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Palabras para un zapatero
remendón
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, abril - Al nuevo presidente de España, José
Luis Rodríguez Zapatero, se le ha ido la chaveta, se le atragantan
los clavos y quiere diseñar un nuevo modelo de calzado hecho
con piel de gallina.
Oiga, decirle al mundo entero que un sistema tan abierto a las
desgracias y a todo tipo de intolerancias como el cubano tiene que
abrirse y aceptar el modelo Democracia, para lo cual usará
el tono y los materiales de su antecesor, es un martillazo en la
mismísima piel que me ha puesto a pensar.
Pero sus puntillas no se clavarán jamás en nuestra
suela de libertad, y mucho menos cambiarán el molde con el
que nos construimos los zapatos de andar por estas tierras de suecos,
huaraches y alpargatas.
Los cubanos pudimos -gracias a la obra de la revolución
y a los indomables Kilos plásticos de los años 70-
destronar del Salón de la Fama, en el apartado Peste a pata,
a miles de gallegos que se quedaron asombrados y dándose
violín en los pies ante la catástrofe medioambiental
originada por negros, jabaos, mestizos y cuanto cubano en gesto
de buena voluntad e internacionalismo "sicotario" optara
por descalzarse en la vía pública.
¡Cuántas plantas murieron ipso facto al leve contacto
con ese olor letal!
¡Decenas de gatos, perros y hasta gorriones bien lejos del
área de alcance de un pie proletarizado con un Kilo cayeron
fulminados de amor por los logros de la revolución en el
renglón calzados"
¡Miles de fumigadores, perfumistas, podólogos con
caretas antigás y comerciantes ilegales de aromatizantes
de a cinco pesos el pomo encontraron trabajo casa por casa, gente
a gente, en una cruzada sicótico que quedará en los
anales de la historia de Cuba como una proeza a favor de la desodorización
del patín insular!
Hasta un humilde campesino como Remigio Pata e Plancha, a quien
hubo que fabricar en exclusiva un par de Kilos, tuvo la dicha de
hacer un gran aporte a la patria al ser utilizado para exterminar,
con el solo desacordonamiento de uno de sus zapatos, las plagas
de insectos y roedores que asolaban los cafetales, las escuelas
en el campo y los cañaverales, entre otros puntos de referencia
productiva del país.
Por estas razones, ante los pusilánimes que dicen "quien
aguanta una piedra en un zapato aguanta un tarro" o "un
zapato apreta'o es peor que un dolor de muelas", decidimos
seguir nuestro paticidio socialista en aras de un rumbo mejor, aunque
los pasos sean cortos, cansinos y abocados al abismo.
Dicen que Crispín y Crispiano, los santos patronos de los
zapateros y los trabajadores de la piel, reencarnaron en Cuba y
adoptaron el plástico como materia prima ideal para romper
los moldes de libertad y los pies de andar y desandar, huir y quedarse,
avanzar y retroceder de quienes consideramos al socialismo tropical
como la mejor obra de artesanía utópica -confeccionada
a mano de hierro- del universo y de las leyendas.
Es decir, que ningún zapatero remendón, y mucho menos
español, puede decirnos qué modelo emplear, cuál
suela se ajusta al diseño democrático reconocido universalmente,
y mucho menos con qué tipo de clavos acabar con la pesadilla
del despegue de una suela que nunca llega a cristalizar ni se arregla,
ni se rompe definitivamente.
Andaremos descalzos, con los pies por el suelo, pero jamás
aceptaremos una horma que implica libertad de opción, nuevos
diseños y hasta otra piel de más calidad, pero rajada
con la chaveta de las elecciones, del derecho a opinar y a cambiar
de plantillas ante la simple molestia de un clavo en el calzado
mohoso y en desuso por 45 años de marchas combativas, maratones
de arrobas y caminatas de ida y vuelta alrededor del mundo comiendo
hierba y rompiendo zapatos.
¡Ya jode! Con lo libre que se sienten las cubanas calzadas
con chupameao estilo Totalitarismo, subidas en unos tacones de madera
cuarteada marca Nuevo Amanecer, o andarinas en las inigualables,
higiénicas y módicas sandalias de tiras plásticas
de suero modelos Solavaya.
Y los hombres, aunque se nos rajen los calcañales, se nos
ennegrezcan las uñas y se llenen de callos y juanetes nuestros
dedos y pies, seguiremos andando con las botas rusas El bolo, las
chancletas de palo La cagástrofe y los huaraches Siboney.
Y para dejar clara nuestra intención de rechazar cualquier
diseño alejado del que aceptamos por "consenso"
en la Isla, toda propuesta que pretenda introducir cambios en el
modelo libremente elegido por masoquismo, miedo y otros artificios
del estilo Sobrevivencia, decimos como Apolo ante el criticón:
"Ne supra crepidam sutor judicarat".
O mejor dicho, "zapatero a tus zapatos", que los callos
de Juan Descalzo sólo los cura un podólogo celestial
asistido por quienes osan mover los pies dentro de Cuba sin temor
al martillo ni a la bigornia.
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