25 de agosto de 2004
 

 

Nefasto y el recurso más importante

Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press

LA HABANA, agosto - Las numerosas muestras de ingenio desarrolladas por nuestros especialistas en trabajo, pega, traqueteo, curralo y pincha, entre otras denominaciones científicas del laboreo remunerado, han sentado las pautas de cómo evitar que mueran un promedio de cien trabajadores cada año.

Las cojeras, el achicharre mental, la manquedad gloriosa y hasta la muerte, obtenidas en el combate por mantener los logros de la revolución en la esfera laboral, están a tono con la importancia del hombre en el paraíso de los trabajadores: Cuba.

Si bien por una producción de compotas o de mil dedos zurdos de guantes para cañeros estamos dispuestos a dar hasta la propia sangre de los obreros, nos mantenemos alertas contra el desmadre que diezme las filas y montones de los asalariados cubanos.

Para ello, durante la realización de un taller sobre la protección del trabajador efectuado en Sancti Spíritus, implementamos un paquete de medidas -convoyado con uno de ataúdes, esparadrapos y timerosal donados por los vagos de Las Vegas- que evitarán las mutilaciones y las secuelas psicológicas y físicas en los centros de trabajo de la Isla.

Un ejemplo elocuente de las preocupaciones por el bienestar de los trabajadores es la compra en una empresa avícola de un abrigo valorado en más de 300 dólares para trabajar en una nevera y así impedir que se nos recalienten y exploten los huevos por tanta presión, que además rotará trimestralmente por todos los centros del país donde se precise conservar el yogurt de soya para las escuelas, el yogurt de caña santa para los niños intolerantes a la leche antes de los siete años, y para el yogurt de ajonjolí de los asilos de ancianos, entre otros sabores de vital importancia.

Resulta encomiable que en esta empresa, con la nueva adquisición, no se producen accidentes de trabajo desde hace seis años, el mismo período en el que apenas había gallinas, y mucho menos huevos.

Por otra parte, fue puesta en tela de juicio la iniciativa de algunas unidades del Ministerio de la Industria Azucarera (MINAZ), que decidieron erradicar la plaza de técnico de seguridad del trabajo, al calor de las nuevas estructuras y el redimensionamiento.

Como todos conocen, las nuevas estructuras no son más que los viejos lugares donde había un central, y cuyas chatarras se han convertido en objetos museables para las venideras generaciones.

Asimismo, el redimensionamiento en Cuba -en Estados Unidos expulsión, cesanteo, recorte de plantilla, bote para la calle, etcétera- consiste en ubicar a un ingeniero eléctrico en un taller de candiles, chismosas y quinqués; a un cardiólogo en un jardín botánico a recetar plantas medicinales, y a una profesora de canto en una terminal de ómnibus interprovinciales a cantar los números de la lista de espera.

¡Nadie queda desamparado como en los Estados Unidos, nadie! Además, laboran dentro de un perfil profesional.

Pero volviendo a los desacuerdos con esta madura medida, les diré mis consideraciones.

¿Para qué un técnico del trabajo en un lugar donde no hay peligro, gracias a las medidas emergentes e innovadoras tomadas por los especialistas del MINAZ?

Apenas existe el temor de morir electrocutado si no hay electricidad.

Es muy difícil caer de alguna altura adonde no se puede llegar por falta de escaleras.

Casi es imposible que un camión te pase por encima si no tiene combustible.

No es posible quedar mutilado por la explosión de una caldera de un central "reestructurado".

Resulta imposible dar un resbalón en el piso, caer romperse la ventrecha si el detergente se asigna sólo en días feriados.

La indigestión es una utopía por la poca comida, nadie se da un martillazo, porque no existen clavos, y mucho menos existe el temor psicológico de ser redimensionado si el centro de trabajo es sólo un nombre, un número de obreros y otra noticia en el semanario Trabajadores.

En cuanto al salario, para qué. Los estímulos morales nos bastan y nos sobran: Un fricasé de diplomas Vanguardia Nacional, con una ensalada de certificados Centro sin Accidentes Laborales, y un postre con afiches Sí se Puede, son suficientes para sobrevivir con dignidad.

Nada, que con estas medidas evitamos los accidentes laborales, garantizamos la producción de planes y proyectos y elevamos la seguridad del trabajo, en un país donde el hombre es lo más importante.