13 de abril de 2005
 

 

Ha muerto un patriarca

Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press

LA HABANA, Cuba - abril (www.cubanet.org) - Con la dignidad y majestad de un patriarca murió Oscar Peña de Armas el 6 de abril del presente año, a la edad de 77 años.

La vida útil se construye escalón a escalón. Se forja honestamente entre iniquidades humanas, haciendo prevalecer el goce espiritual y moral que hacen digna la existencia. Así fue su vida.

Oscar Peña de Armas no fue sólo horcón familiar principal para sus ascendientes y descendientes, sino también fue parte de nuestras vidas para cuantos tuvimos su amistad y aún comunicación política que su carisma adornó siempre de gran espíritu ecuménico, grave y serio, hoy cuando tantos valores morales y de convivencia ciudadana han sido trastocados o eliminados para mal de la nación.

Tuvo siempre trato amable, compasión y consejo lo mismo para el más encumbrado triunfador que para el hombre lleno de pueblo y hasta para el caído o extraviado en el sentido de la vida -los perdedores-, incluido el desarrapado borrachín de barrio que ha refugiado en el alcohol su vida fracasada.

Nos consta por las visitas al hogar de Peña de un grupo reducido de personas, reducidas a la condición casi de mendigos, que a la hora puntual, o aún a cualquier hora, se presentaban en la vivienda en silencioso reclamo de su plato de buena comida, ¡jamás sobras! Si alguien intentaba un reproche, siquiera una mirada de censura, rápido decía con completa convicción: "¡Pobrecito, es mi amigo!"

Sus dádivas, unidas al mal manejo financiero, a los engaños de que fue víctima, y a los préstamos que pocas veces recuperaba, mantenía siempre en constante sobresalto económico al espléndido botarate, y condujo a la quiebra de su "paladar" -mini restaurante- instalado en su vivienda. Tuvo que renunciar a la licencia comercial, y cuando trató de recuperarla le fue negada.

Como le fue negada su solicitud de permiso para instalar un puesto de venta de hortalizas. También le retiraron el permiso para tener una mesa de billar -sin fines de lucro- en su casa, para recreación popular, para cuyo acceso Peña no estableció restricción alguna por edad, credo religioso o político. A las autoridades pareció políticamente peligrosa la creciente afluencia de público joven a la casa del disidente, situada en Avenida Séptima #48810 en el pueblo turístico Guanabo, en Habana del Este, donde Peña de Armas y su familia hicieron su terruño, al punto que Peña (padre) y Juana, la esposa, con más de sesenta años, se encuentran entre los fundadores de la villa. Trabajaron ambos en la mejor institución educacional privada de su tiempo, antes de 1959: el colegio Newton, dedicado a la primera enseñanza. ¡Vaya si serían conocidos los Peña en Guanabo!

Vivienda y personas de inexcusables referencias. Además, en la historia reciente de la disidencia cubana, porque aquí estuvo la sub sede del Comité Pro Derechos Humanos -el primero de su tipo creado en el país- alrededor de 1988, en que su principal propugnador, el profesor Ricardo Bofill asume la presidencia; Gustavo Arcos Bergnes la secretaría general, y Oscar Peña Martínez (hijo) la vicepresidencia.

Circunstancias un tanto fortuitas: residir en Guanabo y haber sido profesor de los tres hijos de Oscar Peña Martínez y su esposa Tania, nos ligaron en lazos de amistad con la familia Peña y el Comité Cubano Pro Derechos Humanos, al que tempranamente me incorporé como activista en 1988. Por eso puedo hablar como testigo por las frecuentes visitas -que continuaron después de la partida de Oscar hijo y su familia al exilio- de la gestación de innumerables actividades contestatarias pacíficas, desarrolladas desde este lugar; las frecuentes denuncias de violaciones de derechos humanos y emisiones radiales salidas de aquí, y reuniones organizativas. En todo lo cual el viejo Oscar no aparecía como cabeza visible de CCPDH y, sin embargo, su apoyo logístico resultaba imprescindible. Era el anfitrión perfecto.

Guanabo ha sentido profundamente el fallecimiento de Oscar Peña de Armas, de quien, como dato curioso, puede afirmarse que murió sin adversarios políticos (al menos conocidos), a pesar de su definición ideológica contestataria, visión futurista de la república -imposible por ahora- como la quiso José Martí: "Con todos y para el bien de todos".