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La cultura cubana: ¿Un destino
prohibido?
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, octubre - En medio de una sistemática campaña
por la defensa de la cultura cubana, así como de su identidad
y dinamismo a partir de la raigambre múltiple que la caracteriza,
se nota cierto distanciamiento autóctono a la hora de promocionar
sus valores esenciales.
Si bien los medios informativos del país hacen énfasis
en priorizar la frase "cultura nacional" en farragosos
párrafos de la prensa plana, spots televisivos, consignas
radiales y vallas imponentes en cualquier sitio de la nación,
a la hora de poner en práctica los elementos que la conforman
y la individualizan a través de una obra artística,
se obtiene un producto desnaturalizado, o cuando mejor sale, poco
representativo del tan llevado y traído ajiaco cultural descrito
por el polígrafo Don Fernando Ortiz.
Un ejemplo elocuente es la evasiva asunción de la realidad
cubana en la pequeña pantalla de la Isla -el medio de mayor
alcance popular- cuando en seriales y telenovelas de factura cubana
se pasan por alto los hechos históricos que han marcado a
la Isla desde su descubrimiento hasta la fecha, elementos raigales
a la hora de definir la identidad de una nación.
Sumado a esto, el alejamiento de los conflictos existenciales de
los cubanos, sus más acendradas costumbres y hasta la omisión
de las zonas geográficas de mayor bagaje histórico
o pintoresco del país, lastran o contaminan una promoción
estética alejada de los acontecimientos, la forma de comportarse
y los espacios que determinan la cultura cubana.
Durante los debates de la jornada teórica convocada en el
Premio Caracol que auspició la Unión de Escritores
y Artistas de Cuba (UNEAC) bajo el tema central El Público,
el gran sujeto, fueron abordados a grandes rasgos estos y otros
planteamientos.
El criterio de que "películas, programas, tipos de
música y otros espacios que se ponen y no deben ponerse,
otros que no se pasan y lo ameritan, unos terceros que se contradicen
entre ellos respecto a un tema -a veces en un mismo día y
un mismo canal- dramatizados que parecen reflejar vidas ajenas,
algunos que reseñan hechos objetivos, pero distorsionados,
fueron señalados por anfitriones e invitados" en una
cruzada con fuerte olor a censura institucional, sin ninguna intención
de acrecentar lo cubano real, sino lo cubano ideal ante el espectador.
Este propósito, marcado en otras intervenciones donde "se
habló crudamente en particular sobre files o espacios que
exaltan una violencia innecesaria, deslizan posiciones racistas,
machistas o valores negativos, o lesionan principios defendidos
por la sociedad cubana, y sin embargo se excluyen todavía
películas de alta calidad que representan alternativas frente
a Hollywood", constituye un llamado de atención a quienes
programan, realizan o promocionan los temas alejados de una política
cultural atrincherada en loas sin conflictos para la producción
cubana, y escarnios por excesos para la internacional.
Pero más allá de reiteras premisas socioculturales,
de proyectos encaminados a enmendar lo que dañe la imagen
"intachable" de la revolución cubana, sí
como de los elementos "tergiversadores" que se proyecten
en la pequeña pantalla a pesar de lo enrarecida de la programación,
existe un marcado propósito de estereotipar las propuestas,
hacer la diversidad un todo y subrayar los temas que realcen una
forma estética afín a la ideología del sistema
social cubano, sin importar el costo cualitativo del producto televisivo.
Por otra parte, la falta de equilibrio entre las propuestas televisivas
cubanas y extranjeras no constituye una muestra de la impericia,
la carencia de recursos del material temático ni de la ausencia
de espacios en el ámbito nacional, pues si bien las realizaciones
foráneas gozan de un alto nivel cualitativo, la realidad
que abordan, por su truculencia social, es un subliminal mensaje
a no seguir por los televidentes cubanos.
El máximo exponente actual del desarraigo en la televisión
nacional, la telenovela Destino Prohibido -un verdadero culebrón
que se pasa los lunes, miércoles y viernes-
Además de alejarse de los cánones del género,
obvia por completo la identidad nacional, al desarrollarse sin época
ni lugar, y sin ningún tipo de contacto con nuestra realidad,
lo que la convierte en una socorrida fórmula para evitar
el reflejo de los acontecimientos de un país cuya política
cultural está plagada de tabúes y zonas de silencio
imposibles de abordar sin el consentimiento de las autoridades políticas.
Pero según algunos analistas, este método escapista
empleado por los creadores de la Isla es no sólo para responder
a las demandas de una política cultural convertida en vocero
de los intereses ideológicos del gobierno, sino también
para evitar ser marginados de los medios o cuando menos preteridos
hasta que se les facilite una nueva ocasión de demostrar
su dócil incondiconalidad al concepto de cultura nacional
diseñado por los asesores políticos en el sector.
Seriales como En la escena del crimen (CSI), La ley y el orden,
La ciencia contra el crimen, Un paso adelante, Felicity, Poné
a Franchela, entre otros productos de realización extranjera
que constituyen los de mayor demanda dentro de Cuba, conjuntamente
con las telenovelas brasileñas y los espacios fílmicos
La séptima puerta, Historia del cine, Sala siglo XX y Letra
fílmica -alejados conceptual, estética y argumentalmente
del realismo marginal que ofrece De Nuestra América- no forman
parte de una estrategia integradora en la cultura nacional, sino
de un mecanismo que refleje una supuesta decadencia moral del sistema
social donde se realizan.
A pesar de estas premeditadas incursiones en la realidad nacional
y extranjera a través de los medios audiovisuales del país,
aún se escuchan voces paradójicas que califican esta
programación como descontaminada y representativa de nuestra
identidad, "por ser Cuba uno de los pocos estados del mundo
cuya independencia del 'mando' unipolar le permite un quehacer distante
de la llamada pseudocultura impuesta para la generalidad".
De ser así, ¿por qué tantos reclamos, propuestas,
correcciones y fallas conceptuales en la programación del
medio?
¿Dónde queda mostrada la independencia, el producto
que supere la pseudocultura predominante en el universo o la propuesta
cubana que atesore todos los ingredientes de la identidad nacional
sin caer en las épicas monsergas ideológicas?
Tal vez en otra convocatoria del Premio Caracol de la UNEAC o en
la celebración de un aniversario más del Día
de la Cultura Cubana, los participantes en un evento o efemérides
donde se realizó un "diagnóstico" sobre
la realidad de nuestros medios audiovisuales conciban "pronósticos"
de alcances "terapéuticos" que curen la penosa
enfermedad de un paciente como el espectador cubano, necesitado
de un vital cambio de aires.
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