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Ha muerto un patriarca
Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - abril (www.cubanet.org) - Con la dignidad y majestad
de un patriarca murió Oscar Peña de Armas el 6 de
abril del presente año, a la edad de 77 años.
La vida útil se construye escalón a escalón.
Se forja honestamente entre iniquidades humanas, haciendo prevalecer
el goce espiritual y moral que hacen digna la existencia. Así
fue su vida.
Oscar Peña de Armas no fue sólo horcón familiar
principal para sus ascendientes y descendientes, sino también
fue parte de nuestras vidas para cuantos tuvimos su amistad y aún
comunicación política que su carisma adornó
siempre de gran espíritu ecuménico, grave y serio,
hoy cuando tantos valores morales y de convivencia ciudadana han
sido trastocados o eliminados para mal de la nación.
Tuvo siempre trato amable, compasión y consejo lo mismo
para el más encumbrado triunfador que para el hombre lleno
de pueblo y hasta para el caído o extraviado en el sentido
de la vida -los perdedores-, incluido el desarrapado borrachín
de barrio que ha refugiado en el alcohol su vida fracasada.
Nos consta por las visitas al hogar de Peña de un grupo
reducido de personas, reducidas a la condición casi de mendigos,
que a la hora puntual, o aún a cualquier hora, se presentaban
en la vivienda en silencioso reclamo de su plato de buena comida,
¡jamás sobras! Si alguien intentaba un reproche, siquiera
una mirada de censura, rápido decía con completa convicción:
"¡Pobrecito, es mi amigo!"
Sus dádivas, unidas al mal manejo financiero, a los engaños
de que fue víctima, y a los préstamos que pocas veces
recuperaba, mantenía siempre en constante sobresalto económico
al espléndido botarate, y condujo a la quiebra de su "paladar"
-mini restaurante- instalado en su vivienda. Tuvo que renunciar
a la licencia comercial, y cuando trató de recuperarla le
fue negada.
Como le fue negada su solicitud de permiso para instalar un puesto
de venta de hortalizas. También le retiraron el permiso para
tener una mesa de billar -sin fines de lucro- en su casa, para recreación
popular, para cuyo acceso Peña no estableció restricción
alguna por edad, credo religioso o político. A las autoridades
pareció políticamente peligrosa la creciente afluencia
de público joven a la casa del disidente, situada en Avenida
Séptima #48810 en el pueblo turístico Guanabo, en
Habana del Este, donde Peña de Armas y su familia hicieron
su terruño, al punto que Peña (padre) y Juana, la
esposa, con más de sesenta años, se encuentran entre
los fundadores de la villa. Trabajaron ambos en la mejor institución
educacional privada de su tiempo, antes de 1959: el colegio Newton,
dedicado a la primera enseñanza. ¡Vaya si serían
conocidos los Peña en Guanabo!
Vivienda y personas de inexcusables referencias. Además,
en la historia reciente de la disidencia cubana, porque aquí
estuvo la sub sede del Comité Pro Derechos Humanos -el primero
de su tipo creado en el país- alrededor de 1988, en que su
principal propugnador, el profesor Ricardo Bofill asume la presidencia;
Gustavo Arcos Bergnes la secretaría general, y Oscar Peña
Martínez (hijo) la vicepresidencia.
Circunstancias un tanto fortuitas: residir en Guanabo y haber sido
profesor de los tres hijos de Oscar Peña Martínez
y su esposa Tania, nos ligaron en lazos de amistad con la familia
Peña y el Comité Cubano Pro Derechos Humanos, al que
tempranamente me incorporé como activista en 1988. Por eso
puedo hablar como testigo por las frecuentes visitas -que continuaron
después de la partida de Oscar hijo y su familia al exilio-
de la gestación de innumerables actividades contestatarias
pacíficas, desarrolladas desde este lugar; las frecuentes
denuncias de violaciones de derechos humanos y emisiones radiales
salidas de aquí, y reuniones organizativas. En todo lo cual
el viejo Oscar no aparecía como cabeza visible de CCPDH y,
sin embargo, su apoyo logístico resultaba imprescindible.
Era el anfitrión perfecto.
Guanabo ha sentido profundamente el fallecimiento de Oscar Peña
de Armas, de quien, como dato curioso, puede afirmarse que murió
sin adversarios políticos (al menos conocidos), a pesar de
su definición ideológica contestataria, visión
futurista de la república -imposible por ahora- como la quiso
José Martí: "Con todos y para el bien de todos".
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