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Los obreros no cuentan
CAMAGÜEY, septiembre 20 (Marilin Díaz Fernández,
Lux Info Press) - El municipio camagüeyano de Sibanicú
es desde el punto de vista laboral típicamente agrícola,
lo que se traduce en primera instancia en una clase obrera de muy
bajo nivel cultural y muy escaso poder adquisitivo, debido a los
irrisorios salarios que paga el único empleador legal que
existe, o sea el estado cubano.
Los obreros sibanicuences transpiran pobreza, basta con observar
la escasez de bienes materiales que padecen en sus hogares junto
a sus familias y el aspecto harapiento y maloliente con que se trasladan
hasta sus centros de trabajo en las destartaladas y las ya mustias
carretas tiradas por un viejo tractor procedente de la extinta Unión
Soviética o en camiones del mismo origen, cuyas piezas han
tenido que ser remendadas por mecánicos en muchos casos improvisados,
que se erigen como verdaderos artífices de la innovación.
Aunque el oficialismo no es muy espléndido en el suministro
de datos estadísticos, calculamos por nuestra experiencia
que alrededor de un 90% de la fuerza laboral activa de este municipio
está directamente vinculada al sector agropecuario forestal
y son empleados en las Cooperativas de Producción Agropecuaria
(CPA), en las Unidades Básicas de Producción Cooperativa
(UBPC), o en las granjas de nuevo tipo, tanto agrícolas y
pecuarias como cañeras, las cuales como consecuencia del
ineficiente sistema económico y productivo del país
son improductivas y no rentables.
Lo anterior ha conllevado a que los trabajadores no reciban un
salario decoroso que le permitan proveer a su hogar y a sus familias
con los bienes materiales imprescindibles para satisfacer sus necesidades
más elementales, siendo motivo fundamental para que la inmensa
mayoría de los obreros se vean obligados a buscar vías
alternativas e informales que le permitan al menos mitigar el hambre
y las necesidades.
En una localidad como esta, las licencias para ejercer el trabajo
por cuenta propia son muy escasas y difíciles de obtener,
ya que el gobierno, aún incapaz de resolver estas necesidades,
se arroga el derecho único de participar en las esferas de
la gastronomía y los servicios, así como en la venta
de los productos del agro, llevando a estos sectores la típica
ineficiencia empresarial del sistema estatal.
Todo lo aquí descrito contribuye también al encarecimiento
de la vida del obrero que se ve obligado a adquirir los artículos
de primera necesidad en las tiendas recaudadoras de divisas, a precios
inaccesibles para quienes después de trabajar una quincena
cobran salarios muy por debajo de los $10.00 dólares. Tienen
que comprar los alimentos del mes en la conocida y clandestina bolsa
negra, que al final resulta la proveedora por excelencia, y que
deja al desposeído obrero con las dos tapas del bolsillo
al descubierto y con las manos rascándose la cabeza en señal
de desesperación después de pagar tan caro lo que
necesita.
Por otra parte, a pesar de la carencia en los humildes hogares
obreros, las opciones adicionales ofrecidas por el gobierno son
ofertas a precios tan altos como el de una libra de jamón
Viking a $ 28.70 o la libra de tocineta $27.00, que significan unos
4 días de salario de los que devenga un trabajador agrícola.
Para colmo de los males, estos trabajadores no cuentan con una
asociación sindical no politizada que represente sus derechos
ante su explotador, el estado patrón.
Por todo esto, se hace cada día más contrastante
la diferencia entre la clase obrera y los dirigentes de este municipio
que forman la clase de los nuevos ricos cubanos, que disfrutan de
privilegios y disponen de viviendas decorosas, de autos particulares
y estatales a su disposición, con neumáticos nuevos
y el tanque lleno de combustible.
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