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Nefasto el orador
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, junio - La oratoria en la Cuba de hoy puede definirse
como un cañonazo a boca de jarro, una llovizna pertinaz que
no meja pero empapa o un palabreo incesante que nos hace perder
hasta el resuello.
Hay que oír a esos niños, jóvenes, viejos
y cadáveres en grabación retomar el tema sagrado de
la patria, la cuota adicional de lemas y consignas, más la
producción seriada de juramentos y blasfemias, para comprender
que dejamos atrás a griegos y romanos.
¡Qué Isócrates ni Demóstenes! Saquen
a patadas a quien les hable de Cicerón, y cojan para envolver
coquitos prietos las obras de Aristóteles. No se desgasten
en descifrar las escaramuzas verbales de Protágoras, hagan
cometas con ellas y empínenlas en un vendaval. Jamás
se sienten a dialogar con El banquete indigesto de Platón,
viren la mesa, boten al olvido sus palabras y nunca presten oído
a los disparates oratorios de San Juan Crisóstomo, pues llegarán
a odiar el arte de hablar bien y convencer.
Escuchen a Panchón "Pico de Oro", a Catalina la
del guayo encendido y a Musulungo El Gago en sus conferencias magistrales
del Parque Central, la parada del rutero P2 o la rifa de Pandas
en el comité, y comprenderán cuánto de amor,
desinterés y entrega fluye de sus acopladas gargantas e intelectos
hacia un público receptor al duro y sin guante.
Ahí sí hay discurso, manejo del despelleje, del aluvión
verbal apuntalado por muletillas proletarias, oraciones en cuarto
menguante y creciente, además de un carcaj de adjetivos listos
para disparar.
Que no piensen los griegos o los romanos antiguos o contemporáneos
que los oradores nuestros son una bandada de loros amaestrados o
de pericos repetidores para no perder el pan.
Aquí hasta los papagayos son universitarios y cuentan con
un arsenal discursivo que rebasa las 45 palabras. El nivel oratorio
de nuestros conferencistas es inimaginable, aunque por modestia
y ahorro lo circunscriban a un solo tema y lo expresen a ritmo de
robot, sustituyen los guijarros de Demóstenes por la hemorragia
lingual.
Tenemos piezas oratorias superiores a la expresada por Tristán
de Jesús Medina en la tumba de Cervantes, del mismo calibre
que las de Saliere para adormecer a Mozart y de igual calaña
que la sacada a punta de cuchillo a la eminente habladora Dulce
Lengua de Trapo por el hermano de Nana, la Virgen del Rocío,
cuando la escuchó expresarse de sus correrías en el
Bodegón de Amable.
Nos sobran dignos ejemplos, piezas museables de la oratoria impartidas
por nuestros conferencistas y ya clasificadas como magistrales antes
de celebrarse.
Esa es la confianza, la certeza en el dominio de las claves y los
bongóes de la buena expresión, el discurso persuasivo,
la frase convencedora detrás de la cual se ocultan las esposas
y tonfas policiales como símbolos de respeto, tolerancia
y material de estudio.
Bastaría seleccionar cualquiera de los dos ejemplos escogidos
al azar entre cientos de discursos, llamamientos, proclamas, palabras
de reafirmación, directrices revolucionarias, debates unidireccionales,
diatribas, turnos del ofendido, chismes, consejos y determinaciones,
para eternizar en el panteón vivo de las palabras muertas
el nivel retórico y la capacidad de convencimiento de los
oradores cubanos.
De las conferencias magistrales La carne texturizada, El solapín
y las várices, Esencia fenomenológica en el consumo
del pan, sus aplicaciones en la lista de espera de ómnibus,
Los alacranes y la capa de ozono, y la sin par Efecto de la mudez
de los cocodrilos de Tonga en el silencio, la algarabía y
el amor de los cubanos a los huertos populares, el caguín
y el cruce del Niágara en bicicleta, escogeremos este último
por su incidencia además en las corrientes de los malcriadísimos
y jodedores fenómenos El Niño y La Niña.
Esta conferencia fue impartida en el Cuarto Magno del solar La
Cochambre por el eminente políglota Nefasto Boza, tres días
después de cumplir similar misión en una comunidad
agrícola de tongueros, allá por Oceanía, donde
se le otorgó el título de Doctor Honoris Causa de
la universidad en construcción en una de las 45 islas habitadas
del archipiélago, y el Diploma de Reconocimiento al Mejor
Somnífero para una multitud aquejada de inconfesables deseos.
Ahí les van algunos fragmentos:
"Compañeros tongueros, tonguenses, tongudos, tongados
o como diablo les llamen. He venido aquí desde mi lejana
tierra, donde habita la Giardia, a llenarles de sabiduría
sus lagunas mentales, hacerles entender que las palabras son un
bálsamo para los que no me entiendan, un impulso para los
indecisos y un pasaporte para la cárcel a quienes se pasen
de listos y empleen las más afiladas, las que irritan, sacan
el churre o dejan al desnudo las bajezas o subidas del hombre en
los predios de la intolerancia
"
Nunca renuncien a sus taparrabos, a sus lanzas, ritos
y otras burundangas que, si bien los mantienen alejados de la civilización,
los salvan de conocer las trapichopin, las escopetas de palo y el
calor del asfalto en los Domingos de la Defensa, así como
también a la compañía ETECSA, el Camello M4
San Agustín-Fraternidad, la ley general de la vivienda y
el arrendamiento de terrenos baldíos, entre otros logros
de la ciencia y la política a favor del bienestar público.
"Sigan a patitas o en canoas, defiéndanse a mangaz
limpio, llámense a gritos, no se les ocurra bailar el regatón,
hacer ruedas de casino y mucho menos importar un bicitaxi con grabadora,
jamás construyan mesas, y mucho menos redondas, y prefieran
vivir sobre un pantano antes que renunciar a sus tradiciones.
"Compañeros tonguses de la Isla de los Amigos, aunque
espero no verlos más -salvo al que le cayó a trompadas
a un campeón nuestro de las Olimpíadas, para convencerlo
de que no sea malagradecido con quienes le dan la mano desinteresadamente-
quiero que no olviden hacer hablar a sus cocodrilos, callar a sus
loros, no destilar más guachipupa purgante, y ver de qué
manera le bajan la corriente a esos niños que causan apagones,
frío y calor, subida de precios, déficit de proteínas
y otros males, pues ya los cubanos, con la machacona descarga de
los yanquis, hace años perdimos el regulador de voltaje.
"Ciudadanos del Reino de Tonga, si pudiera entongarme y entenderme
con ustedes, me quedaría, pero la cultura cubana reclama
mi lengüeteo.
"Muchas gracias".
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