14 de marzo de 2005
 

 

Un carnaval sin gloria ni memoria

Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press

LA HABANA, marzo (www.cubanet.org) - El carnaval de La Habana, que antaño pugnaba en colorido, luces y fastuosidad con el de Río de Janeiro, acaba de concluir sin gloria ni memoria, signado esta vez por un suceso luctuoso: la muerte, en Cárdenas, provincia Matanzas, de la abuela materna del niño náufrago Elián González Brotons, exaltada por el régimen cubano como heroína.

El deceso coincidió con el inicio del carnaval 2005. Las autoridades lo pospusieron un día, aunque las honras fúnebres se efectuaron a más de 250 kilómetros de la capital.

El desfile de fin de semana de doce comparsas de adultos, otras doce infantiles -acaso lo más pintoresco de estos festejos-, cuatro únicas carrozas y algún que otro ingrediente cultural, como la tradición en rescate de dar tres vueltas a la Ceiba de El Templete -conjunto arquitectónico colonial que marca el sitio de fundación de La Habana. Esto y algún concierto de música sinfónica y un grupo de conjuntos y charangas musicales del gusto mayoritario amenizando bailables de calle, unido al expendio de comidas ligeras, refrescos, cervezas y ron de baja calidad, no constituyen elementos suficientes para tipificar estos festejos públicos en la categoría de carnaval.

Lastimosamente, hay que decir que con tantas puñaladas traperas, mutilaciones y cambios, el carnaval de La Habana se ha vuelto irreconocible. Espejo del desastre que se repite en cualquier otro pueblo o ciudad de Cuba.

Entre los golpes bajos recibidos están los frecuentes cambios innecesarios, de espacio y fecha de celebración, sin importar para nada si coincide o no coincide con la fecha del patrón de la ciudad: San Cristóbal de La Habana.

Peor aún resultan los largos períodos en que la más popular de las fiestas cubanas desde los brumosos años coloniales ha sido suprimida sin que se haya dado explicación alguna, o alegándose dificultades económicas, las que nunca han faltado desde 1959.

En 1991, 1992, 1993, 1994 y 1995 no se celebró el carnaval habanero. El pasado año tampoco hubo festejo popular. Si se exprime un poco la memoria, veríamos qué cantidad de años el carnaval fue ignorado.

Otro aspecto: recordamos, por ejemplo, que el carnaval de la capital se hizo en julio de 1996 y en 1997; mes preferido por las altas instancias del país, pues aunque no guarda relación con el patrón de la ciudad, sí coincide con el 26 de julio de 1953, cuando Fidel Castro inició la lucha armada contra Fulgencio Batista, al intentar tomar el cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, escudado precisamente en los festejos carnavalescos de esa ciudad, que hizo posible el ataque sorpresivo.

Desde que el carnaval adquiere identidad autónoma y es admitido por las autoridades coloniales, como producto acrisolado de la mezcla de aportes hispánicos y africanos, tuvo siempre por escenario principal el Paseo del Prado (de Isabel II por entonces), si bien la fiebre carnavalesca se apoderaba de la ciudad. Pero a partir de 1959, contraviniendo la tradición arraigada, unas veces se daba en Prado, otras en la Avenida del Malecón, donde, al parecer, tendrá paradero fijo.

Para el cambio de lugar las autoridades aducen la explosión demográfica de La Habana, con algo más de dos millones de habitantes, y por permitir tan amplios espacios, mejor control y orden policial. Pero tiene en su contra que las condiciones atmosféricas en febrero y marzo, con los frentes fríos y lluvias acompañantes, así como los fuertes vientos que atacan la zona litoral, no favorecen estas celebraciones masivas, por lo que hay quienes proponen respetar la secular tradición manteniéndola en Prado, ampliada a Malecón, donde se unen ambas avenidas.

La minusvalía del carnaval habanero arranca, como decíamos, de 1959, con la toma del poder por las tropas rebeldes. Razones políticas sembraron mal precedente. El carnaval de1959 fue bautizado como "Carnaval de la libertad", en su momento bien acogido, porque días antes el dictador Fulgencio Batista había sido echado del gobierno.

Los nuevos aires revolucionarios trajeron otro cambio radical en el carnaval tradicional. La monarquía de la Reina y sus Damas de Honor -electas en el certamen de belleza y que regían las fiestas- fueron destronadas, porque acaso recordaba su presencia y corte otro poder absoluto que el nuevo régimen, dándoselas de democrático y republicano, no podía tolerar. Absurdo jacobino. Reina y Damas, en lo sucesivo, fueron transfiguradas en la Estrella del Carnaval y sus Luceros. Hermosas criollas que, además, tenían que estar necesariamente identificadas con las ideas del régimen para aspirar al nuevo reinado, demasiado ajeno a la tradición que desnaturalizaba, y tenida como cosa del capitalismo.

Fue real fiesta del pueblo para todos, grandes y chicos. Era carnaval de calle. Y de salón, para los más circunspectos. Daban gran colorido a la fiesta los bailes de disfraces y el uso de máscaras y bromas para molestar buenamente a otros. De allí surge la expresión: "¡Te conozco, mascarita!", si tras el disfraz o máscara el bromista era descubierto. Bailes de disfraces prohibidos hace cuatro décadas para evitar atentados y hechos de sangre, se dijo. Los que tampoco dejan de ocurrir sin usar máscaras ni disfraces.

Las calles, hasta las del barrio más humilde, se engalanaban con pinturas, guirnaldas y otros mil distintivos de los carnavales.

¡Ni qué decir de la competencia en el adorno de las calles comerciales por patrocinadores del comercio, bellamente engalanadas con luces y adornos de mil colores!

Igual competencia se celebraba en el engalanamiento de carrozas y comparsas, magnificadas en la elegancia y perfección del vestuario y la coreografía.

Del certamen de belleza no sólo brotaba la Reina del Carnaval y sus Damas de Honor, sino también candidaturas de otro colorido certamen: Miss Cuba (que competiría después por el título de Miss Universo), erradicado por completo por el gobierno revolucionario.

Había más. Muchas de esas jóvenes ganadoras dieron el gran salto a la televisión, el radio y el cine, como se recuerda a Margarita Balboa, entre otras. Algunas fueron anunciantes y promotoras de productos industriales.

De estos y otros muchos elementos del carnaval no tienen memoria las nuevas generaciones de cubanos. Para los más viejos sólo quedan recuerdos nostálgicos cada vez más brumosos.

No sólo ha naufragado el carnaval. Por "alquimia revolucionaria" se ha impuesto un nuevo código. Del calendario han sido eliminadas, sustituidas, trastocadas o desnaturalizadas muchas conmemoraciones patrióticas y tradicionales festividades religiosas y paganas, como el 20 de mayo, fecha en que se instauró la república; Nochebuena, Navidad -recuperada al menos como día festivo gracias a la gestión del Papa en su visita pastoral a Cuba; el día de los Reyes Magos y la Semana Santa, por lo general celebraciones constreñidas a los templos desde entonces.

El más destacado etnógrafo cubano, Don Fernando Ortiz, llamado el tercer descubridor de Cuba, sentenció: "El pueblo que olvida sus raíces está en trance de suicidio."