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Obligan a exitoso parcelero
a abandonar su siembra
LA HABANA, 16 de diciembre (Reinaldo Cosano Alén, Lux Info
Press / www.cubanet.org) - A raíz del llamado Plan de Desarrollo
de la Agricultura Urbana, promovido para ayudar a paliar la escasez
de alimentos, a Ramón Salazar Infante, residente en Isla
de la Juventud (antigua Isla de Pinos) se le permitió acondicionar
una parcela de tierra improductiva, infestada de la espinosa planta
conocida como marabú, frente al hotel La Gaviota.
Allí, en apenas dos años de duro trabajo, Salazar
Infante ha podido cultivar frutales, hortalizas y variados vegetales
con los que ha podido servir a la comunidad y beneficiarse él
mismo. Incluso sembró frutales de injerto, lo que le permitió
prontas cosechas.
"Mi labor llamó la atención de muchos, como
ejemplo a seguir. En varias ocasiones recibí las visitas
de dirigentes del Ministerio de Agricultura, del Partido Comunista
y de la televisión local. Se me entregó un diploma
de reconocimiento al mérito", expresó Salazar
Infante.
"Pero también recibí una visita muy desagradable.
Se personó en mi parcela la inspectora del Departamento de
Planificación Física, Liudmila Domínguez, enviada
por su directora Yamilé León, solicitando cierto documento
de microlocalización de una casita muy rústica construida
con costaneras de madera, residuos de un aserrío, con techo
de guano que yo construí para el cuidado de algunos animales,
sus crías, y para guardar aperos de labranza. Construcción
que, según la inspectora, yo no tenía legalizada".
Dice también Salazar que él no poseía documentación
del rústico inmueble por desconocer que era preciso legalizar
lo que en Cuba nunca antes se hizo, y que parece un absurdo, no
obstante mostrarle Domínguez los restantes documentos de
usufructo del terreno entregado por el Ministerio de Agricultura,
y la propiedad de su vivienda en Nueva Gerona, capital de Isla de
la Juventud.
"Esto fue", expone Salazar, "para demostrar el fin
utilitario de la casucha en función de la agricultura, y
no como vivienda, la que poseo no lejos del lugar".
La cuestión es que la tan necesaria casita se ha convertido
para Salazar en vórtice de la tormenta, pues lo obligan a
abandonar su sembradío o tendrá que pagar la exorbitante
multa de veinte mil pesos, respecto a lo cual ha apelado a la fiscalía
municipal por creer que aquellos funcionarios están actuando
equivocadamente.
"Yo entrego gratuitamente parte de mi cosecha en beneficio
de una institución de niños abandonados protegidos
por el Estado; también a otra casa de personas con trastornos
mentales, y a un asilo de ancianos. La otra parte de la cosecha
está destinada a la venta, a precios justos, en agromercados,
para el consumo de la población. Si actúo tan correctamente,
y siempre dentro de la ley, me pregunto: ¿Alguna sombra oscura
está detrás del asunto debido a mi condición
de activista de derechos humanos, para obligarme a abandonar mi
siembra? Parece una especie de represión política."
Ramón Salazar Infante es miembro de la Fundación
de Derechos Humanos y Fomento Territorial de Isla de Pinos, en la
que ocupa el cargo de organizador.
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