1 de julio de 2004
 

 

Epístola segunda

LAS TUNAS, 25 de junio (Ramón Velásquez Toranzo para Lux Info Press) - En su segunda epístola a Jorge el vecino atravesado de enfrente, el Sr. Castro le asegura que no es su propósito mortificarlo o amargarle la vida. Luego no hace otra cosa que intentarlo, como cuando le recuerda a éste que obtuvo la victoria por solo 508 votos, como si él la hubiese logrado por muchos más y no por medio de la violencia, acompañado por la astucia, el engaño y la opresión.

También le reprocha a Bush, el no permitir al pueblo norteamericano viajar libremente a la Isla, para dejar en ella la tan necesaria platita, y sugiere para desviar la atención de la verdadera intención que esto puede ser por miedo a la contaminación ideológica que estos visitantes pudieran contraer entre nosotros.

Si esto no es una ofensa, con injuria incluida, a la inteligencia y al sentido común, de ese hermano pueblo no sé de qué se pueda tratar entonces. ¿Es que alguien se imagina a un turista norteño de regreso a su tierra queriendo implantar en ella un desastre, político y económico como el nuestro, en el cual hacer el uso del más simple derecho se paga con la cárcel y los gobernantes dictan hasta lo que has de pensar?

No, definitivamente no es miedo a esta enfermedad criolla lo que impedirá a los estadounidenses, acudir por montones e inyectar de esta forma las arcas cada vez más huecas del gobierno cubano. Más adelante el Sr. Presidente Castro, alerta a su contraparte, de que en caso de morir en el cargo, nadie podrá coger mangos bajitos.

Todo está previsto para que si la parca lo sorprende mandando podrá seguir amargándonos la existencia hasta después de muerto, por medio de alguna especie de delegados personales. Pero donde parece existir una contradicción más evidente y desfachatada, es cuando aconseja al adversario de abstenerse de llevar a cabo aventuras locas, o venganzas viles contra nuestro pueblo.

Que podrían desencadenar un éxodo masivo que, y cito textualmente, "no estamos en condiciones de impedir". Y me pregunto, ¿dónde se ha visto que un pueblo acorralado por las circunstancias huya hacia el enemigo? A un enemigo que te abra los brazos y te brinde su casa y su mesa en vez de ametrallarte como tanto le gustaría a algunos por ahí. A alguien que se dice tu amigo y al mismo tiempo te mata de hambre, necesidad y represión. Si somos capaces de proveer respuestas a estas interrogantes, entonces estamos aptos para desenmascarar a un sistema que perdura sólo gracias a su habilidad para distorsionar, mentir y en última instancia, obligarte a creer por medio de la fuerza.

En cuanto al ofrecimiento para salvar gratuitamente a norteamericanos en Cuba, me parece un chiste simpático, por lo absurdo; Sobre la seguridad de ganar una guerra contra la mayor potencia del mundo, no sé qué decir, y me gustaría que algún psiquiatra versado en las complejidades de la mente nos explicara a todos cómo es posible pensar de esta manera.