21 de octubre de 2004
 

 

La cultura cubana: ¿Un destino prohibido?

Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press

LA HABANA, octubre - En medio de una sistemática campaña por la defensa de la cultura cubana, así como de su identidad y dinamismo a partir de la raigambre múltiple que la caracteriza, se nota cierto distanciamiento autóctono a la hora de promocionar sus valores esenciales.

Si bien los medios informativos del país hacen énfasis en priorizar la frase "cultura nacional" en farragosos párrafos de la prensa plana, spots televisivos, consignas radiales y vallas imponentes en cualquier sitio de la nación, a la hora de poner en práctica los elementos que la conforman y la individualizan a través de una obra artística, se obtiene un producto desnaturalizado, o cuando mejor sale, poco representativo del tan llevado y traído ajiaco cultural descrito por el polígrafo Don Fernando Ortiz.

Un ejemplo elocuente es la evasiva asunción de la realidad cubana en la pequeña pantalla de la Isla -el medio de mayor alcance popular- cuando en seriales y telenovelas de factura cubana se pasan por alto los hechos históricos que han marcado a la Isla desde su descubrimiento hasta la fecha, elementos raigales a la hora de definir la identidad de una nación.

Sumado a esto, el alejamiento de los conflictos existenciales de los cubanos, sus más acendradas costumbres y hasta la omisión de las zonas geográficas de mayor bagaje histórico o pintoresco del país, lastran o contaminan una promoción estética alejada de los acontecimientos, la forma de comportarse y los espacios que determinan la cultura cubana.

Durante los debates de la jornada teórica convocada en el Premio Caracol que auspició la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) bajo el tema central El Público, el gran sujeto, fueron abordados a grandes rasgos estos y otros planteamientos.

El criterio de que "películas, programas, tipos de música y otros espacios que se ponen y no deben ponerse, otros que no se pasan y lo ameritan, unos terceros que se contradicen entre ellos respecto a un tema -a veces en un mismo día y un mismo canal- dramatizados que parecen reflejar vidas ajenas, algunos que reseñan hechos objetivos, pero distorsionados, fueron señalados por anfitriones e invitados" en una cruzada con fuerte olor a censura institucional, sin ninguna intención de acrecentar lo cubano real, sino lo cubano ideal ante el espectador.

Este propósito, marcado en otras intervenciones donde "se habló crudamente en particular sobre files o espacios que exaltan una violencia innecesaria, deslizan posiciones racistas, machistas o valores negativos, o lesionan principios defendidos por la sociedad cubana, y sin embargo se excluyen todavía películas de alta calidad que representan alternativas frente a Hollywood", constituye un llamado de atención a quienes programan, realizan o promocionan los temas alejados de una política cultural atrincherada en loas sin conflictos para la producción cubana, y escarnios por excesos para la internacional.

Pero más allá de reiteras premisas socioculturales, de proyectos encaminados a enmendar lo que dañe la imagen "intachable" de la revolución cubana, sí como de los elementos "tergiversadores" que se proyecten en la pequeña pantalla a pesar de lo enrarecida de la programación, existe un marcado propósito de estereotipar las propuestas, hacer la diversidad un todo y subrayar los temas que realcen una forma estética afín a la ideología del sistema social cubano, sin importar el costo cualitativo del producto televisivo.

Por otra parte, la falta de equilibrio entre las propuestas televisivas cubanas y extranjeras no constituye una muestra de la impericia, la carencia de recursos del material temático ni de la ausencia de espacios en el ámbito nacional, pues si bien las realizaciones foráneas gozan de un alto nivel cualitativo, la realidad que abordan, por su truculencia social, es un subliminal mensaje a no seguir por los televidentes cubanos.

El máximo exponente actual del desarraigo en la televisión nacional, la telenovela Destino Prohibido -un verdadero culebrón que se pasa los lunes, miércoles y viernes-
Además de alejarse de los cánones del género, obvia por completo la identidad nacional, al desarrollarse sin época ni lugar, y sin ningún tipo de contacto con nuestra realidad, lo que la convierte en una socorrida fórmula para evitar el reflejo de los acontecimientos de un país cuya política cultural está plagada de tabúes y zonas de silencio imposibles de abordar sin el consentimiento de las autoridades políticas.

Pero según algunos analistas, este método escapista empleado por los creadores de la Isla es no sólo para responder a las demandas de una política cultural convertida en vocero de los intereses ideológicos del gobierno, sino también para evitar ser marginados de los medios o cuando menos preteridos hasta que se les facilite una nueva ocasión de demostrar su dócil incondiconalidad al concepto de cultura nacional diseñado por los asesores políticos en el sector.

Seriales como En la escena del crimen (CSI), La ley y el orden, La ciencia contra el crimen, Un paso adelante, Felicity, Poné a Franchela, entre otros productos de realización extranjera que constituyen los de mayor demanda dentro de Cuba, conjuntamente con las telenovelas brasileñas y los espacios fílmicos La séptima puerta, Historia del cine, Sala siglo XX y Letra fílmica -alejados conceptual, estética y argumentalmente del realismo marginal que ofrece De Nuestra América- no forman parte de una estrategia integradora en la cultura nacional, sino de un mecanismo que refleje una supuesta decadencia moral del sistema social donde se realizan.

A pesar de estas premeditadas incursiones en la realidad nacional y extranjera a través de los medios audiovisuales del país, aún se escuchan voces paradójicas que califican esta programación como descontaminada y representativa de nuestra identidad, "por ser Cuba uno de los pocos estados del mundo cuya independencia del 'mando' unipolar le permite un quehacer distante de la llamada pseudocultura impuesta para la generalidad".

De ser así, ¿por qué tantos reclamos, propuestas, correcciones y fallas conceptuales en la programación del medio?

¿Dónde queda mostrada la independencia, el producto que supere la pseudocultura predominante en el universo o la propuesta cubana que atesore todos los ingredientes de la identidad nacional sin caer en las épicas monsergas ideológicas?

Tal vez en otra convocatoria del Premio Caracol de la UNEAC o en la celebración de un aniversario más del Día de la Cultura Cubana, los participantes en un evento o efemérides donde se realizó un "diagnóstico" sobre la realidad de nuestros medios audiovisuales conciban "pronósticos" de alcances "terapéuticos" que curen la penosa enfermedad de un paciente como el espectador cubano, necesitado de un vital cambio de aires.