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Al son de la moralina
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, julio - Si en los años 70 los gays cubanos iban
a la cárcel por una figura jurídica estrafalaria y
humillante, "afear el ornato público", como apuntara
en una de sus crónicas de excelencia el poeta y periodista
Raúl Rivero, en este momento se les aplica un término
de mayor resonancia social: peligrosidad.
Al parecer, resulta inquietante para la moralina estatal que decenas
de individuos, ataviados de mujer, se pasearan todas las noches
por el parque conocido como El Curita, en las céntricas calles
de Galiano y Reina, en medio de una convocatoria a una batalla de
ideas que no admite lentejuelas, plumas, ojitos pintados, contoneos
dudosos, vocecitas débiles ni nada que relaje el concepto
machista de un verdadero revolucionario dispuesto a dar el frente,
y no la retaguardia, por la causa de todos.
La prohibición de los espectáculos escenificados
por gays en instituciones culturales como el América y La
Madriguera, entre otros, puso fin a un aparente gesto de tolerancia
de las autoridades cubanas con una minoría social escarnecida
y acosada por los autotitulados guardianes morales de un sistema
que busca la pureza en el pantano de las diversidades.
La discriminación, el acoso, las prohibiciones, la expulsión
de lugares públicos, así como las multas, los actos
de intimidación y hasta el encarcelamiento, han vuelto a
ser parte de una moralina patriotera que quiere equiparar a un gay
con un misil en la eterna paranoia comunista de ver -muestra de
temor- un enemigo en todas partes.
De acuerdo con un reportaje investigativo de Rolando Pérez
Alfonso, la moche del mismo día en que el gobernante cubano
leyó la Segunda Epístola a Bush, nadie sabe por qué
razón se desató en toda la capital una de las más
grandes redadas contra los homosexuales desde la noche de las tres
P (putas, proxenetas y pájaros) allá en los aterrorizantes,
por represivos, años 60.
En la redada, que abarcó según la fuente los sitios
más frecuentados habitualmente por los gays como El Curita,
La Rampa y el Malecón, acabaron con tirios y troyanos, pues
el que no fue levantado por flojo, fue conducido por aspirante,
cómplice y otros "delitos" que se mueven alrededor
de individuos tan peligrosos.
Alrededor de 200 homosexuales, desde junio hasta la fecha, han
sido fichados, advertidos, multados y algunos enviados a la cárcel
bajo el supuesto delito de prostitución, que acá en
la Isla, añade la información, constituye un acto
de peligrosidad contra la seguridad del estado.
Luis Bernal Díaz, alias Desiré, de 20 años
de edad, tuvo que abandonar la casa ante el acoso del jefe de sector.´
"Danay" Palma González, residente en el edificio
717, apartamento 48, en la zona 21 de Alamar, en el municipio Habana
del Este, fue condenado a cuatro años de privación
de libertad, que cumple en la cárcel 1580. Es portador del
sida, e intentó suicidarse en la sala de penados de La Covadonga
al conocer que sería sancionado.
También fueron condenados a cuatro años por prostitución
un joven de 17 que se hace llamar Chanty y vive en la calle Aguila
entre Corrales y Aponte, en la Habana Vieja, así como uno
conocido por Madonna, natural de Colón, en Matanzas, y también
enfermo de sida.
La gran mayoría de los homosexuales acosados, entre los
que se encuentran La Tañón, Ninosca, Chantal, Jennifer
y muchos más que aparecen en el reportaje de Pérez
Alfonso, han hecho mutis de los escenarios públicos, renunciado
a vestidos y tacones y hasta está dispuestos a tomar aguardiente,
vestirse de cañeros, fumarse un tabaco y hablar más
ronco que el desaparecido cantautor José Antonio Méndez.
Los espacios ganados a una convivencia social donde quepan todos,
con supuestas virtudes y defectos, comienzan a desaparecer al son
de una moralina que amenaza convertir la denominada batalla de ideas
en el combate de las cinco P: palos, presidio, prohibiciones, peligro
y pan, para que no protesten.
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