29 de diciembre de 2004
 

 

Isabel esperando que llueva en Chivirico

Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press

LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - García Márquez es tan desalmado como la inclemente abuela de la cándida Eréndira.

Con su proverbial imaginería de que Isabel viera llover en Macondo durante cien días y noches sin parar, ha puesto a una tocaya de la susodicha que vive en Chivirico a esperar igual suerte mientras teje y desteje un mantel -Penélope tropical- sentada en un taburete bajo una guásima boba.

Y eso no se hace, indolente Gabo. En Macondo, Aracataca y hasta en Hoyo Colorado pasa cualquier cosa, pero en Cuba no, y mucho menos en Chivirico, allá en las serranías del inmóvil Santiago.

Pregúntele a Melquíades, que anduvo por esas lomas de Pedro Páramo vendiendo bolitas de cacao contra la bizquera, ungüento de pubis de coneja para que las mujeres estériles puedan parir y oraciones de San Judas Tadeo para desatar las lenguas.

No encontró ni un comprador. La sequía y la desesperanza se adueñaron del pueblo, y los fantasmas juegan al dominó en las guardarrayas y los polvorientos terraplenes, mientras Isabel relee en el semanario Sierra Maestra el pronóstico de distribución de agua semana tras semana.

Y ni una gota, Gabo. Hasta el rocío emigró con las torcazas hacia quién sabe dónde.

Las vacas jugaron sus mugidos a las cartas con una manada de puercos jíbaros acampados a la vera de un arroyuelo, y los perdieron.

Todo es silencio. Y el gotear intermitente de una cascada loca que se esconde en lo alto del follaje fue declarado himno municipal, y la banda de música suena por estos días sus bombardinos y tambores, sus tubas y clarinetes desgarrados por la sed, y hasta el platillo gime por un sorbo de agua.

De nada nos sirvieron sus milagros, Gabriel. Pero con la inventiva de los cubanos para sobrevivir, estamos resolviendo, al menos en teoría.

El plan de distribución de agua diseñado para la semana es perfecto, aunque no las conductoras, las válvulas principales, las redes internas, los equipos de bombeo y rebombeo, ni el suministro eléctrico, entre otras razones que impiden que los chiviriquenses, los pobladores de Remanganagua, Candonga, Niguabo, Yarayabo, Bungo, El Mate y Yaceremos se bañen bien ni cocinen mejor.

Pero no habrá problemas, Gabo, pues al igual que usted, estamos escribiendo la Crónica de un diluvio anunciado, ya que Noé sí tiene quien le escriba, y el Poder Popular ha tomado la sequía por el rabo.

Para las zonas de Socorro, Palmarito, Songo y Maya 2 enviaremos un contingente integrado por una yunta de bueyes armada con dos tanques de 55 galones y un carro-cisterna sin gomas ni gasolina, pero con voluntad suficiente para dar de beber a los pobladores.

También contamos con un surtido de palanganas, tibores, cubos y todo tipo de recipientes, que colocaremos en las aceras, plazas públicas, azoteas y otros sitios estratégicos para cuando las aguas tomen su nivel.

La cuestión es que desterremos por subversiva y obsoleta esa tonadilla que dice "se muere de sed la tía / dale un poco de agua fría", además de encerrar bajo siente candados a quien se burle de la escasez de agua.

Pero como siempre, seguimos en combate, y ya se orientó distribuir caramelos de menta -no importados, sino hechos en Ciego de Avila con hierbabuena y junquillo picante- y declaramos el Día del Frozen y el Duro Frío, durante el cual cada habitante que disfruta del fugitivo líquido donará uno de estos productos refrescantes a una víctima de la sed.

Y hay más. Como parte de la Masificación de la Cultura en Medio de la Seca, organizaremos La Noche de los Pañuelos Mojados, en la que los asistentes al baile portarán un adminículo de este tipo enchambado en agua para rociar a su pareja mientras la orquesta interprete, coreada por los danzantes, los números musicales Agua Pa' Mayeya, Si va a llover que llueva, Lo que no quiero es chin-chin, Agua que cae del cielo, y otros más que sirven para exorcizar las nubes y provocar un torrencial aguacero.

Como puede ver, desalmado Gabo, no esperaremos a que caiga un diluvio como en Macondo para que Isabel deje de tejer bajo la guásima boba, pues ya las Brigadas de Convencedores y Promesistas, luego de una labor de algo más de veinte años, casi la han levantado del taburete, lograron que en dos ocasiones bajara la vista del cielo y la embullaron a que termine el mantel para cubrir y develar el pozo de donde brotará la vida, tan húmeda como una lágrima.

Y aquí estamos, Gabo, listos para importar los paraguas de Chesburgo y salir cantando bajo la lluvia por el triunfo del agua y del amor, aún en los tiempos del cólera.