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Concierto de Junior Marchena
desborda iglesia
LA HABANA, 25 de marzo (Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press)
- La iglesia evangélica Adventistas del Séptimo Día
situada en Avenida Acosta, en la populosa barriada capitalina de
la Víbora, estuvo desbordada de público por la presencia
del cantante religioso dominicano Junior Marchena, quien ofreció
un concierto la noche del 14 de marzo, en su segunda gira misionera
a Cuba, acompañado de otros cuatro pastores evangélicos.
El barítono Junior Marchena, también conocido como
La voz de la esperanza, cantó, con acompañamiento
musical grabado, cinco canciones de temas religiosos que estremecieron
de emoción al heterogéneo público congregado,
compuesto por fieles adventistas y de otras denominaciones invitados,
así como muchos sin filiación religiosa. El número
de los asistentes se calculó en unos tres mil, pues en el
templo, con capacidad cómoda para 1,500 personas, estuvieron
extremadamente apretujadas, y otro tanto tuvo que permanecer en
el exterior porque no cabían, al extremo de que el tránsito
en la activa Avenida Acosta estuvo parcialmente interrumpido.
Marchena, que también ha sido calificado como La voz de
oro y reside en Estados Unidos, había ofrecido otro concierto
igualmente concurrido el día anterior en la oriental ciudad
de Guantánamo.
En ambas presentaciones se rogó al Creador por los presos
y los enfermos, y se pidió que el pueblo de Cuba pueda alcanzar
la paz y felicidad anheladas, según dio a conocer Ernesto
Colás García, activista de derechos humanos.
La Voz de la Esperanza fue un programa radial doctrinario de los
adventistas que se transmitía en la década de 1950
por la popular emisora CMQ, hasta que fue intervenida en 1959, como
todos los otros medios radiales y televisivos. Desde entonces está
vedado el acceso de la Iglesia, en cualquiera de sus denominaciones,
a esos medios controlados por el gobierno, que tampoco ahora dieron
connotación alguna a tan relevante evento religioso-cultural
de los adventistas.
Hasta hace apenas una década, la Iglesia de los Adventistas
del Séptimo Día estuvo entre las congregaciones religiosas
más perseguidas en el país, particularmente por su
dogma doctrinario de no trabajar los sábados, lo que creó
serios conflictos a sus miembros, debido a que los empleos en Cuba
están controlados por el Estado en su inmensa mayoría.
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