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El habano entre rejas
Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press
LA HABANA, marzo (www.cubanet.org) - Quinientos años después
de las primeras bocanadas exhaladas por los conquistadores -los
indígenas sólo empleaban el humo de tabaco en sus
sahumerios rituales- se celebró un lujoso Festival Internacional
del Habano en días recientes, en Ciudad de La Habana, que
como cada año congregó a más de un millar y
medio de extranjeros: empresarios, productores, comercializadores
y simples fumadores gustosos del mejor tabaco del mundo.
La población cubana, entre la que hay tantos fumadores,
ni se enteró de esta fiesta. Apenas la mencionó una
brevísima noticia que nada explicaba; significativa de doble
moralidad, incluso para el tabaco cubano. No tenía sentido
resaltar el esplendor de una fiesta de millonarios cuando al fumador
del patio le han reservado puros de pésima calidad. Esos
que traen escondidos dentro un bombero, según la sorna popular,
por las veces que se apaga mientras se fuma.
Ahmed Albacia, tabaquero cubano de 20 años que no tuvo acceso
al festival del habano 2005, trabaja en la fábrica "La
Corona", en el capitalino bario del Cerro.
Ahmed es parte de la otra historia sin bulla del habano. Ahmed
se queja, lo disgusta tanto como a sus compañeros de labor
el empleo excesivo de cámaras de seguridad en la tabaquería
para tenerlos vigilados todo el tiempo, y además, dice: "Detrás
de cada ventana con sus barrotes han colocado fuertes mallas metálicas,
y el registro corporal al concluir cada jornada de trabajo es casi
humillante. Todo para evitar la sustracción de tabaco. Tabaco
y tabaqueros estamos como presos. Demasiadas medidas de control
para tan poco salario".
Control que incluye la revisión de contenedores de basura
y vehículos, y cualquier otro entresijo por donde pueda escapar
el habano.
En cuanto a la referencia salarial que hace el joven tabaquero,
parecería injusto, porque él gana mucho más
si se compara con el salario promedio mensual nacional, que está
entre 140 y 211 pesos, unos 8 dólares.
Ahmed gana 250 pesos mensuales, y encima, si sobrecumple las normas
de producción -muchas y severas- unos veinte dólares.
Reunidos ambos salarios, suman alrededor de 28 dólares. El
costo equivalente a dos o tres de los cientos de puros destinados
a la exportación, elaborados por las diestras manos del joven
tabaquero. Pero su queja no es por esto, sino porque dado el alto
costo de la vida el salario se le evapora en las manos.
Próximos a las inexpugnables fortalezas en que han sido
convertidas las tabaquerías -todas estatales-, lo que jamás
ocurrió antes de 1959, merodean los traficantes de puros
a la caza de turistas extranjeros. También vigila el policía
al traficante para evitar el delito.
Estricta vigilancia a la "ruta del habano", que alcanza
puertos y aeropuertos.
Las cajas de habanos que se intentan sacar al exterior necesitan
la imprescindible certificación estatal de calidad y el certificado
de compra; de lo contrario se decomisan, con gran disgusto del viajero,
que pierde tabacos y dinero por desconocimiento de esas regulaciones,
o porque sabiéndolas intenta extraer puros sin las formalidades
requeridas.
Formalidades comprensibles adoptadas por el país para garantizar
la calidad y prestigio internacionales del habano, evitando las
falsificaciones, porque una variante del delito relacionado con
esta industria, es la manufactura casera en tabaquerías clandestinas,
donde se emplea materia prima no siempre de la mejor calidad, y
porque su presentación es auténtica, ya que los que
cometen el delito de adulteración utilizan anillos de marca,
etiquetas y envases legítimos hurtados en fábricas
e imprentas. Jugarretas que generalmente desconoce el extranjero
de tránsito en Cuba que resulta estafado.
Está claro que el habano, "único desde 1492",
como expone justamente el eslogan publicitario, renglón económico
muy importante y principal en todas las épocas para Cuba,
esconde, más allá del placer de fumar, una larga historia
de penas, hechizos e infortunios.
El 18 de febrero de 1723, unos 500 vegueros armados arrasaron campos
sembrados de la nicociana planta en las ricas zonas de Santiago
de las Vegas y Bejucal, soliviantados por especulares que no pudieron
despachar las remesas de tabaco en los galeones con destino a España.
Los vegueros amotinados y armados decidieron dirigirse a la capital.
Sobre ellos, el Capitán General de la Isla, Gregorio Guaso,
ordenó avanzar también. El encuentro armado se produjo
con el saldo de un muerto y varios heridos. Doce sediciosos fueron
hechos prisioneros. En terrible represalia, Guaso los condenó
a muerte. Los cadáveres fueron colgados en lugares concurridos
para general escarmiento.
La Real Cédula del 27 de junio de 1760 dispuso el más
completo estanco, comercio y transportación a España
del tabaco. Estricto monopolio estatal que condujo a la retracción
de la producción.
Más de medio siglo después, otra Real Cédula
de 23 de junio de 1817 abolía los especiales privilegios
monopolistas y explotadores de la Real Factoría de Tabaco
de La Habana. Fue levantado el estanco y cultivo. Venta y tráfico
declarados libres.
Sin embargo, como espiral caprichosa y retrógrada de la
historia, a 245 años del estanco impuesto por la monarquía
española, otro gobierno, del propio país, ha tomado
en sus manos el más estricto control de la producción
tabacalera, una de cuyas consecuencias la sufren los fumadores del
patio, a quienes están destinados puros y cigarrillos de
mala calidad.
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