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Nefasto el eficiente
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, julio - La palabra de un revolucionario es ley, y la
ley está hecha con la palabra de un revolucionario. Ante
la magnitud de este axioma triunfador, nada puede fallar.
La negligencia, el incumplimiento, la incapacidad, el peloteo,
la vaselina y otros pases como la demora, el teque, la promesa y
el engaño, son hijos del capitalismo.
Aquí, ante cualquier problema se crea una comisión
de embullo, un grupo de apoyo, un comité de acción,
una brigada de trabajo, un escuadrón de ética, una
oficina y un ministerio encargados de solucionar desde la paja en
el ojo ajeno hasta el detergente casero para lavar los trapitos
sucios, pasando por el legrado de Brocelianda, los amantes de Mayeya
la del partido, el jardín experimental de Gudelio el exorcista
y el por qué de qué callada manera se queda solo el
país.
Nada está fuera del alcance del socialismo, y menos los
reclamos de un trabajador.
En Cuba la palabra es el padre de la ley, y la ley es madre de
la palabra, y aunque muchos nos digan bastardos o desmedrados, nunca
hemos sido huérfanos.
Eso de que el compañero Alcides Fernández Valdés,
de Buenavista, en Remedios, se haya quedado ciego a la espera de
una cura de luz que jamás aparece, es increíble, infamante,
noticia falsa, manipulación mediática, injuria imperialista
y fuego graneado pre invasión enemiga.
Que a un hombre que donó en el año 1979 una parte
de sus tierras para la construcción de un servicentro a cambio
de que le pasaran un cable para instalar la electricidad aún
no se lo hayan colocado en 2004 es imposible de creer.
¿Cinco lustros, un cuarto de siglo, veinticinco años
para pasar un cablecito de mierda por encima de tres pelos de alambre?
¡Ni el bloqueo, hermanos! Esto es cosa de las columnas y las
calumnias enemigas.
¿Cómo es posible que en el país del hombre
nuevo, programado para ser eficiente, donde la conciencia crece
como la verdolaga, el amor por el prójimo al ritmo de los
dólares, y la burocracia supera el nivel de contaminación
ambiental del planeta, no aparezcan un cable y un bombillo en cinco
lustros de búsqueda incesante?
Comentan que a ese señor le dicen El monje de Montecristi,
pues acabó con cuanto gajo, arbusto, árbol le sirviera
de combustible para alumbrarse y orar mientras escribía cartas
tras cartas a sociedades, compañías, instituciones,
cofradías, cuerpos, entidades, federaciones, alianzas, sindicatos,
coaliciones y pandillas, entre otras asociaciones inútiles
o buenas para nada en Cuba, pero que sirven para aliviar la pesadilla
de la espera al provocar infartos generalizados a los solicitantes
de ayuda gubernamental.
Sabemos que malos consejeros, personas desafectas al sistema, locos
porque la tortilla se vuelva, descocados por saltar el charco, le
dijeron que se alejara de tanto misticismo humoso y candilero y
cogiera una macana de caguairán y acabara con el servicentro,
los inspectores y otros farsantes -perdón, garantes- de la
ley, y siembre marabú en la tierrita que le quitaron voluntariamente.
Pero no es necesario, pues con los recursos y las grandes amistades
de la revolución solucionaremos en menos de quince años
el problema.
Le pediremos a los hermanos de la caravana Pastores por la paz
que en su mágico deambular por el infierno recauden un trocito
de cable en Dakota del Sur, otro en Arizona, un poquito más
en Georgia -nunca en la Florida- y cuando crucen la frontera hacia
México empaten un susodicho que mida alrededor de 10 metros,
para que el guajiro de Remedios muera iluminado.
Eso sí, los filamentos para el bombillo hay que solicitárselos
a la ONU, o en su defecto a la OIT, pues los recursos que poseemos
son para alumbrar una tribuna abierta de reafirmación y compromisos
revolucionarios en la parte norte del mangal del ofendido, aunque
nunca humillado compañero de Remedios sin efectos curables.
También resulta preocupante la queja formulada por un señor
-tiene dólares y firmó con el nombre del hijo, José
Sael Zafones Lorenzo- de Ciudad de La Habana, quien reclama un perro
que dicen voló a la Luna.
Según el denunciante, luego de comprar una jaula que costó
179 USD -qué detallito con el perro- y pagar 191 más
por el embarque y 10 por la consulta del veterinario, para una friolera
total de 380 dólares, el can, es-can-dalizado, no aparece.
Lo metieron en un guacal, lo montaron en un Iberia, y como nuestro
sin par Matías Pérez, desapareció.
¡Qué malagradecido este perrito en el que invierten
más que en Rin Tin Tin o Lassie por la filmación de
una película, un poquito menos que el presupuesto asignado
para la Escuela Cubana de Magos en Resistencia "Vapuleados
por la Vida", y el equivalente a lo que gana el científico
matancero que descubrió cómo matar las pulgas a cabillazos
en el lomo de un perro sin afectarlo por tres años de arduas
y calurosas investigaciones!
¡Hay que encontrar al perro! El compromiso moral que contrajimos
al adquirir los verdes por el vuelo de nada menos que un Poodler,
que como si fuera poco es blanco y menor de edad -sólo tiene
10 años- no se puede comparar al problemita del guajiro que
reclama un cable y un bombillo hace sólo un camarón
de la charada china. Y menos si míster perro -vale dólares-
iba hacia España, tierra de nuestros favores.
A pesar de su pedigree actual, por su pasado sato y proletario
se precisa de un minucioso análisis perreril sobre las costumbres,
inclinaciones e ideas políticas del Can -no Cerbero y sí
Papillón- para su búsqueda, captura y devolución
a la perrera que lo vio nacer, si no demuestra descender de un King
Charles inglés de compañía, un Bóxer
alemán de pelea o cuando menos de un Chihuahua tequilero
y ladrador, pero extranjero.
Le mandaremos un correo a la ingrávida Laica -que aguarda
en el espacio por la reintegración de la Unión Soviética
para poder bajar- a ver si en un claro de luna ve desandar al perro
por ahí, por esas calles lunáticas como las nuestras.
La cuestión es que hay que encontrar al perro, pues hace
más de un mes de su desaparición física, no
espiritual, ya que ni el dueño ni los que lo embarcaron ni
el veterinario olvidan las bucaneros y las salchichas que les proporcionó
este vacacionista que ha puesto a correr a los inspectores de aduanas,
los guardias del aeropuerto, la defensa civil, un club de fan a
la aeronáutica y a célebres genetistas de los perros
cubanos adiestrados en la detección de dólares, narcotraficantes,
prostitutas y guerrilleros, entre otros males necesarios para sobrevivir.
¡Y que digan los enemigos que aquí no hay eficiencia,
preocupación y vaselina suficiente para enfrentar las tergiversaciones,
resolver los problemas, y ganar tiempo hasta que el perro baje,
convertido en estrella, y se pose en la macana del guajiro para
compartir, ya iluminados, cada noche.
¡Palabras de revolucionario de ley!
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