|
El hombre nuevo que obtuvimos
Dorka Céspedes, Lux Info Press
LA HABANA, abril - La familia, que es la pieza más importante
de la sociedad, está sometida a regulaciones que le impiden
influir en la convivencia social y en la educación integral,
que escasea en todos los estratos de la población cubana.
Ante las agudas carencias materiales se incrementan las actitudes
individualistas, como la agresividad entre los ciudadanos y a veces
entre los miembros de la familia, el uso de palabras obscenas, los
escándalos entre jóvenes que juegan béisbol
en las calles y los adultos que se emocionan con el dominó.
En los llamados barrios marginales existe un mayor índice
de alcoholismo, violencia familiar, trifulcas y ruidos infernales
a toda hora. La ley del más fuerte se observa al abordar
los camellos, donde no importa la presencia de mujeres embarazadas
con niños en los brazos ni la de discapacitados y ancianos,
pues la solidaridad y el respeto son valores olvidados.
En busca de las raíces y la etiología de las múltiples
violaciones de la disciplina social que hoy se observan, nos remontamos
a la década de 1990, luego de la caída del campo socialista
y la evidente crisis económica que vivió la sociedad
cubana.
Pero antes, al comienzo de la revolución de 1959, los dirigentes
ya habían decidido eliminar ciertos valores por considerarlos
burgueses y rezagos de la sociedad capitalista.
Entre los valores desaparecidos está la cortesía,
pero decir "señor" o "por favor" se tenía
por expresiones burguesas o flojas, y se asumieron modos de conducta
que no se correspondían con los supuestos nuevos valores
que querían crear.
Para llevar a cabo sus propósitos, el gobierno prohibió
la existencia de escuelas religiosas, que incorporaban valores y
deberes en el niño y la familia. Todos los centros de enseñanza
pasaron a manos del Estado, único guardián de los
valores de un gobierno demasiado ocupado en construir y defender
la nueva sociedad.
Entre los males que gravitan sobre la sociedad y donde se concentran
los mayores índices de violencia se encuentran los litigios
ocasionados entre vecinos por causa de los "bochinches",
fiestas que se celebran hasta el amanecer con abundancia de bebidas
alcohólicas, música y escándalos que llegan
al ejercicio de la violencia juvenil, con hechos de sangre.
Por otra parte, los altos decibeles que provienen de los centros
nocturnos al aire libre y de ciertos comercios estatales que venden
bebidas alcohólicas en los parques, frente a las iglesias,
alientan el incremento de la indisciplina social.
Es complejo fijar normas de comportamiento en hogares múltiples,
donde se mezclan diferentes modos de actuar, como en las casas donde
conviven tres y cuatro generaciones.
Según la doctora Patricia Gasamuri Núñez,
especialista del Centro de Investigaciones Sociológicas y
Psicológicas, los problemas económicos influyen en
el deterioro de las condiciones materiales y morales de la vida.
un ciudadano que no pueda sortear los escollos del desempleo, los
bajos salarios, y no pueda satisfacer sus necesidades primordiales,
se convierte en un peligro potencial para la disciplina social y
los valores de la sociedad.
Un hombre que no tiene amor por su prójimo y por la sociedad
en que vive, que cambia sus principios para lograr cierta seguridad
individual que lo mantenga a flote, un hombre que es capaz de vender
su sexualidad y su cuerpo por unos cuantos dólares, que se
lanza al océano sobre neumáticos antes de reclamar
sus derechos en tierra firme, es un hombre inseguro, sin fe y sin
esperanzas.
|