23 de julio de 2004
 

 

Al son de la moralina

Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press

LA HABANA, julio - Si en los años 70 los gays cubanos iban a la cárcel por una figura jurídica estrafalaria y humillante, "afear el ornato público", como apuntara en una de sus crónicas de excelencia el poeta y periodista Raúl Rivero, en este momento se les aplica un término de mayor resonancia social: peligrosidad.

Al parecer, resulta inquietante para la moralina estatal que decenas de individuos, ataviados de mujer, se pasearan todas las noches por el parque conocido como El Curita, en las céntricas calles de Galiano y Reina, en medio de una convocatoria a una batalla de ideas que no admite lentejuelas, plumas, ojitos pintados, contoneos dudosos, vocecitas débiles ni nada que relaje el concepto machista de un verdadero revolucionario dispuesto a dar el frente, y no la retaguardia, por la causa de todos.

La prohibición de los espectáculos escenificados por gays en instituciones culturales como el América y La Madriguera, entre otros, puso fin a un aparente gesto de tolerancia de las autoridades cubanas con una minoría social escarnecida y acosada por los autotitulados guardianes morales de un sistema que busca la pureza en el pantano de las diversidades.

La discriminación, el acoso, las prohibiciones, la expulsión de lugares públicos, así como las multas, los actos de intimidación y hasta el encarcelamiento, han vuelto a ser parte de una moralina patriotera que quiere equiparar a un gay con un misil en la eterna paranoia comunista de ver -muestra de temor- un enemigo en todas partes.

De acuerdo con un reportaje investigativo de Rolando Pérez Alfonso, la moche del mismo día en que el gobernante cubano leyó la Segunda Epístola a Bush, nadie sabe por qué razón se desató en toda la capital una de las más grandes redadas contra los homosexuales desde la noche de las tres P (putas, proxenetas y pájaros) allá en los aterrorizantes, por represivos, años 60.

En la redada, que abarcó según la fuente los sitios más frecuentados habitualmente por los gays como El Curita, La Rampa y el Malecón, acabaron con tirios y troyanos, pues el que no fue levantado por flojo, fue conducido por aspirante, cómplice y otros "delitos" que se mueven alrededor de individuos tan peligrosos.

Alrededor de 200 homosexuales, desde junio hasta la fecha, han sido fichados, advertidos, multados y algunos enviados a la cárcel bajo el supuesto delito de prostitución, que acá en la Isla, añade la información, constituye un acto de peligrosidad contra la seguridad del estado.

Luis Bernal Díaz, alias Desiré, de 20 años de edad, tuvo que abandonar la casa ante el acoso del jefe de sector.´

"Danay" Palma González, residente en el edificio 717, apartamento 48, en la zona 21 de Alamar, en el municipio Habana del Este, fue condenado a cuatro años de privación de libertad, que cumple en la cárcel 1580. Es portador del sida, e intentó suicidarse en la sala de penados de La Covadonga al conocer que sería sancionado.

También fueron condenados a cuatro años por prostitución un joven de 17 que se hace llamar Chanty y vive en la calle Aguila entre Corrales y Aponte, en la Habana Vieja, así como uno conocido por Madonna, natural de Colón, en Matanzas, y también enfermo de sida.

La gran mayoría de los homosexuales acosados, entre los que se encuentran La Tañón, Ninosca, Chantal, Jennifer y muchos más que aparecen en el reportaje de Pérez Alfonso, han hecho mutis de los escenarios públicos, renunciado a vestidos y tacones y hasta está dispuestos a tomar aguardiente, vestirse de cañeros, fumarse un tabaco y hablar más ronco que el desaparecido cantautor José Antonio Méndez.

Los espacios ganados a una convivencia social donde quepan todos, con supuestas virtudes y defectos, comienzan a desaparecer al son de una moralina que amenaza convertir la denominada batalla de ideas en el combate de las cinco P: palos, presidio, prohibiciones, peligro y pan, para que no protesten.