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Periodismo metafórico
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, agosto - Los periodistas cubanos tienen un pie en la
calle, el cerebro en las nubes y la lengua en el Comité Central
del Partido.
Cuánta destreza para evitar los baches y los buches de la
incondicionalidad al régimen y la amargura del despido encontramos
en sus escritos.
¡Qué vuelo metafórico para evadir la realidad,
transformarla o dar la nota más afín con la melodía
única del cinismo social disfrazada de arpegios humanistas!
Basta con leer el artículo con título geográfico
-Cuba es una sola- del joven Rodolfo Zamora Rielo, para comprender
los tintes de descubridor, la fiebre filosófica y el autoengaño
patriotero de ser el ombligo del mundo que recorre el periodismo
oficialista cubano.
Al parecer, aprendió bien la lección de alguien que
desde las mismas páginas del Tribuna de La Habana, por atreverse
a cuestionar la importancia de los Cuadernos Martianos -otra iniciativa
fugaz en los anales del cuento revolucionario- fue expulsado del
semanario.
Pero entrando en la esencia del tema, el articulista destaca que
"el país trascendió la dimensión geográfica.
Es un ideal, una raza, toda una civilización", y sólo
porque ha "oído decir que lo visto aquí no se
ve en ninguna parte, y eso nos dignifica: bromear dentro de un ómnibus
repleto, beber ron en agosto, ordeñarle melodías a
un palo, cantar en pleno apagón o ayudar a un desconocido".
¿Eso nos dignifica o nos humilla? Porque, oiga, hay que
estar demente, afiebrado, o ser un cínico redomado para llamar
felicidad al jolgorio para montar a un ómnibus, a la obligatoriedad
de beberse un chispa de tren porque una cerveza cuesta 27 pesos,
a tocar en un palo ya que una guitarra o un tambor son inaccesibles
por sus precios en dólares, y mucho menos por ayudar a otro
más jodido que uno.
Y como si fuera poco, el muy espartano y masoquista se jacta de
que "nadie como nosotros disfruta ese estoicismo de florecer
entre relámpagos".
¡Hasta la metáfora le salió cursi, desastrosa
y traída por los pelos al soslayar la voluntariedad o no
de quienes sufrimos este aguacero de calamidades que supuestamente
identifican a un hombre nuevo, diferente, dispuesto a ser el yunque
y no el martillo, o por lo menos ninguna de las dos cosas.
Por otra parte, el periodista esotérico considera que "Cuba
continúa siendo un misterio", algo en lo que estamos
de acuerdo, porque personas como él contribuyen a ocultar
lo más oscuro de nuestra realidad, roída por el miedo
y la imposibilidad de alcanzar otros aires, al menos por las vías
constitucionales.
Ante la verdad de los hechos y con evidente incongruencia, el periodista
señala que "muchos han perdido el sentido de pertenencia,
mientras otros la desean anexada y expoliada por el mero privilegio
del goce".
Entonces, ¿qué? ¿Se peina o se hace crespitos?
¿Estamos contentos o desilusionados con tanto aguacero entre
relámpagos?
Porque según él, ésos que "no viven en
un solar", pero juegan dominó en las esquinas, alardean
de sabiduría, piropean a las muchachas, beben ¿café?
caliente en vasos de vidrio y no comen si no ven arroz en la dieta,
supongo que no les preguntó si querían o podían
hacer otras cosas en esta tierra donde "uno no puede vivir
sin el otro", como en un ajiaco.
Resultaría interminable comentar todo el montaje periodístico
del artículo Cuba es una sola, pero aludiendo a la interrogante
principal de su melopea elogiosa, ¿ser cubano se aprende?,
le respondería: No, se padece.
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