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La mitomanía
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, abril - La mitomanía es un arte que se practica
y estudia en Cuba más que el dominó y las causas que
originan entre sus pobladores el ansia de navegar, alzar el vuelo
y construir un pedraplén Habana-Miami, Manatí-Nassau
o Cabo Cruz-Puerto Príncipe.
Con diversas asignaturas de acuerdo a los respectivos niveles de
un educando que tuvo por nodriza a la mentira, la carrera se estudia
en los puestos de viandas, estaciones de trenes y en cuanto sitio
urbano o rural se reúnan más de dos personas aburridas,
con ganas de joder o hacer "desconectar" al prójimo.
Licenciados en embustes, doctores en quimeras, técnicos
en fábulas y artificios, maestros en guayabas, obreros calificados
en exageración, hipérboles y embrollos, entre otros
engañadores, chismosos, enredadores, paparrucheros y falseadores,
salen a las calles, se sientan en las aceras o escampan un apagón
tejiendo bolas que harán sus pesadillas menos duraderas.
Estas cualidades natas, aderezadas con materias como la hipocresía,
la ficción, la estratagema y otros ácidos del artificio,
capacitan al mitómano para montar una tramoya digna de un
Orson Welles narrando la entrada de los marcianos a Surrey.
Yago, dejándole huellas a Otelo sobre la infidelidad de
su esposa, es un niño de tetas al lado de un corredor de
bolas.
Porque, oiga, hay que ver la capacidad de invención de quienes,
ante el fallecimiento de Brujeida por el impacto de un coco en su
occipucio, terminan expandiendo diferentes causas, como la caída
de un meteorito, el impacto de un misil propulsado desde Irak, el
borde del tibor de Constancia, a la que no abrieron espacio en una
barbacoa, o el certero toletazo de Venancio del Toro cansado de
los devaneos de su ex.
También se practican las modalidades de la bola piadosa,
la que nace del miedo, y la inocente que corre con el propósito
de demostrar información a partir de un hecho supuestamente
real.
En el primer caso se pueden incluir aquéllas que señalan:
"No te desesperes, hermano, escuché por la radio que
en el año 2099 la revolución permitirá a los
habitantes de otras provincias del país radicarse en la capital,
los cubanos podrán entrar a un hotel sin ser extranjeros
y se pondrá el derecho a la libre expresión fuera
del Comité y el núcleo del Partido".
En el segundo, y como uno de los ejemplos de mayor arraigo, está
el de Inocencio Alvelo, quien hace 45 años renunció
a la ropa y a los zapatos, amarró dos chivas, seis carneros
y una vaca al árbol donde subió con su esposa y 16
gallinas a esperar la inminente llegada de los americanos, y cuenta
para rechazar la invasión con el mismo tirapiedras de hace
cuatro décadas, pero con los huesos de los difuntos animales
para enfrentar al enemigo.
Además de una muy socorrida, que advierte a toda voz en
la cuadra: "Yo sí soy revolucionario
a mí
hay que matarme por esta causa y en el país", mientras
murmura bajito ante los alones de pantalón de su mujer e
hijos: "No sean bobos, que aquí hay que echar p'adelante
hasta que nos saquemos el sorteo":
Como último ejemplo está el de quien oyó a
un primo que tiene un sobrino que anda con una chica de un cuentapropista
casado con la nieta del administrador de una tabaquería,
cuyo gerente es tío del ministro de la Construcción,
que dijo a su madre, y ella lo soltó hacia abajo, que habían
cogido a un grupo de mayimbes con unas jineteras de Jesús
María contratadas por un proxeneta de Las Tunas hermano de
un general que desertó en Guayaquil, Tirana o Barquisimeto
y es perseguido por la INTERPOL.
Además de esto, ¿cuántos cubanos no fueron
a visitar a la cantante Mirta Medina al hospital de Mazorra después
que Formel, apenado por encontrarla loca y abandonada en Miami,
decidió traerla para Cuba a que se recuperara?
¿Qué argumentan ahora los cientos de cubanos que
juraron por sus madres, hijos y sobre la bandera y la Biblia haber
visto la imagen del cadáver de Ramoncito Veloz, víctima
de una puñalada de Salvador Blanco?
¿Dónde se encuentran los que acompañaron los
restos mortales de Mijail Mulkay, fallecido a causa del dengue hemorrágico,
hasta el Cementerio de Colón?
¿Cómo se sienten los cientos de cubanos que hicieron
tribunas abiertas en las colas, los solares, los elevadores, los
camellos, las discotecas y otros lares que corrieron la violación
por parte de tres negros en un sitio y cinco en otro, del cantante
de la Charanga Habanera, conocido por el Bony?
No hay dudas de que el cubano disfruta su arte, lo perfecciona
y lo dirige contra cualquiera que se le ponga a raya, ya sea un
vecino petulante, un cantante de fama o un pastor. La cosa es mantener
el chisme en el candelero popular.
Todo esto demuestra que el arte de la mitomanía, la fabulación
y el brete de un gran por ciento de los cubanos se debe al nivel
de información que poseen, al ejercicio de todas las libertades
y al noble propósito de paliar un poco el alto nivel de realización
personal y el exceso de felicidad.
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