28 de marzo de 2005
 

 

Concierto de Junior Marchena desborda iglesia

LA HABANA, 25 de marzo (Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press) - La iglesia evangélica Adventistas del Séptimo Día situada en Avenida Acosta, en la populosa barriada capitalina de la Víbora, estuvo desbordada de público por la presencia del cantante religioso dominicano Junior Marchena, quien ofreció un concierto la noche del 14 de marzo, en su segunda gira misionera a Cuba, acompañado de otros cuatro pastores evangélicos.

El barítono Junior Marchena, también conocido como La voz de la esperanza, cantó, con acompañamiento musical grabado, cinco canciones de temas religiosos que estremecieron de emoción al heterogéneo público congregado, compuesto por fieles adventistas y de otras denominaciones invitados, así como muchos sin filiación religiosa. El número de los asistentes se calculó en unos tres mil, pues en el templo, con capacidad cómoda para 1,500 personas, estuvieron extremadamente apretujadas, y otro tanto tuvo que permanecer en el exterior porque no cabían, al extremo de que el tránsito en la activa Avenida Acosta estuvo parcialmente interrumpido.

Marchena, que también ha sido calificado como La voz de oro y reside en Estados Unidos, había ofrecido otro concierto igualmente concurrido el día anterior en la oriental ciudad de Guantánamo.

En ambas presentaciones se rogó al Creador por los presos y los enfermos, y se pidió que el pueblo de Cuba pueda alcanzar la paz y felicidad anheladas, según dio a conocer Ernesto Colás García, activista de derechos humanos.

La Voz de la Esperanza fue un programa radial doctrinario de los adventistas que se transmitía en la década de 1950 por la popular emisora CMQ, hasta que fue intervenida en 1959, como todos los otros medios radiales y televisivos. Desde entonces está vedado el acceso de la Iglesia, en cualquiera de sus denominaciones, a esos medios controlados por el gobierno, que tampoco ahora dieron connotación alguna a tan relevante evento religioso-cultural de los adventistas.

Hasta hace apenas una década, la Iglesia de los Adventistas del Séptimo Día estuvo entre las congregaciones religiosas más perseguidas en el país, particularmente por su dogma doctrinario de no trabajar los sábados, lo que creó serios conflictos a sus miembros, debido a que los empleos en Cuba están controlados por el Estado en su inmensa mayoría.