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Receta para matar el comején
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, septiembre - Los comejenes son de anjá. Eso de
atacar unas viviendas construidas con los históricos restos
del maderamen de una de las carabelas de Colón arrastrados
hasta las costas de Baracoa hace algo más de 500 años
es un atentado contra el patrimonio cultural de la nación
y un hecho subversivo por contrarrevolucionario.
Que las históricas tablas fueran contrabandeadas por indígenas
cuentapropistas desde la Ciudad Primada hasta Guantánamo,
y las velas vendidas para taparrabos y mosquiteros en las candongos
del hato de Curucusey, en Puriales de de Caujerí, no constituye
un acto de inmoralidad que amerite el ataque.
¡Ningún comején puede blasonar de tener más
principios que un indio revolucionario, mayor disponibilidad para
el estrago ni similar entereza para depredar hasta los clavos de
una vivienda particular levantada con esfuerzo propio hace apenas
cinco siglos!
La indetenible plaga de comejenes que desde noviembre de 2003 invadió
inmisericorde las paredes, techos, ventanas, puertas, mobiliario
y toda madera que se le interpusiera, entre las calles Agramonte,
Moncada, Prado y Aguilera, en la ciudad del Guaso, debe cesar su
ocupación, abandonar las tablas o perecerá bajo el
humo y las palabras de un pueblo enardecido.
Aunque supimos que ante la denuncia formulada por la señora
Rosa Puig Rigual, vecina de Agramonte 810, interior, se movilizó
una fuerza anticomejenes que falló en su primera escaramuza
por falta de petróleo para arrancar las bazucas, tenemos
fe en la constancia de los revolucionarios para evitar que le caiga
comején al piano.
Un ejemplo elocuente fue la carta escrita al periódico Juventud
Rebelde por Juan Miguel Herrera Miranda, presidente de la Asamblea
Municipal del Poder Popular en Guantánamo, donde asegura
lamentar no hayan recibido la misiva anterior, y promete que accionarán
en el área afectada por los comejenes.
Para ello, agregó, "al lugar se presentó el
primer secretario del Partido en el municipio, el presidente de
la Asamblea Municipal del Poder Popular y otros factores de una
comisión integrada por compañeros de la Salud, Higiene,
Educación, del ministerio de Ciencia, Tecnología y
Medio Ambiente, del ministerio de Agricultura", además
de estar listas para entrar en combate brigadas antimotines de la
policía, tropas especiales del ministerio del Interior y
una compañía de tanques de las Fuerzas Armadas Revolucionarias,
según un reporte enviado por nuestro corresponsal Nefasto
Boza desde esa comejénica localidad oriental.
Pero los comejenes siguen ahí, aferrados como el macao,
y eso nos obliga a un estudio minucioso de su comportamiento social,
que abarque el nivel de reproducción, la integración
revolucionaria, su participación en las actividades de masas
y las pretensiones futuras en el seno de la comunidad, antes de
trazar un plan para exterminarlos.
Eso sí, rechazamos de plano la ayuda ofrecida por el gobernador
de California, el señor exterminador Arnold Schwarzanegger,
así como la de las guerrillas de los mabuleyengues, el club
de escopeteros de Copenhague y la compañía antiplaga
Muerte al Comején, conformada por especialistas de todos
los continentes, por aquello de que nuestros trapos sucios y comejenes
los lavamos y matamos en casa.
Los comejenes, termes o termitas, como también se conoce
a estos perturbadores de la tranquilidad ciudadana, forman colonias
de entre 100 a un millón de insectuchos enfrascados en demoler
los cimientos de un revolucionario: su vivienda.
Como si fuera poco, y en contraposición a nuestro sistema
igualitario en teoría, están divididos en castas,
lo que hace que en el seno de su comunidad se practique de forma
descarada la explotación del comején por el comején.
Y al igual que muchos de nuestros dirigentes, la reina y el rey
viven diez años más que sus vasallos, y alcanzan un
tamaño físico y espiritual en ocasiones 20 mil veces
superior al de las trabajadoras.
Pero fíjense si tratan de confundir, si fingen parodiar
nuestro sistema, que las trabajadoras son las que construyen y abastecen
el nido, cuidan los huevos y alimentan y asean a la clase privilegiada
de la comunidad, es decir, a los soldados y altos dignatarios de
esa cochambre insecteril donde prima el diversionismo ideológico,
el sálvese el que pueda y la no menos mala teoría
del consumismo para los de arriba y las restricciones para los de
abajo.
De cada exquisito bocado de cedro, algarroba, roble americano y
hasta de la vulgar pinotea que consumen a diario los reyes y los
altos funcionarios comejénicos, los trabajadores prueban
bien poco.
Es por eso que debemos acabar con esta invasión. Eliminar
el mal ejemplo que se desarrolla ante los angustiados vecinos de
la ciudad del changüí, el cacao y el cambute, además
de ser la cuna de uno de los rones caseros más fulminantes
nacidos con la revolución: el pinguto.
Debemos tener calma y confiar en la revolución, en sus mecanismos
para erradicar las plagas y hasta las malas pulgas de todo aquél
que atente contra su justa y aplaudida permanencia en el poder.
Si se les cae el rancho a los invadidos guantanameros, ¿quedarán
desamparados? ¡NO! Irán para un albergue por sólo
15 ó 20 años. Recibirán el solidario vaso de
guarapo de estación -con hielo o sin hielo-, las exquisitas
atenciones que van desde una capa de agua reciclable hecha con sacos
de abono, una sombrilla típica cubana confeccionada con pencas
de guano, cartón y otros productos nacionales, además
de un conduce para adquirir un saco de carbón mensual con
el que cocinar el picadillo extra, el pescado de estímulo
y los huevos pasados por agua de una tormenta de bienestar como
premio al aguante.
Pero vamos a la receta para matar al comején.
Analizado que no hay petróleo para las bazucas de fumigación,
y no queda insecticida en los almacenes, según resultados
de los profundos estudios realizados por la comisión gubernamental
y otros colaboradores, proponemos las siguientes medidas:
1- Como el carnicero de la cuadra hace cuarenta y cinco años
que no usa el cuchillo, adiestrarlo para que degüelle a la
reina y al rey en un ataque suicida, perpetrado a las sombras del
apagón.
Inmolado el carnicero en esta acción patriótica,
de inmediato se envía a una escuadra especial de vendedores
ambulantes de caramelos, palitos de tendedera, combustible alternativo
-leña- para que pesquen a los golosos funcionarios de segundo
nivel. Sacados de la colonia por la gula, serán encerrados
en un equipo de panes para la población y conservados como
una muestra de nuestra eficacia.
2- Para eliminar a las trabajadoras y a los soldados, basta con
anunciarles, respectivamente, que partirá una balsa de Jiquí
rumbo norte y que se firmó la paz de una guerra nunca efectuada
contra el ejército de hormigas que viven en la mampostería
de las viviendas invadidas.
Si por culpa de las artimañas del imperialismo no dan resultado
estas medidas para erradicar la invasión de comejenes, pasar
de inmediato a la fase dos, consistente en botar las puertas, las
ventanas y el mobiliario de las viviendas, y en el caso de que persista
la ocupación, usar la tea incendiaria como remedio santo
para todos los males.
Lo importante, estimados patriotas, es que no le caiga comején
al piano donde toca el solista las más sublimes melodías
para hechizar enanos.
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