7 de mayo de 2004
 

 

Los presos de su felicidad

Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press

"Sólo los recuerdos olvidados duelen más que el puro olvido" - Raúl Rivero

LA HABANA, mayo - Que un hombre como Silvio Rodríguez, cantor de las minorías inconformes de los años 60, iconoclasta autor de temas incendiarios por sus incursiones trovadorescas en una era que estaba pariendo un corazón, voz de una masa desesperada que desdeñaba los oropeles y se vestía de harapos para encontrar la supuesta verdad, se olvide de un poeta contemporáneo, es más, intemporal, como Raúl Rivero, es un acto de lesa "trovardía".

Cantar que "sólo el amor engendra la maravilla" mientras, en evidente acto de desamor, se aprueba el encarcelamiento de quienes piensen de forma diferente ¿a la suya? de un Rivero amigo que parece responderle en su poema Temporal: "Ese fue el tiempo nuestro / En él oramos porque nos dieran la incertidumbre / Y cantamos a dúo en los tejados de los manicomios. / Allí donde no hubo nunca un espejismo / nos entregamos al ruego, la música y el aire / Aquella línea que pareció infinita / aquel refugio neurótico y mundano / se volvió una heredad de compasión perpetua / Y es allí donde me estoy muriendo / es renegar del bien y adoptar la malicia como a guitarra muerta.

Fusil contra fusil no es la frase correcta, la diferencia salta entre el verso comprometido con el poder más allá de asonancias y consonancias -en el caso de Silvio- y el verso comprometedor por su alcance sincero, por la sublimación del hombre en su papel de dispensador de recuentos y abrazos, cuando funde en la rima todas las diferencias como lo hace Raúl.

No hay razón para odiar las razones de otros. motivos para compartir el agravio, la sordidez y el espanto que hacen materia subversiva la poesía y otros ángulos de una verdad.

Hay que tener un corazón desangrado, convertir en dogmas las causas y azahares de la vida para cantarle al amor y a la solidaridad humana con tanta calidad y tanta inspiración poéticas, mientras se justifica un acto que hace sufrir al prójimo.

Por eso es que me extrañó leer en el Día Mundial de la Libertad de Prensa una declaración de Silvio Rodríguez donde, según el diario La Crónica de Hoy, decía a unos jóvenes mexicanos durante el primer Festival de la Palabra Ciudad México: "Raúl y sus compañeros de prisión fueron encarcelados porque violaron una ley contra la conspiración a favor de un gobierno extranjero".

Ojalá que la ira se le rompa de pronto y el amor al poder se convierta en cristal, para no verlo tanto, en todos los segundos, en todas las canciones y en cuanto acto contra la libertad de expresión se lastime una voz.

Ojalá el unicornio azul de su intolerancia deje de pastar en la piel del poeta, en los ojos de orgullo de quienes también lanzaron voces para decir verdades como truenos en medio de la tempestad del miedo y del silencio desataca en la Isla.

Y como él dice en su Pequeña Serenata que vive en un país libre, cual solamente puede ser libre, y que es un hombre feliz, feliz, yo quiero que le perdonen, en este día, los presos de su felicidad.