22 de septiembre de 2004
 

 

Receta para matar el comejÚn

Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press

LA HABANA, septiembre - Los comejenes son de anjá. Eso de atacar unas viviendas construidas con los históricos restos del maderamen de una de las carabelas de Colón arrastrados hasta las costas de Baracoa hace algo más de 500 años es un atentado contra el patrimonio cultural de la nación y un hecho subversivo por contrarrevolucionario.

Que las históricas tablas fueran contrabandeadas por indígenas cuentapropistas desde la Ciudad Primada hasta Guantánamo, y las velas vendidas para taparrabos y mosquiteros en las candongos del hato de Curucusey, en Puriales de de Caujerí, no constituye un acto de inmoralidad que amerite el ataque.

¡Ningún comején puede blasonar de tener más principios que un indio revolucionario, mayor disponibilidad para el estrago ni similar entereza para depredar hasta los clavos de una vivienda particular levantada con esfuerzo propio hace apenas cinco siglos!

La indetenible plaga de comejenes que desde noviembre de 2003 invadió inmisericorde las paredes, techos, ventanas, puertas, mobiliario y toda madera que se le interpusiera, entre las calles Agramonte, Moncada, Prado y Aguilera, en la ciudad del Guaso, debe cesar su ocupación, abandonar las tablas o perecerá bajo el humo y las palabras de un pueblo enardecido.

Aunque supimos que ante la denuncia formulada por la señora Rosa Puig Rigual, vecina de Agramonte 810, interior, se movilizó una fuerza anticomejenes que falló en su primera escaramuza por falta de petróleo para arrancar las bazucas, tenemos fe en la constancia de los revolucionarios para evitar que le caiga comején al piano.

Un ejemplo elocuente fue la carta escrita al periódico Juventud Rebelde por Juan Miguel Herrera Miranda, presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular en Guantánamo, donde asegura lamentar no hayan recibido la misiva anterior, y promete que accionarán en el área afectada por los comejenes.

Para ello, agregó, "al lugar se presentó el primer secretario del Partido en el municipio, el presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular y otros factores de una comisión integrada por compañeros de la Salud, Higiene, Educación, del ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, del ministerio de Agricultura", además de estar listas para entrar en combate brigadas antimotines de la policía, tropas especiales del ministerio del Interior y una compañía de tanques de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, según un reporte enviado por nuestro corresponsal Nefasto Boza desde esa comejénica localidad oriental.

Pero los comejenes siguen ahí, aferrados como el macao, y eso nos obliga a un estudio minucioso de su comportamiento social, que abarque el nivel de reproducción, la integración revolucionaria, su participación en las actividades de masas y las pretensiones futuras en el seno de la comunidad, antes de trazar un plan para exterminarlos.

Eso sí, rechazamos de plano la ayuda ofrecida por el gobernador de California, el señor exterminador Arnold Schwarzanegger, así como la de las guerrillas de los mabuleyengues, el club de escopeteros de Copenhague y la compañía antiplaga Muerte al Comején, conformada por especialistas de todos los continentes, por aquello de que nuestros trapos sucios y comejenes los lavamos y matamos en casa.

Los comejenes, termes o termitas, como también se conoce a estos perturbadores de la tranquilidad ciudadana, forman colonias de entre 100 a un millón de insectuchos enfrascados en demoler los cimientos de un revolucionario: su vivienda.

Como si fuera poco, y en contraposición a nuestro sistema igualitario en teoría, están divididos en castas, lo que hace que en el seno de su comunidad se practique de forma descarada la explotación del comején por el comején.

Y al igual que muchos de nuestros dirigentes, la reina y el rey viven diez años más que sus vasallos, y alcanzan un tamaño físico y espiritual en ocasiones 20 mil veces superior al de las trabajadoras.

Pero fíjense si tratan de confundir, si fingen parodiar nuestro sistema, que las trabajadoras son las que construyen y abastecen el nido, cuidan los huevos y alimentan y asean a la clase privilegiada de la comunidad, es decir, a los soldados y altos dignatarios de esa cochambre insecteril donde prima el diversionismo ideológico, el sálvese el que pueda y la no menos mala teoría del consumismo para los de arriba y las restricciones para los de abajo.

De cada exquisito bocado de cedro, algarroba, roble americano y hasta de la vulgar pinotea que consumen a diario los reyes y los altos funcionarios comejénicos, los trabajadores prueban bien poco.

Es por eso que debemos acabar con esta invasión. Eliminar el mal ejemplo que se desarrolla ante los angustiados vecinos de la ciudad del changüí, el cacao y el cambute, además de ser la cuna de uno de los rones caseros más fulminantes nacidos con la revolución: el pinguto.

Debemos tener calma y confiar en la revolución, en sus mecanismos para erradicar las plagas y hasta las malas pulgas de todo aquél que atente contra su justa y aplaudida permanencia en el poder.

Si se les cae el rancho a los invadidos guantanameros, ¿quedarán desamparados? ¡NO! Irán para un albergue por sólo 15 ó 20 años. Recibirán el solidario vaso de guarapo de estación -con hielo o sin hielo-, las exquisitas atenciones que van desde una capa de agua reciclable hecha con sacos de abono, una sombrilla típica cubana confeccionada con pencas de guano, cartón y otros productos nacionales, además de un conduce para adquirir un saco de carbón mensual con el que cocinar el picadillo extra, el pescado de estímulo y los huevos pasados por agua de una tormenta de bienestar como premio al aguante.

Pero vamos a la receta para matar al comején.

Analizado que no hay petróleo para las bazucas de fumigación, y no queda insecticida en los almacenes, según resultados de los profundos estudios realizados por la comisión gubernamental y otros colaboradores, proponemos las siguientes medidas:

1- Como el carnicero de la cuadra hace cuarenta y cinco años que no usa el cuchillo, adiestrarlo para que degüelle a la reina y al rey en un ataque suicida, perpetrado a las sombras del apagón.

Inmolado el carnicero en esta acción patriótica, de inmediato se envía a una escuadra especial de vendedores ambulantes de caramelos, palitos de tendedera, combustible alternativo -leña- para que pesquen a los golosos funcionarios de segundo nivel. Sacados de la colonia por la gula, serán encerrados en un equipo de panes para la población y conservados como una muestra de nuestra eficacia.

2- Para eliminar a las trabajadoras y a los soldados, basta con anunciarles, respectivamente, que partirá una balsa de Jiquí rumbo norte y que se firmó la paz de una guerra nunca efectuada contra el ejército de hormigas que viven en la mampostería de las viviendas invadidas.

Si por culpa de las artimañas del imperialismo no dan resultado estas medidas para erradicar la invasión de comejenes, pasar de inmediato a la fase dos, consistente en botar las puertas, las ventanas y el mobiliario de las viviendas, y en el caso de que persista la ocupación, usar la tea incendiaria como remedio santo para todos los males.

Lo importante, estimados patriotas, es que no le caiga comején al piano donde toca el solista las más sublimes melodías para hechizar enanos.