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Isabel esperando que llueva
en Chivirico
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - García Márquez
es tan desalmado como la inclemente abuela de la cándida
Eréndira.
Con su proverbial imaginería de que Isabel viera llover
en Macondo durante cien días y noches sin parar, ha puesto
a una tocaya de la susodicha que vive en Chivirico a esperar igual
suerte mientras teje y desteje un mantel -Penélope tropical-
sentada en un taburete bajo una guásima boba.
Y eso no se hace, indolente Gabo. En Macondo, Aracataca y hasta
en Hoyo Colorado pasa cualquier cosa, pero en Cuba no, y mucho menos
en Chivirico, allá en las serranías del inmóvil
Santiago.
Pregúntele a Melquíades, que anduvo por esas lomas
de Pedro Páramo vendiendo bolitas de cacao contra la bizquera,
ungüento de pubis de coneja para que las mujeres estériles
puedan parir y oraciones de San Judas Tadeo para desatar las lenguas.
No encontró ni un comprador. La sequía y la desesperanza
se adueñaron del pueblo, y los fantasmas juegan al dominó
en las guardarrayas y los polvorientos terraplenes, mientras Isabel
relee en el semanario Sierra Maestra el pronóstico de distribución
de agua semana tras semana.
Y ni una gota, Gabo. Hasta el rocío emigró con las
torcazas hacia quién sabe dónde.
Las vacas jugaron sus mugidos a las cartas con una manada de puercos
jíbaros acampados a la vera de un arroyuelo, y los perdieron.
Todo es silencio. Y el gotear intermitente de una cascada loca
que se esconde en lo alto del follaje fue declarado himno municipal,
y la banda de música suena por estos días sus bombardinos
y tambores, sus tubas y clarinetes desgarrados por la sed, y hasta
el platillo gime por un sorbo de agua.
De nada nos sirvieron sus milagros, Gabriel. Pero con la inventiva
de los cubanos para sobrevivir, estamos resolviendo, al menos en
teoría.
El plan de distribución de agua diseñado para la
semana es perfecto, aunque no las conductoras, las válvulas
principales, las redes internas, los equipos de bombeo y rebombeo,
ni el suministro eléctrico, entre otras razones que impiden
que los chiviriquenses, los pobladores de Remanganagua, Candonga,
Niguabo, Yarayabo, Bungo, El Mate y Yaceremos se bañen bien
ni cocinen mejor.
Pero no habrá problemas, Gabo, pues al igual que usted,
estamos escribiendo la Crónica de un diluvio anunciado, ya
que Noé sí tiene quien le escriba, y el Poder Popular
ha tomado la sequía por el rabo.
Para las zonas de Socorro, Palmarito, Songo y Maya 2 enviaremos
un contingente integrado por una yunta de bueyes armada con dos
tanques de 55 galones y un carro-cisterna sin gomas ni gasolina,
pero con voluntad suficiente para dar de beber a los pobladores.
También contamos con un surtido de palanganas, tibores,
cubos y todo tipo de recipientes, que colocaremos en las aceras,
plazas públicas, azoteas y otros sitios estratégicos
para cuando las aguas tomen su nivel.
La cuestión es que desterremos por subversiva y obsoleta
esa tonadilla que dice "se muere de sed la tía / dale
un poco de agua fría", además de encerrar bajo
siente candados a quien se burle de la escasez de agua.
Pero como siempre, seguimos en combate, y ya se orientó
distribuir caramelos de menta -no importados, sino hechos en Ciego
de Avila con hierbabuena y junquillo picante- y declaramos el Día
del Frozen y el Duro Frío, durante el cual cada habitante
que disfruta del fugitivo líquido donará uno de estos
productos refrescantes a una víctima de la sed.
Y hay más. Como parte de la Masificación de la Cultura
en Medio de la Seca, organizaremos La Noche de los Pañuelos
Mojados, en la que los asistentes al baile portarán un adminículo
de este tipo enchambado en agua para rociar a su pareja mientras
la orquesta interprete, coreada por los danzantes, los números
musicales Agua Pa' Mayeya, Si va a llover que llueva, Lo que no
quiero es chin-chin, Agua que cae del cielo, y otros más
que sirven para exorcizar las nubes y provocar un torrencial aguacero.
Como puede ver, desalmado Gabo, no esperaremos a que caiga un diluvio
como en Macondo para que Isabel deje de tejer bajo la guásima
boba, pues ya las Brigadas de Convencedores y Promesistas, luego
de una labor de algo más de veinte años, casi la han
levantado del taburete, lograron que en dos ocasiones bajara la
vista del cielo y la embullaron a que termine el mantel para cubrir
y develar el pozo de donde brotará la vida, tan húmeda
como una lágrima.
Y aquí estamos, Gabo, listos para importar los paraguas
de Chesburgo y salir cantando bajo la lluvia por el triunfo del
agua y del amor, aún en los tiempos del cólera.
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