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El arte de la espera
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, julio - La espera por el pago de un trabajo o colaboración
en el sector artístico e intelectual se ha convertido en
un arte.
Asimismo, de producirse el milagro del pago en tiempo y forma,
lo devengado está tan alejado del costo de la labor ejecutada
que cuando no causa infarto provoca risa.
Guionistas, escultores, músicos y actores, entre otros del
sector a quienes se les pide la realización de un trabajo
o colaboración, luego de concluido se les notifica que no
existían fondos, la caja está cerrada o que la compañera
de finanzas se encuentra embarazada y no puede efectuar el pago.
En ocasiones, sólo hay que aguardar varios meses antes de
que se les informe la imposibilidad de la erogación por los
problemas económicos que enfrenta el país, específicamente
en el sector, y se les cierra el contrato aunque el trabajo ya esté
concluido o funcionado en plena realización.
Numerosas quejas formuladas ante las organizaciones sindicales
de base por diversas agrupaciones musicales, sin pago por sus actuaciones,
no han tenido respuestas positivas, y el mal, como una sinfonía
inacabable o el son más largo del mundo, se expande por todo
el sector creando un grado de malestar que a veces provoca el abandono
del puesto de trabajo de forma temporal o defnitiva.
Tríos, orquestas y solistas, así como escenógrafos
y luminotécnicos se suman a los demás integrantes
de colectivos artísticos afectados por esta denominada epidemia
de la financiación que afecta en calidad y cantidad las propuestas
culturales y recreativas diseñadas para el disfrute de la
población.
Por otra parte, en un reciente comentario titulado "Tomen
chocolate", que apareciera en la página humorística
del Juventud Rebelde dominical bajo la firma de JAPE, se satirizan
las causas esgrimidas para incumplir con la obligación del
pago, y se parodian algunos subterfugios, actos de injusticia y
mecanismos obsoletos para no pagar o pagar poco las colaboraciones
literarias.
En uno de sus párrafos, y en clara alusión a las
risibles argumentaciones para no efectuar el pago correspondiente
por una colaboración, el humorista expresa: "Mira, muchacho,
el problema es que en el artículo tal del código más
cual se refleja claramente que según directiva número
x del año en curso, el pago por la actividad que tú
realizaste no debe exceder las diez monedas, de cuya cifra se descontarán
los impuestos establecidos
pero por reajuste de la economía
interna (la cajera tiene un uñero) no te podemos pagar".
Más adelante, para establecer la insuficiencia del pago
-cuando se efectúa- entre una labor y otra, el articulista
indica: "De igual forma hubiera sido diferente el pasaje bíblico
si a los albañiles, por hacer su infinita torre hacia el
cielo, le hubieran pagado lo mismo que a un actual colaborador periodístico.
No se trata de comparar labores, simplemente es que con lo que cobra
dichos intelectuales apenas alcanza para poner un ladrillo".
Esta realidad, esgrimida de forma jocosa pero con toda la seriedad
que representa un pago insuficiente, sube de tono cuando habla de
las tarifas y legislaciones que pertenecen a la antigüedad,
y culmina con una expresión que encierra el poco valor que
se le da a las actividades artísticas e intelectuales, cuando
dice: "No importa, son artistas. El arte puede esperar. Aunque
aquí esperar es todo un arte".
Para redondear esta velada denuncia de lo que acontece con el pago
en el sector, el autor hace referencia a que "muchas instituciones
y empresas nos han inspirado para la página de hoy. Para
qué mencionarlas
Hay que ahorrar tinta".
Su actitud, si bien reveladora de un mal posible de superar si
todos exigen que cumplidos sus deberes hay que retribuirles sus
derechos, es demostrativa de un comportamiento apático, cuando
no conformista, ante las arbitrariedades de que son víctima
cientos de trabajadores cubanos que se siente derrotados de antemano
por una maquinaria burocrática y una legislación poco
seria como quienes la redactan y los que deben hacerla cumplir.
Los críticos problemas con el pago de las múltiples
actividades creativas que se generan en el sector artístico,
son justificadas ideológicamente en las asambleas del sector
de la cultura que actualmente se realizan en todo el país,
previas al VI Congreso, aunque se prometen cambios, se diseñan
nuevos lineamientos y se crea una atmósfera triunfalista
que sólo quedará, como siempre, en un acto de espera.
Para hacer realidad lo expresado por el articulista de que "respetar
un contrato y una obra no puede convertirse en un mito", como
punto final de "Tomen chocolate", es preciso que las autoridades
del sector cojan vergüenza, se sensibilicen con el creador
y ante todo, que paguen lo que deben y así poner fin al arte
de la espera.
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