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Eufemismos laborales: "Yo
solo puedo tocar"
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org)
- Si alguno de los periodistas o sindicalistas independientes cubanos
escribe o denuncia que en la Isla se violan los convenios colectivos
de trabajo, la capacitación de los trabajadores es insuficiente
o nula, las administraciones responden ciegamente a los intereses
del partido y los dirigentes sindicales son el eslabón perdido
entre el obrero y el empleador, seguro acaba con los huesos en la
cárcel, acusado de difundir noticias falsas.
Si, por su parte, la Confederación Internacional de Organizaciones
Sindicales Libres (CIOSL) y la Central Latinoamericana de Trabajadores
(CLAT) envían quejas contra esta realidad al seno del Comité
de Libertad Sindical de la Organización Internacional del
Trabajo (OIT), se les acusará de lacayos del imperio, de
responder a las campañas de descrédito contra Cuba,
y en último caso, de pecar de desinformación, aunque
se le niegue la visita al paraíso de los trabajadores.
La cuestión está en que "nadie toque nada, yo
solo puedo tocar", como decía un denominado humorista,
enmascarando la omnipotencia de un solo mandante.
Sin embargo, y como ejemplo de lo antes expuesto, en un trabajo
periodístico firmado por Caridad Lafita Navarro aparecido
este lunes en el semanario Trabajadores, se ahonda y justifican
estas violaciones a los derechos sociolaborales y sindicales de
los asalariados cubanos.
En su trabajo, la representante del que sólo puede tocar
se lanza en profundidad, aunque ligera de arpones, en las aguas
tropelosas de 1,286 colectivos laborales, fundamentalmente que transitan
por el "perfeccionamiento empresarial".
Esta inmersión con lastre, pues no hay pulmón humano
que resista tanta arbitrariedad, arrojó a la superficie que
"a tres años de vigencia del Decreto-Ley No. 229, aún
hay numerosos convenios pactados bajo el derogado No. 74/1983, donde
la atención de los trabajadores y la seguridad, salud y medio
ambiente laboral no aparecen bien reflejados para su control.
¿Acaso no es una violación que tres años después
de derogado un decreto aún se aplique, pese a la mayor eficiencia
por su alcance y actualidad del sucesor?
¿Qué hicieron durante estos años los sacrificados
dirigentes sindicales, los aguerridos cuadros administrativos o
los infalibles militantes del núcleo del partido y la juventud
comunistas de los centros laborales inspeccionados?
Nada. O mejor dicho, bastante, pues demostraron, según Caridad
Lafita, que "en algunos lugares existe pasividad e incluso
incomprensión administrativa", y que, además,
los sindicatos, principales actores en el escenario laboral, "no
siempre han asumido su papel en el control del convenio".
Y, como si fuera poco, refiere la articulista que más del
98 por ciento de los convenios colectivos de trabajo son omisos,
es decir, flojos, descuidados, no hacen caso a las obligaciones
de las partes para la eliminación de las ilegalidades y el
delito, entre otras barbaridades dignas de aparecer en un anuario
de corrupciones abreviadas.
¿Cómo llamar entonces al desinterés sindical
pasividad, y a la ineficiencia administrativa, incomprensión?
En estos casos, con separarlos definitivamente de sus cargos se
haría un gran favor a los trabajadores, que son quienes sufren
en sus salarios y vida laboral estas eufemísticas pasividades
e incomprensiones de los que los dirigen.
A pesar de estas comprobadas veleidades de sindicalistas, administrativos
y cuadros políticos en más de mil entidades del Estado
cubano, la periodista argumenta que el control contó con
una característica especial: la participación de una
fuerza preparada para analizar, evaluar y dictaminar sobre un convenio
colectivo: 280 instructores.
¿Es que acaso estos dirigentes sindicales y administrativos
no saben, o no pueden o no los dejan analizar, discutir, imponer
la estrategia que más produzca y beneficie a los trabajadores
bajo su responsabilidad?
Porque crear una fuerza sobre otra que asesora la nacida de las
convicciones revolucionarias de los elegidos, es perder la de la
razón y mantener en sus cargos por la fuerza a estos malhechores
que se burlan de los derechos de los trabajadores.
Y no basta con eso, pues para este año se pretende preparar
de forma integral a los más de 400 instructores ya formados
en materia de convenios, que asesoran a otros instructores que han
capacitado ¿o discapacitado? a más de mil dirigentes
sindicales de base.
Todo esto demuestra que, aunque la responsabilidad del sindicato
y la administración en la elaboración, ejecución
y control del convenio no está resuelta, todo marcha bien,
de victoria en victoria, gracias al optimismo fabricado en los talleres
de los escribidores oficialistas.
Pero eso sí, sindicalistas o periodistas independientes,
aléjense, contrólense, no hablen sobre un tema que
"yo solo puedo tocar".
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