas económicos influyen en el deterioro de las condiciones materiales y morales de la vida. un ciudadano que no pueda sortear los escollos del desempleo, los bajos salarios, y no pueda satisfacer sus necesidades primordiales, se convierte en un peligro potencial para la disciplina social y los valores de la sociedad.

Un hombre que no tiene amor por su prójimo y por la sociedad en que vive, que cambia sus principios para lograr cierta seguridad individual que lo mantenga a flote, un hombre que es capaz de vender su sexualidad y su cuerpo por unos cuantos dólares, que se lanza al océano sobre neumáticos antes de reclamar sus derechos en tierra firme, es un hombre inseguro, sin fe y sin esperanzas.